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¿Políticamente incorrecto? por Alejandra Waltes

¿Políticamente incorrecto?   por Alejandra Waltes
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Si bien podemos rastrear hasta la antigüedad la utilización de la sátira y la caricatura como arma de crítica política, moral o religiosa, fue durante el Renacimiento italiano que se recogió esa la herencia artística y nace la caricatura tal y como la conocemos. Algunos autores citan a los hermanos Carracci como los que acuñaron el término para designar los retratos sobrecargados que realizaron en Bolonia a finales del siglo XVI. El acervo del Museo Histórico Cabildo cuenta con una rara y excelente colección de publicaciones satíricas autóctonas que esperemos pase a formar parte de la muestra permanente de dicho museo en un futuro cercano.

En general, la alteración del tamaño total o parcial de los personajes y los elementos que los rodean, la animalización, infantilización y feminización, son los elementos utilizados como recursos degradantes en el contexto de la escala de valores imperantes en los diferentes momentos históricos. Un individuo respetable debía ser racional, adulto y masculino, la imagen lo mostraba con estos atributos invertidos. Las caricaturas políticas son valiosos objetos de estudio para muchas disciplinas como la historia del arte, el periodismo, la comunicación y la sociología. Su estudio puede darnos información sobre los procesos políticos y el imaginario social del pasado y del presente. También puede servir para entender cómo se utilizan los elementos visuales para comunicar. Pero lo más importante es que permite conocer los valores culturales, las creencias y las actitudes de las sociedades que las producen. El término caricatura procede del latín caricare, que significa cargar en el sentido de exagerar. En la Edad Media los manuscritos iluminados se decoraban con dibujos grotescos; y las gárgolas y otros detalles arquitectónicos de las catedrales góticas que son buena muestra de la caricatura escultórica, muchas veces con caricaturas de personajes reconocibles par sus coetáneos. Es a partir del siglo XV, cuando la caricatura adquiere su dimensión artística con los trabajos de Leonardo da Vinci, Miguel Ángel o las alegorías grotescas de El Bosco y Brueghel El Viejo, entre otros.
Durante la Revolución Francesa los caricaturistas franceses de uno y otro bando, desplegaron un arsenal de imágenes para enfrentarse en una guerra iconográfica; lápices y buriles que sustituyeron o complementaron a las armas. Con los grabados que llegaban a la población analfabeta, la propaganda política tuvo en los caricaturistas a sus mejores artífices. Los republicanos fustigaban con sus caricaturas al clero y la nobleza desde periódicos como “Les Révolutions de France et de Brabant” del escritor revolucionario Camille Desmoulins. Por su parte, los monárquicos defendían sus privilegios en la hoja satírica “Les Actes des Apôstres”. Otros caricaturistas franceses fueron: Daumier, Philipon, Monnier, Doré, Gavarni, Nadar…, muchos de ellos colaboraron en revistas satíricas como La Caricature (1830), Le Charivari (1832)y Le Journal pour rire (1848). Más tarde los dibujantes satíricos más influyentes fueron Touluse-Lautrec, Forain y Caran d’Ache.
En el siglo XIX, gracias a las nuevas técnicas de impresión, fue la época dorada de la prensa ilustrada.
En 1796, el alemán Aloysius Senefelder inventó la litografía con la cual la caricatura dejó el estudio del artista para pasar al papel prensa. Es así que el caricaturista se convierte en cronista de la realidad, un periodista gráfico con el poder de llegar a un numeroso público. Amplios sectores de la población que no sabían leer podían recibir el mensaje gráfico de las caricaturas. Las revistas ilustradas inundaron Europa en la segunda mitad del siglo, la caricatura ya no sólo ocupaba las páginas de las revistas satíricas, sino que saltaron a la prensa de información general como el “London News” o “L’Illustration”. El semanario satírico inglés “Punch” fue sin duda la revista europea con más largo recorrido e influencia en el campo del humor y la caricatura política. Fundada en 1841 por Henry Mayhew fue la revista del género más conocida del mundo sobre todo por sus continuas sátiras de la familia real inglesa. Se cerró en 1992, después de ciento cincuenta y un años de publicación. En 1996 fue resucitada por el magnate Mohamed al Fayed cerrando definitivamente en 2002. “La ortiga y el garrote” fue una publicación montevideana de humor político semanal que fue editada por Luis Bermúdez y Leandro Ortiz entre los años 1873 y 1874. Poemas satíricos, chistes y relatos burlescos, se apoyaban en las imágenes del artista y dibujante francés, Alfred Michón. En su trabajo es evidente la influencia del célebre caricaturista, también francés, Honoré Daumier. Otras publicaciones nacionales del género cómico político fueron “El Negro Timoteo”, “Montevideo Cómico” y “Caras y caretas” que apareció en forma alternada en Montevideo y Buenos Aires. A mediados del siglo XX montevideano, apareció la revista “Peloduro”. A fines de la última dictadura cívico militar del siglo pasado, se destacaron las revistas El dedo y Guambia, que desde el humor gráfico ejercieron la crítica al régimen, transformándose en verdaderos sucesos. A pesar de los cambios de soporte, la caricatura política mantiene una enorme vigencia, siendo su mejor manifestación el fenómeno virtual conocido como meme. El humor gráfico funciona en su inmediatez. Dadas las tensiones y conflictos que expresa, pueden acarrear la censura o la cárcel para editores y caricaturistas, así como el homicidio.
El humor es la herramienta más civilizada para desarrollar conciencia crítica en la población, incluso en la menos informada.

Gracias a Marco Tortarolo. Técnico restaurador, Conservador de Obra Plana del Museo Histórico Cabildo por la guía y material aportado.

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