Este editorial surge a partir de la charla con Ricardo Pascale.
Este joven de casi ochenta años nos dejó pensando en el futuro.
Y mirando la realidad que nos circunda y las noticias de la agenda
vemos que las discusiones y reclamos son siempre cortoplacistas.
Desde los docentes suspendidos por una foto dentro de un liceo.
A la investigación por la compra de unas engrampadoras de lujo.
Hasta la dogmática suspensión del sindicato policial del PIT-CNT.
Pasando por cuatro taradas que osaron bloquear a movileros de tv.
El reclamo opositor evolucionó del reiterado ¡Renuncia Bonomi!
A la novedosa consigna “Fuera Arbeleche y Alfie” del gobierno.
No vamos a hablar de herencias dice el presidente y le pasa
tremenda factura al partido socialista por actitudes del pasado.
El Frente Amplio intenta mostrarse como una organización de
dialogo al tiempo que acusa al gobierno de vanidoso y soberbio.
Da la impresión que el debate político se dedica a temas
relativamente pequeños y deja de lado los grandes problemas.
En la situación que vive el Uruguay y no solo por la pandemia, se
esperaría que se piense en soluciones nacionales profundas.
Hay antecedentes históricos que ejemplifican que supimos hacerlo.
En los años sesenta funcionó la CIDE que elaboró un proyecto.
En los ochenta a la salida de la dictadura se instrumentó la
CONAPRO planteando acuerdos de todos los partidos políticos.
¿Quién está pensando en el futuro trabajo de miles de orientales?
¿Dónde se estudia el modelo de desarrollo para dentro de 30 años?
¿Cuál es el sistema educativo que necesitamos a largo plazo?
¿Qué actividad será el futuro motor económico del Uruguay?
¿Alguien analiza la importancia de la economía del conocimiento?
Si seguimos jugando a la chiquita partidaria con actitudes
mezquinas, no vamos a poder responder la cuestionadora
pregunta que hacen muchos: ¿hacia dónde va nuestro país?
Alfredo García





