Contando infinitos por Jorge Alastra

Rodeado de significados ocultos y mágicos, el número nueve es, para muchas religiones, una cifra trascendente. Fernando “Fer” Henry llamó “9 Infinitos” a su noveno disco y sin dudas tuvo aquello presente a la hora de bautizarlo. El compositor hace años que transita el medio under con una extensa trayectoria y obra; vale decir, una de las más prolíficas dentro de los músicos de su generación. Lo que propone artísticamente va a contramano del mainstream y lo convierte, de lleno, en alguien singular dentro del ámbito de la música popular contemporánea. Su estética no se adecua a lo estándar y eso es notorio en sus publicaciones, la forma de encarar las canciones o su poesía, o el propio sonido de sus discos. En este siglo, la mayoría de los músicos opta por sensatez y seguridad, por una sonoridad estandarizada. En el caso de Henry, eso no es de recibo con sus metas artísticas. Y aquí entramos en una zona delicada para significar el Arte: para qué escribimos o hacemos música (o poesía o plástica). Cuáles son los objetivos. Y qué pretendemos al hacerlo. Si nos llevamos por el concepto vulgar, la música es otro canal más de entretenimiento y el que busca algo trascendente es tomado como alguien desubicado, un “fuera de ambiente”. Con el Posmodernismo la música deja de pertenecer al circuito de la emoción y lo espiritual para pasar a ser una moneda de cambio más; como la hamburguesa del logo amarillo, una bijú o una bebida cola. La enorme mayoría de los músicos de hoy viven de la música o no para la música. Los de la raza de Fer son distintos y son los que nos salvarán un día, confirmando que aún existen los artesanos; maestros orfebres que manejan la materia con afecto y dedicación, y que aún creen en la creación más allá de los réditos económicos. Este es, someramente, el perfil de Fer Henry, quien presenta un disco con nueve canciones donde no existe un centro. Los discos rutinarios de cantautores -casi siempre- nos presentan un concepto homogéneo, desde lo compositivo hasta el propio sonido. En este trabajo, sin embargo, se nos conduce por diferentes estadios y virajes sonoros. Aquí un pop-rock “manchesteriano” se entronca con el aire andino de “Hermógenes cosechando” (Renata Castellano/ Guillermo Wood/ Fer Henry); una de las canciones más enigmáticas del disco, y quizá, de la nueva canción uruguaya. Y entonces no importa el equilibrio en sí mismo sino la intención del alma, la ubicación espiritual del músico que transforma un blues en un mantra (“Blues de las torres”). O en un aire de vidala en “El orar del río”, obra que nos sumerge en la “zona Yupanqui”, sin anestesia. Por lo tanto no hay eje ni discurso, sino un hilo natural de composiciones que van desentrañando el viaje interno del compositor. Para el armado del disco, Fer contó con un aliado fundamental: Gabriel Araújo, como co-productor y arreglador. Y aparecen, junto a músicos de la nueva camada como Seba Codoni (bajo en “Álamo quemado” y “La Rebelión en un instante”) y Guillermo Wood (voz en “Hemógenes cosechando” y “Blues de las torres”), dos pesos pesados como Roberto “Palito” Elissalde (guitarra en “El orar del río” y “Como si no existiera el fin”) y Juan Pablo Chapital (guitarra en “Blues de las torres”). El equipo se complementa con Ariel Iglesias, quien tocó todas las baterías y las percusiones del disco. Aparecen dos co-autorías con Diego Presa y una de ellas, “Como si no existiera el fin”, es singular. Es la musicalización de Presa de un poema de Fer compuesta al piano, una balada muy sentida que remite al Lennon de la Plastic Ono Band. Entonces se grabó tal y como fue creada, y con la voz principal registrada en una primera toma. En la manía (defecto) que tenemos de comparar artistas o vislumbrar de dónde provienen, el caso de Henry es muy difícil de desentrañar. Es fácil derivarlo hacia Spinetta, desde lo lírico o metafísico, por así decirlo; pero él no copia a Spinetta por más que tenga un pie en el flaco. Y cuenta con una paleta tan amplia como llamativa, y donde no parecieran existir conflictos entre su música y su persona, pues un rock psicodélico, una chacarera, un punk rock o una milonga pampeana, tienen el mismo peso artístico. Y es muy difícil encontrar a un artista que comulgue con varias facetas de la música tan abiertamente. Como cierre, es de honor preguntarse por qué Fer Henry no aparece en las grillas de los grandes festivales de rock. Y existen algunas respuestas. Una, es su lejanía de los ámbitos del lobby y el tráfico de influencias. Después, en que somos poco proclives a abrazar a un artista de verdad, que puede gustar o no, pero que es auténtico y se juega el pellejo. Y ante tanta mampostería y falsedad artística disfrazada de valiosa, lo de Fer Henry, finalmente, descoloca. Es hora de abrir oídos y corazones y escuchar como se debe estos nueve infinitos.-
“9 Infinitos” Fer Henry
Editado por Perro Andaluz Ediciones (2023)
Grabación, mezcla y máster: Gabriel Araújo
Masterización (vinilo): Riki Musso
Diseño gráfico (vinilo): Pablo Meneses