Un cangrejo

Mientras el plenilunio derrama su pálida garúa de luz sobre la Tierra, trepa, vertical, por la fachada. En esa superficie, que algo tiene de orilla, deja inscripta “la ilegible escritura de sus huellas”. ¿Qué designio cifrará su paso ladeado? No cuesta nada especular, arriesgar una interpretación. Tal vez, su objetivo sea meterse subrepticiamente por una ventana para encontrar refugio, cual un ermitaño, debajo de los sueños de piedra de un habitante de la mole de cemento. O quizá busque ir más allá, ascender hasta sumergirse en la mar del cielo, hambriento de atrapar entre sus tenazas el brillo tembloroso de las estrellas.

(Ubicación: Ejido 1361, esquina 18 de Julio)