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Ensayos para un golpe de Estado en Colombia por Ruben Montedonico

Ensayos para un golpe de Estado en Colombia   por Ruben Montedonico
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Desde que lo opinó en SURySUR, en el primer número de junio, mi paisano Aram Aharonián ha advertido adecuadamente sobre un factible golpe. Hasta el viernes 2 de junio Armando Benedetti fue embajador de Colombia en Venezuela, cuando fue cesado -junto con la secretaria de gobierno Laura Rabiara- por lanzar amenazas de revelar presuntas donaciones millonarias del narco a la campaña de Gustavo Petro, electo y actual presidente. Los audios del dimitido embajador que difundió la “Revista Semana” se entienden como la parte inicial de un escándalo nacional e internacional contra el presidente en funciones desde hace 10 meses.

Laura Rabiara (jefa de gabinete), que pertenecía al primer cuadro de Petro, fue sacada del gobierno tras verse involucrada en un caso de abuso de autoridad y escuchas telefónicas que -al parecer- orilló al operador de la intercepción al suicidio.
La andanada iniciada desde Semana se ha extendido y es dirigida por su compinche, la ultraderecha, con Álvaro Uribe dirigiendo con su derrotado candidato presidencial, Federico Gutiérrez “Fico”, de los primeros en exigir la renuncia de Petro. De su lado, el Consejo Electoral abrió una investigación sobre la campaña del mandatario basándose en las manifestaciones de Benedetti (alcoholizado) y reproducidas por la revista de tiraje nacional.
Por su lado, el mandatario impugnado aludió a los señalamientos del exfiscal Néstor Humberto Martínez contra el comisionado de Paz, Danilo Rueda, a quien acusó de ser un hombre condescendiente con el ELN, según una columna que publicó en el diario “El Tiempo”. Como parte de su campaña presidencial y desde que dio inicio a su mandato Petro se comprometió en hacer respetar los acuerdos de paz con las FARC y procurar -sin distingos ideológicos- unas negociaciones tendientes a la extinción de los enfrentamientos en suelo colombiano por parte de los alzados en armas. En este tiempo en Colombia está planteada la pugna para nombrar nuevo fiscal general que surgiría de una terna propuesta por el presidente, cuestión a la cual se oponen parlamentarios opositores y algunos electos por el Pacto Histórico que sostienen al actual gobierno. En tanto, el domingo 11 de junio se firmó -de forma bilateral- un armisticio (cese el fuego) por el resto de 2023 con la insurgencia del ELN.
El comportamiento legislativo de algunos diputados de grupos filoderechistas integrantes del Pacto Histórico -que son quienes ayudaron a inclinar la balanza electoral en favor del exguerrillero y gestor de izquierda Gustavo Petro queda en evidencia con la comunicación al Ejecutivo de David Racero: el presidente del cuerpo de diputados comunicó que lo planeado desde presidencia -lo cual integraba partes sustanciales del compromiso de campaña-, estaba suspendido en su tratamiento, que tiene que ver con iniciativas de reforma en salud (para que los pacientes se los considere como tales y no como clientes), en el tema laboral (para aprobar cambios que garanticen verdadera justicia en un país con 16 millones de asalariados sin derechos ni resguardo legal) y la introducción de cambios en los regímenes jubilatorios que aseguren una parte de los derechos sociales de las personas mayores.
Una quincena antes, Petro se manifestó sobre el rumor que ha crecido de un presunto golpe de Estado en su contra. En los días previos, el expresidente de la Asociación de Oficiales Retirados de las Fuerzas Militares, John Marulanda, aseguró que las tropas en reserva podrían ayudar a sacar del cargo (a Petro) y defenestrarlo.
Pero en estas primeras letras es obvio que falta un autor del intento criminal: el autor intelectual no es otro que la Casa Blanca. Aquella Colombia que a últimos años había encarnado el “amor más carnal” con EE.UU. debió soportar que un presidente de la nación sudamericana evocara a Nixon como iniciador de una guerra contra las drogas que terminó perdiendo. Debió soportar que en su cara le dijeran a EE.UU. (que ya lo sabía pero lo ocultaba con siete llaves) y al mundo que “los estudios dicen que en AL han muerto -en virtud de los conflictos que trae la economía ilícita- un millón de latinoamericanos, la mayoría colombianos y colombianas. La mayoría de ellos, humildes, el pueblo pobre de AL que cae bajo las balas homicidas, en unas guerras invisibles pero profundas; tan intensas que han convertido a nuestro continente en el más violento del mundo”.
Petro parte de la base que la nueva política debiera dirigirse a la salud -tratar al consumidor con adicciones como paciente a ser atendido por un servicio público, sumado a la prevención- y en la legalización de las hoy drogas prohibidas. Agréguese la distensión total con Venezuela y la posición del país ante la guerra ucranio-rusa, condenando a Moscú pero no aceptando las sanciones al país.
Es por demás evidente que Brasil, en particular Lula, desea llevar a Sudamérica hacia los BRICS, para lo cual cuenta con los pedidos de ingreso de Argentina y Venezuela. Estos dos países más Brasil, la posibilidad de que se incorpore Bolivia y la eventual influencia que ejerza Colombia sobre Ecuador y Perú -además de aquel país- sumarían siete eventuales naciones (la mayoría de la subregión) que agregarían capacidades productivas al acuerdo transcontinental que promete construir una especie de federación, manteniendo independencia ideológica entre los participantes, las monedas comerciales de cada uno para los manejos nacionales y un mercado diverso, vasto, donde vender su producción. En buen romance, ir cortando amarras con una nación que fue dominante y hoy se perfila como decadente, para abrazar a una extracontinental que se proyecta como sustituta del antiguo régimen. Para eso tienen valor Colombia y los siguientes tres años y meses de Petro. Lo reseñado, que en general suena lógico, es contrario a la doctrina de “América para los americanos” (de EE.UU), con acuerdos con la UE o no, según lo que vengo sosteniendo en esta columna.
Falta saber qué cartas jugará el imperio, que seguramente querrá “atrapar” a Colombia.

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