Adiós a las armas

¿Por qué justo aquel día, harto de los desaires y traiciones de los poderosos, de las intrigas de los politicastros, de la codicia de los ávidos, de andar batallando de aquí para allá, de la guerra interminable y sus horrores, tomó la que con seguridad haya sido la decisión más difícil de su vida?
Es lícito especular con que, además de aquellos sentimientos hastiosos, tantos duros inviernos viviendo a monte, tantos soles ardientes, tantas cabalgatas agotadoras, tantas lluvias como las que lo calaron, tantas puñaladas heladas que le dio el pampero en los riñones deben haber mellado su ánimo.
Mas, fuera por la razón que fuese, lo cierto es que, sin quitarse el uniforme desteñido por el uso, se colocó el poncho sobre el hombro, enfundó el sable para siempre, agarró el sombrero y encaró hacia el palenque donde, paciente, lo aguardaba su flete. Y así, sin estridencias ni alharacas, emprendió camino hacia donde encontraría un clima amable y una tierra dulce donde cultivar su huerta.
(Ubicación: Mercedes 1051)