ANDÁ A LA JUSTICIA QUE TE PARIÓ

Qué necesidad tiene alguna gente de argentinizarse mal.
Antes veíamos que los porteños se hacían juicio a cada rato.
Y acá como todo llega más tarde, se empezó a implantar esa moda.
No estamos hablando de denuncias serias sobre hechos delictivos.
Nos referimos a las reacciones por dimes y diretes que muchas
personas reciben en algún medio de comunicación o redes sociales.
Cualquier comentario es catalogado como crimen de odio, como
racismo o como discriminación basada en la ley de violencia de
género y ahí nomás sale un abogado contra el charlatán de turno.
Recuerdo algunos dichos sobre la compra de un museo en redes y
la denuncia lo único que logró es que hubiera retractación pública.
Un día sí y otro también algunos senadores amenazan a
comunicadores, periodistas o adversarios con llevarlos a la justicia.
Una organización afro denunció a Romina Celeste por racismo.
Y este personaje que había denunciado antes a Ignacio Álvarez,
denuncio penalmente a Ortuño que la criticó, por difamación.
Puglia afirmó que iba a llevar a los tribunales a un conocido twitero.
Todo esto huele un poco a circo mediático y nos trae a la memoria
la increíble polémica de un líder partidario con Darwin Desbocatti.
Si continuamos utilizando a la justicia para este tipo de casos,
estamos malgastando recursos humanos y económicos de un
Poder del Estado que debe lidiar con cuestiones importantísimas.
Los fiscales y jueces no dan abasto con los miles de crímenes que
suceden para que los hagan perder el tiempo con nimiedades.
Pero parece que la sensibilidad está a flor de piel y nadie tolera que
se le critique en nada y no toleran ser objetos del humor o la ironía.
Las personas publicas parecen ser estatuas de frágil cristal que
cualquier comentario las quiebra, por favor aflojen con la pavada.
Alfredo García