Generalmente se ve el desarrollo de la IA, cada vez más impresionante por cierto, como una amenaza al mundo del trabajo. Millones de puestos de trabajo dejaran de existir, sostienen algunos, y muchos perderán su empleo y otros muchos no podrán conseguir uno cuando deseen ingresar al mundo del trabajo.
En base a estas apocalípticas predicciones, muchos sectores de la izquierda o del progresismo demandan que las empresas sigan cotizando al BPS para pagar futuras jubilaciones, aprovechando las ganancias de productividad que se generaran con el uso masivo de la IA. Y seguramente aquí pretenderán que esas contribuciones se negocien en los Consejos de Salarios.
Pero aún no hemos llegado a esos extremos aunque al paso que vamos no se tardará mucho. El problema por ahora es de Elon, Darío, Mark, Sam y Demis. Ellos son los CEO de las 5 compañías más importantes del área de IA y esa forma de nombrarlos (por sus nombres propios pero sin sus apellidos) fue lo que hizo The Economist en su edición dedicada a los riesgos de la IA en el control de los flujos futuros de información. ¿Por qué solo usar nombres y no apellidos? Porque son personas tan conocidas que cualquiera los reconoce.
Elon Musk de Grok, Dario Amodei de Antrophic, Mark Zukerberg de Meta, Sam Altmann de Open IA y Demis Hassabis de Google DeepMind, son los que están definiendo el futuro de la IA. Y no solo respecto al mundo del trabajo sino también al de la geopolítica, la comunicación personal, la educación y hasta las guerras (recordar la reciente disputa entre Antrophic y el Pentágono sobre los posibles usos nocivos de algunos modelos de IA).
Entre todas estas visiones, a veces apocalípticas no solo en cuanto al trabajo sino también las relaciones humanas, destacan un personaje -Elon Musk-, uno de los hombres más ricos del mundo y dueño de cuatro empresas líderes en sectores distintos -Starlink como proveedor de internet vía satelital, Space X como genedaor de vuelos interespaciales, Tesla como productor de autos eléctricos y Grok, el sistema de IA que funciona junto a la red social X.
Elon Musk ha hablado mucho sobre el impacto de la IA en la economía, y su visión es muy optimista a largo plazo, aunque reconoce desafíos como el desempleo masivo.
Musk pronostica una abundancia masiva de recursos gracias a la robótica en general y la IA en particular. La combinación de IA/robótica aumentará la producción de bienes y servicios de forma exponencial (varios órdenes de magnitud). Esto creará una economía de abundancia donde casi todo será muy barato o prácticamente gratis.
Eso va a permitir no solo generar un “ingreso básico universal” (UBI), sino un ingreso alto universal pagado por el gobierno federal mediante cheques directos. Es, según él, la mejor forma de manejar el desempleo causado por la IA.
Pero Musk va más allá. En un post en X, la red social de la que es dueño, del 16 de abril pasado pronostica un mundo sin inflación (incluso deflación). ¿Cómo se llega a eso? Según Musk, la producción crecerá mucho más rápido que la oferta de dinero, por lo cual imprimir más dinero no causará inflación, sino que evitará una fuerte deflación. Los precios caerían si no se inyecta más dinero a la gente.
En un futuro con IA positiva, habrá una renta universal alta, a diferencia de la “básica” que hoy se propone. No habrá escasez, salvo la que nosotros definamos como tal. Todos podrán tener los bienes y servicios que deseen. La IA y la robótica permitirán que todos puedan tener un penthouse, si lo desean. La producción de bienes y servicios será varios órdenes de magnitud superior a la de la economía actual”.
Siguiendo el razonamiento de Musk, el trabajo se volverá opcional (como jugar videojuegos o cultivar vegetales por hobby) y el dinero podría dejar de ser relevante (inspirado en las novelas de Cultura de Iain M. Banks). La IA es el único camino hacia la abundancia para todos y un crecimiento económico sin precedentes.
Musk ve un futuro donde la IA genera tanta riqueza que podemos repartir un ingreso alto universal sin problemas económicos, y el mayor desafío no será la pobreza, sino encontrar sentido y propósito cuando el trabajo ya no sea necesario.
En otras palabras, Musk está proyectando una suerte de “paraíso terrenal” gracias a la acción de la IA. Se acabaría la escasez que ha definido la vida del hombre desde que existe sobre la Tierra. Y se acabaría la pobreza, sustituida por un amplia abundancia asequible a todos.
Dios lo oiga a Musk, pero me temo que no habrá paraíso terrenal en esta vida. La IA podrá ser una bendición en cierto sentido sobre la productividad de la economía o de los factores de trabajo. También podrá ser una desgracia si fomenta el individualismo, la falta de apoyo social o emocional.
Además, nunca apostaría todas las fichas (o el destino de la humanidad) a una tecnología creada por el hombre porque la tecnología nunca va a superar a su creador y puede crear otros problemas que ahora apenas se atisban. No olvidemos, por ejemplo, que hoy día algunos expertos debaten si la IA tiene conciencia o no de sus respuestas e interacciones.
Las predicciones de Elon Musk, y algunas un poco más moderadas de sus colegas, no pueden ser echadas en saco roto. Son personas muy capaces y lo que han conseguido hasta ahora supera lo que muchos soñaron.
Pero de ahí a prometer un paraíso terrenal donde reina la abundancia, donde el trabajo es opcional y dónde no hay desafíos para el ser humano, en cuanto a ser mejores seres humanos y no simplemente más productivos, parece un paso excesivo.
La IA puede generar una gran disrupción en el manejo de la economía y en las formas en que nos organizamos socialmente. Pero no va a sustituir lo esencial del hombre que es ser un “animal político”, como decía Aristóteles. Un ser social por excelencia y necesitado de ese apoyo social para sobrevivir y prosperar.
La pobreza, la escasez y la enfermedad nos seguirán acompañando, aunque puedan disminuir como ha ocurrido en los últimos dos siglos. Y disminuir mucho gracias al aporte, ingenio y esfuerzo humano y no de la acción del estado.
Si la IA nos ayude a mejorar la productividad será bienvenida. Pero no le pidamos que opere como una divinidad, que todo lo soluciona. Una especie de un “Deus ex machina”.
La humanidad no merece un futuro tan distópico como el que plantea Elon Musk, donde todo abunda, nada falta y nada cuesta. Lo que necesitamos es hacer mejor las cosas cada día y, a pesor de tener los avances y retrocesos propios de la condición humana, dejar un mundo mejor para las generaciones futuras. Si con IA, pero también con Inteligencia Emocional. Y de esta, es claro que aún andamos escasos.







