Cosa frecuente en política es el pasaje de personas de un sector a
otro de un partido por algún cargo o puesto destacado en la lista.
Es parte de las reglas del juego y no tiene nada de condenable.
No tan común es cuando alguien, se despide de su colectividad y
se va con armas y bagajes a un partido de otro signo ideológico.
Los líderes políticos consideran que las nuevas adhesiones son
algo a destacar y las usan para convencer a otros de dar el salto.
Así vimos hace un tiempo que se presentaron a connotados
batllistas como Scaravelli o Rondán que se unieron al Frente Amplio
El Partido Independiente difundió con bombos y platillos el ingreso
a sus huestes de dos blancos: Antonio Chiesa y Jorge Coronel.
Novick festejó el traspaso desde el grupo de Lacalle Pou del
experto en seguridad Robert Parrado al Partido de la Gente.
Y hace dos días la casa del Partido Nacional se vistió de gala
para recibir al exdiputado Gonzalo Mujica al grupo Todos.
Estos son sólo algunos ejemplos relativamente recientes, si se hace
memoria, hay muchas situaciones similares en todos los partidos.
Es lógico que esto suceda con más intensidad, cuanto más cerca se
esté, de los procesos electorales, y el 2019 no será una excepción.
Está bien que se haga marketing político con los pases, para ganar
nuevos adherentes, pero no se encandilen con las luces del estadio.
Muchos de los tránsfugas, van en busca de lograr alguna posición
que seguramente en sus viejas organizaciones no iban a obtener.
Y salvo escasas excepciones, carecen de apoyo popular y por ende
no arrastran más que unas pocas decenas de votos que los siguen.
Por eso vale la pena tener presente a la hora a hacer anuncios:
Llenar el álbum de figuritas no es ganar el campeonato del mundo.
Alfredo García




