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Carolina Bello / Escritora “Si no hay lectores el libro es una suma de papel pegado”

Carolina Bello / Escritora  “Si no hay lectores el libro es una suma de papel pegado”
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La escritora Carolina Bello acaba de presentar “El resto del mundo rima” (edita Random House), una novela que une a los únicos sobrevivientes de un triple accidente de tránsito y narra “la experiencia fantasmal de una mujer que desafía la lógica de la existencia”. La novela fue incluida en el Mapa de Lenguas 2022. (Fotografía de Eliana Cleffi).

¿En qué momento de tu recorrido con la escritura te encuentra esta novela?

Venía de dos años intensos a raíz de la publicación de “Oktubre”, un libro que tuvo mucha repercusión acá y en Argentina. Pero ya en ese lapso tenía la nueva historia en la mente, ya sabía lo que quería contar. Cuando empezó la pandemia, de alguna manera algo cuadró dentro de aquel primer panorama de apocalipsis criolla que se vivió los primeros días: quería escribir una novela que fuera de encierro y de pronto comenzamos a vivir un confinamiento en la vida real.  Fue en ese entonces que empecé a escribirla, sabiendo que iba a intentar algo completamente distinto de mis libros anteriores. En este sentido, “Urquiza” trataba de una identidad de lo uruguayo enmarcado en los años 50 y 60; “Oktubre” es una historia de amor epistolar contextualizada entre la Argentina de la post dictadura y la Unión Soviética y “El resto del mundo rima” es una obra sobre identidad, desarraigo, violencia y erotismo que, si bien está contextualizada en el Uruguay de 2003, apunta a situaciones mucho más arquetípicas y universalmente humanas o inhumanas.

 ¿Hubo un «disparador» para la historia? ¿Cómo fue el proceso de construirla?

Hace varios años vi una noticia en la televisión acerca de un accidente de tránsito múltiple en la ruta 1 en el que murieron muchas personas y una había sobrevivido. Involucraba a dos autos: el de una familia entera y el de personas que venían de cometer un robo. Desde entonces me quedó en la mente cómo sería la vida de esa persona que había quedado viva, que estaba en el auto que venía escapando de la policía. Me interesaba profundizar en las escenografías mentales de la culpa, del seguir viviendo con un suceso determinante y castrador de cualquier posibilidad de futuro.  Así, a raíz de ese disparador, comienza la novela en donde narro el momento inmediato a un accidente en el que aparecen quienes serán los protagonistas del libro. El otro disparador fueron las ganas de contar mi propia historia de encierro. Probar las posibilidades de la narración en una primera línea del relato que es acotada en su escenografía, pero también narrar los encierros propios.

¿Cómo fuiste puliendo los personajes?

El libro parte de una premisa o una hipótesis. No me interesaba plantear la historia desde una perspectiva moral, aunque los personajes tomen acciones convencionalmente reprobables. Lo que de verdad quería era construir una historia en donde el presente mental de los personajes estuviese hilvanado con cada acontecimiento de su vida, a veces grandilocuente por los grados de violencia explícita y a veces imperceptibles desde el punto de vista consciente, pero que los han determinado de igual forma. En este sentido trabajé los personajes teniendo mucha empatía con ellos, aunque no compartiera sus acciones o sus decires. En estos personajes se encarna la idea de no pertenencia, de incomodidad ante un mundo en el que jamás encajaron. Así es como fui construyendo las ideas de culpa y represión en torno a ellos. Conforme los iba escribiendo, los iba moldeando: conociendo su voz, sus movimientos, su visión de mundo. Mientras narraba el presente se me figuraba cada pasado y con ese mecanismo lograba la densidad necesaria para articular toda la historia.

En el relato hay ciertos cuestionamientos a las religiones, una violencia implícita y además se hace referencia a la crisis del 2002, ¿son estos los tres puntos desde donde elegiste «construir» el relato?

Me interesaba sobre todo plantear: ¿en qué creen los que no creen en nada, ni son fieles a alguna religión que justifique, ampare o apacigüe? En este sentido, todos los personajes responden a un código de creencias, aunque no las perciban como tal. Julia, que no pertenece a ninguna religión, en algún momento creyó en el entendimiento de las cosas. Una filiación agustiniana si se quiere: aquello de “creo para comprender, y comprendo para creer”. El 2003 me interesaba particularmente porque no fue el año de la guerra, fue el año del después. Ya todos habíamos visto a un lado y al otro del Río de la Plata las corridas, la represión, un presidente huyendo mientras se quemaban abajo las concepciones contemporáneas de cualquier estabilidad psíquica, financiera o social. Me interesaba crear un conflicto que nada tuviese que ver con la crisis, pero que se desarrollara en ese año fantasmal y huesudo. Recrear épocas recientes me resulta mucho más difícil que las antiguas. Sobre todo, los años 2000, siempre tan híbridos, donde hay que estar más atenta al detalle. Todos podemos evocar fácilmente un teléfono de línea de los 70, pero en el 2003, ¿ya había otra marca además de Movicom?

¿Qué significa para vos que la novela sea parte del Mapa de Lenguas 2022?

Es un honor y un sueño. Quienes escribimos más allá del diario íntimo, guardamos la ilusión de que eso que hicimos sea leído. No existe la obra de arte sin que alguien la decodifique. Si no hay lectores el libro es un objeto, una suma de papel pegado. Cuando hay un lector, el libro se convierte en idioma, como decía Cortázar. Que “El resto del mundo rima” sea parte del Mapa de las Lenguas 2022 significa que se va a leer en casi todos los países de habla hispana, incluido España. Esto, como escritora uruguaya, donde el circuito es tan pequeño, significa la dicha de que mi obra va a ser leída por personas de otros países, de otras culturas y eso, no puede más que abrir la obra y expandirla.

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