¿Cuánto peor, mejor?

Dicen que el creador de esa frase fue un revolucionario socialista

ruso del siglo XIX, Nikolái Chernyshevski, admirado por Lenin.

Años después en todas partes del mundo, esa sentencia dio pie a

muchas estrategias políticas practicadas sobre todo por la izquierda

El concepto era que había que desnudar a los diversos regímenes

imperantes para generar conciencia en los pueblos oprimidos.

Y muchos no dudaron en que: “el fin justifica los medios” y apelaron

a la violencia llegando incluso al terrorismo para lograr sus objetivos

Nuestro país no fue una excepción a esas prácticas y hubo grupos

de todo el espectro político que tuvieron eso en mente en su acción.

Vino la dictadura y el duro aprendizaje que tuvimos como país, de

que aun imperfecta, la democracia es el mejor sistema posible.

Hoy en pleno siglo XXI, ¿existen uruguayos que piensen así?

¿Son quien ineludiblemente critican todo lo que hace el adversario?

¿Son los que ponen palos en la rueda a cualquier propuesta por

más buena que sea, si surge de otro que no es de mi bando?

¿Son esos hinchas que festejan siempre la derrota del rival?

¿Son aquellos que se identifican y se juntan por el odio al distinto?

¿Son los que se consideran iluminados frente a la ceguera general?

Yo no creo en fundamentalistas, pero que los hay, los hay.

Afortunadamente en nuestro país se trata de sectores minúsculos.

Con escasa llegada o influencia importante en la masa ciudadana.

Entonces, cuidado con confundir a los críticos bien intencionados

con estos propagadores de teorías que destruyen la convivencia.

Ser opositor no significa que vale todo, si debilito al adversario.

Los partidos políticos importantes conocen las reglas del juego.

Y los debates pueden ser duros, pero la sangre no llega al río.

Y este espíritu se debe mantener por encima de las profundas

diferencias que existan en mil y una cuestiones entre todos.

Es hora de aflojar con el facilismo de atribuir al otro “el cuanto peor,

mejor”, eso estimula a los dogmáticos y termina produciendo grieta.

Alfredo García