Castillos de ARENA

El lunes fue el gran día, se abrió con un show el centro de espectáculos.

La mano venía apurada y faltaron detalles, pero quedó casi terminado.

Nos deleitamos con ballet del Sodre, Malena, Francis y No te va a gustar.

Muchos invitados faltaron con o sin aviso, opositores, ni uno de muestra.

Los aires electorales hacen aflorar actitudes mezquinas en todos lados.

Pasó en los cien años de El País con el oficialismo, ahora fue la revancha.

Allá ellos, si creen que la actividad política debe jugar por esos carriles.

Vamos al hecho consumado de la construcción del cuestionado edificio.

Llorar ahora por su realización es al santo botón, ya es una realidad.

Sin dudas es un aporte a los vecinos del barrio, a la ciudad y al país todo.

Pero tampoco la pavada, quedan muchas cosas por aclarar en este tema.

¿Por qué pasó de un costo de 40 millones a casi 90 millones de dólares?

¿Es verdad aquello de que se ganarán 10 millones de dólares por año?

¿Cuánto de generación de contenidos brindará para la empresa pública?

¿Qué papel va a jugar la empresa AEG en la administración del Arena?

¿Es lógico que se declaren secretos por diez años los gastos realizados?

¿Corre en este caso la excusa de que Antel compite con otras empresas?

¿Se podrá conocer la tasa de retorno de esta mega inversión algún día?

¿Es demasiado pedir el plan de negocios para este emprendimiento?

Seguramente muchas de estas cuestiones van a surgir en la anunciada 

interpelación que se realizará próximamente a la ministra de Industria.

Y llegamos quizás a la frutilla de la torta de todo este entrevero.

Da la impresión de que se confunde gestión de un ente con proyección

política para cargos de primer nivel y en Antel es casi una constante.

Sucedió con aquel colorado que presidió la empresa telefónica y sucede 

ahora con la ministra que fue nominada como precandidata del FA.

Debe ser que desde el piso 25 de la torre de las Telecomunicaciones se

ve muy chiquita y al alcance de la mano la oficina de la Torre Ejecutiva.

No está bien, sea quien sea, que se use un cargo o una obra pública

como plataforma electoral para intentar llegar a la presidencia.

Y la experiencia muestra que no ha dado resultado, la gente no es boba,

y no se deja engatusar por obras faraónicas para dar su apoyo o su voto.

¿Acaso alguien se acuerda del candidato Ricardo Lombardo? No sé, digo.

Esta historia continuará.

Alfredo García