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Hagamos lo que hay que hacer

Hagamos lo que hay que hacer
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El Estado uruguayo y UPM llegaron a un principio de acuerdo en cuanto a la instalación de una nueva pastera en márgenes del río Negro. Aún falta aclarar algunos puntos. La parte nacional deberá concretar ferrocarril y puerto, por monto no menor a los mil millones de dólares. En todo caso, serán realizaciones modernizadoras multipropósitos que quedarán en beneficio del país -además de posibilitar el negocio con la productora de celulosa-. Se está en la elaboración del proyecto para convocar a la correspondiente licitación internacional.

La oposición reclama datos e informes. Oportunamente los tendrá. Está todo claro. El volumen del empeño no cambia las coordenadas del accionar gubernamental. Inversiones implican más trabajo y mayores ingresos productivos. La transparencia –se sabe- es rectitud y forma mínima de participación democrática.

Obras de infraestructura se han estado haciendo –y se hacen- continuamente en la gestión del FA: energía eólica (cambio de matriz energética), saneamiento, puentes, silos, escuelas, liceos, refacción de caminos, medicina altamente especializada en hospitales de Salto y Tacuarembó, tendido eléctrico a zonas rurales, fibra óptica, data centro, salas de convenciones, dragados, etc., etc. ¡Muy bien! Nuestro progresismo sigue avanzando, a pesar de lo que pasa en la región y el mundo. Con inflación en descenso, mayor salario real y empleo y consumo estables. Pero falta mucho por hacer. Asuntos de primera magnitud. Impostergables.

¡Los cantegriles, en lugar de disminuir, han aumentado! ¡Las zonas inundables permanecen intocadas! Realidades que se esconden al turismo.  Guetos de infortunio. Descampados y bajíos, soluciones de emergencia vueltas definitivas por falta de recursos para conseguir algo menos malo. Insalubridad. Inminente peligro de siniestro. Precariedad que se perpetúa. Los asentamientos en la periferia: otro lenguaje; otros códigos de conducta; otra visión de la vida – después del naufragio-; otras presiones, manejos y dignidades. Ajenidad recíproca. Culturas que se abominan mutuamente. Sociedad dividida por violencia dispar. Desintegración ciudadana. ¡Un desastre a cada poco!

¿En una población de tres millones, cuánta gente está metida en esto?

El Pepe, casa humilde, fusca y perra con tres patas, pasó de largo  el problema. Al Tabaré,   uno venido de abajo, presidente del clú Progreso, con comedero para la gurisada del barrio, ¿hay que recordarle que tampoco ha encarado este desafío? ¡Y eso que las orillas son cosa jodida, che!

Erradicar cantegriles y viviendas de inundación es la obra de reconstrucción nacional (antes que de infraestructura) prioritaria de la República.  Implica replantearse qué país queremos y qué país estamos construyendo. Algo que obliga a respuestas globales –de re conocimiento, de fraternidad, de educación a todo nivel, de nuevas posibilidades de trabajo, de un sistema de cuidados totalizante, equitativo y respetuoso de las diferencias con demasiada antigüedad en el cargo-.

Primero: asumir lo que está en juego en tal enorme desprolijidad. Dos: definir certezas e incógnitas –censo de involucrados, ¿qué pasa con los 50.000 techos abandonados en plena civilización?, ¿un Mevir urbano?, estimar necesidades, plan de acciones, definir etapas, “continuidad de los parques”, etc.-. Tres: calcular costos. Cuatro: plantearse financiaciones posibles: ¿fideicomiso internacional?, ¿préstamos a largo plazo enrabados con negocios multilaterales?, ¿Banco Mundial?, ¿deuda pública?, ¿repatriación de capitales fugados al exterior?, ¿imposición solidaria a patrimonios notoriamente excedentarios? No acumulando todas las dificultades en el mismo punto, desde luego. Sin prisa pero sin pausa.

El derecho a la igualdad se conjuga efectivamente con actos y hechos concretos.

Invocar el socialismo es fácil y motivador; pacticarlo en medio del egoísmo que se da, es un poquito más complicado.

Tabaré, ejercitá tu política de cercanía ante esta realidad que aleja a unos uruguayos de otros, a la velocidad inadvertida con que se expande el universo. ¡Suerte, que lucidez, sentido de grandeza y pragmatismo, vulgo mañas, no te faltan!

Jose Luis Baumgartner

Abogado, periodista y escritor.