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Eclipse de mar por Marcel Lhermitte

Eclipse de mar por Marcel Lhermitte
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El resultado y las repercusiones del partido de Uruguay contra Argentina por las clasificatorias para el Mundial de fútbol que se disputará en Rusia en 2018 copó la agenda mediática de nuestro país el pasado viernes 1 de setiembre, e incluso podría decirse que del Río de la Plata entero.

No es buena idea en estos países, desde el punto de vista de la comunicación política, realizar acciones o difundir hechos noticiosos en las jornadas en que hay partidos de fútbol que sean de gran interés, porque lo habitual es que los rioplatenses miren mayoritariamente –y a veces exclusivamente– la información deportiva.

Seguramente por eso me enteré casi a media mañana, y no a primera hora, parafraseando al cantautor español Joaquín Sabina, que en el diario El País no se publicaba la muerte de ninguna mujer que yo haya conocido, no mencionaba si había jugado el Atlético de Madrid (no lo había hecho por ser fecha FIFA), ni se decía que nevaba en París (porque allí es verano), pero sí hablaba de mí.

Mala señal es cuando un asesor en comunicación política es mencionado con nombre y apellido por un medio de comunicación. El comunicador político trabaja, fuera de los escenarios, lo hace en el espacio que se genera en el intercambio discursivo entre los políticos, la prensa y la opinión pública, según se interpreta de la definición del sociólogo francés Dominique Wolton.

El comunicador político debe hacer llegar de la mejor manera el mensaje político al segmento de la sociedad al que está dirigido el enunciado; debe gestionar de la mejor forma posible el vínculo entre el político y la prensa; y también fomentar la comunicación con la ciudadanía, crear canales de ida y vuelta con el público objetivo.

En el artículo de El País al que aludo el diputado del Partido Nacional Martín Lema denunció que existen pagos del Hospital Pasteur a Marcel Lhermitte y que tanto la directora del centro médico público como mi empresa unipersonal estamos vinculados al MPP.

Lema afirmó al diario de Plaza Cagancha: “cuando quisimos conocer la modalidad de contratación de esos pagos en la página de contrataciones estatales, no encontramos el registro”. Suceso que evidentemente lo llevó a hacer un pedido de informes, a publicar un artículo en el diario El País y a tuitear, entre otras cosas que “en Hospital Pasteur se contrató a la agencia de comunicación del MPP sin registro en página de compras estatales. ¿Procedimiento? ¿Objeto?”.

Calle melancolía

Mucho pensé en la jornada del viernes si debía escribir un artículo y enviarlo al diario que publicó la información, así como también si correspondía hablar con el legislador para explicarle cuál era mi situación.

Finalmente, y con mucha tristeza, entendí lo que vienen replicando muchos actores del sistema político y varios connotados funcionarios de los medios de comunicación: estamos ante una crisis de valores.

Actualmente en mi país existen periodistas y medios de comunicación que publican información, que dan el nombre y apellido de una persona sin corroborar que la denuncia tenga sustento e incluso sin llamarla por teléfono para contar con “la otra” versión, y además sin tomar en cuenta el perjuicio personal, profesional o familiar que se pueda generar al implicado el publicar algo falso.

Lamentablemente en Uruguay ha pasado a ser sistemático de parte de algunos medios de comunicación que han olvidado su rol social y se han convertido en operadores políticos, como es sin dudas el caso de El País, entre otros, quien fuera antaño, incluso, la principal trinchera editorial desde donde se defendió a la dictadura cívico militar.

Por la falta de credibilidad que me genera este medio, por la falta de profesionalidad del periodista y del editor del artículo, y por la reputación y su actual modus operandi es que preferí no enviar este artículo a su redacción y sí publicarlo en Voces, semanario en el que escribo habitualmente, que tiene las páginas limpias.

En cuanto al sistema político también siento pena, porque la crisis de valores también lo ha corroído. La acción del diputado Lema, a quien no conozco, tuvo un único objetivo: pegarle al gobierno del Frente Amplio y particularmente al MPP.

El legislador no midió las consecuencias secundarias de su acción, no le interesó qué puede suceder con un profesional titular de una unipersonal, que no es otra cosa que un trabajador independiente. Puede afirmarse entonces que no le importó el trabajador sino exclusivamente hacer daño a una administración con el objetivo de que su colectividad política –y él mismo– obtengan réditos electorales en un futuro inmediato. Primó el cuanto peor mejor.

Válido es, e incluso lógico y saludable, que cuando uno está en la arena política tenga aspiraciones de gobernar, pero eso no puede hacerse a cualquier costo. No se trata de dañar al adversario y olvidarse de la gente, porque se supone que para ella quieren gobernar.

Y sin embargo

Con respecto a la información publicada por El País y difundida por el diputado del Partido Nacional aclaro que fui contratado el 1 de agosto de 2015, lícitamente a través de una compra directa, por el Hospital Pasteur para trabajar en comunicación institucional y que desarrollé funciones hasta que asumió Perfil (ganador del llamado a licitación, al cual convocó el Pasteur poco tiempo después de realizar la compra directa –llamado al que me presenté, además–). Sí estaba inscripto en el Registro Único de Proveedores del Estado (RUPE) y aún lo estoy, tengo todos los certificados vigentes y la empresa al día a pesar de que no estoy trabajando en Uruguay.

Sobre mi relación con el MPP, es verdad que fui asesor en comunicación política y campañas electorales de la organización, pero nunca fui militante orgánico; actualmente estoy trabajando en la misma materia en Chile y Francia, como profesional formado en periodismo, licenciado en Ciencias de la Comunicación y magíster en Comunicación Política y Gestión de Campañas Electorales.

Tampoco se trata de “la agencia de comunicación del MPP”, como simplificó el representante nacional en las redes sociales, sino de la empresa unipersonal de un trabajador independiente que está formado y trabaja en el área de la comunicación política.

Y sí, finalmente es como dice Sabina: “Ruido mentiroso, ruido entrometido, ruido escandaloso, silencioso ruido. Mucho, mucho ruido, tanto, tanto ruido, tanto ruido y al final, por fin el fin”.