“Mis amigos son unos atorrantes.
Se exhiben sin pudor, beben a morro,
se pasan las consignas por el forro
y se mofan de cuestiones importantes”.
En los últimos tiempos tuve varios reencuentros con viejas barras.
De más está decir que me encontré con un variado menú de gente.
Coincidieron desde un exministro colorado hasta frentistas históricos.
Desde académicos Grados 5 hasta emprendedores empresarios.
Nos juntamos laburantes, profesionales y jubilados de ambos sexos.
Hasta una reconocida cantante popular fue parte de la reunión.
Demás está decir que los temas sociales y políticos estuvieron desde el vamos en todas las juntadas y la discusión fue mucha y dura.
En otras palabras, nos dimos con un caño a diestra y siniestra.
Todos veníamos contagiados de crispación por el caso Gavazzo que
marcó el debate, y nos pasamos mutuamente, históricas facturas.
Las ironías, los retruques y los argumentos esgrimidos en muchos
momentos, me hicieron acordar a los comentarios de Facebook o a
los hilos que vemos frecuentemente en twitter u otras redes sociales.
Nadie se calló la boca o dejó de expresar su pensamiento libremente.
Fue tan peleada la cosa, que varias veces se nos enfrió la comida y
se nos calentó la bebida, pero nadie aflojaba ni un tranco de pollo.
Pensándolo bien, deberíamos haber filmado la reyerta para pasarla
como clase práctica de educación cívica a estudiantes liceales.
Porque mantuvimos nuestras posturas, pero jamás perdimos la
fraternidad y el cariño que nos une haber vivido mucha cosa juntos.
Fuimos ciudadanos en acción y ocasionales adversarios políticos.
Pero los lazos de amistad trascienden por suerte, las ideologías.
Sería bueno que este tipo de actitudes pulularan en nuestro país
sobre todo, en un año electoral que pinta ríspido y complicado.
Siento que soy un privilegiado, porque al contrario de lo que le da
nombre a la canción de Serrat, estoy rodeado de buenas compañías.
“Mis amigos son gente cumplidora
que acuden cuando saben que yo espero.
Si les roza la muerte disimulan.
Que pa’ ellos la amistad es lo primero”.
Alfredo García





