Si hay un tema que divide como ninguno es la seguridad pública.
Rápidamente se toma partido a favor de una política o de otra.
Es muy fácil caer en simplificaciones para encarar esa realidad.
Están los que ven toda la responsabilidad en la situación social y
económica y rechinan los dientes ante la sola mención de represión.
Mientras que otros consideran que los delincuentes eligen serlo y
que la única solución es darle mucho palo pa´ que aprendan y que
hay que encerrarlos a todos y si es posible tirar la llave de la cárcel.
Dicen los que saben, que la violencia y los delitos vienen en
aumento desde hace décadas en nuestro país y en la región.
Ni que hablar que el fenómeno narcotráfico agudizó mucho esta
situación, mostrando situaciones que recuerdan a películas de terror
La inseguridad rinde políticamente, ya todos lo vimos durante los
gobiernos del Frente, que hasta se juntaron firmas para llevar
adelante un plebiscito prometiendo a la ciudadanía Vivir sin miedo.
Y a caballo de esa manija llega al gobierno la coalición multicolor.
Se instala la LUC, se respalda a la policía y se refunda todo.
Pero la cosa no es tan sencilla, porque no se acabó el recreo.
Quizás hoy nos demos cuenta que, o encaramos el tema sin
mezquindad partidaria y como política de Estado, o no hay tu tía.
Que se trata de coordinar todo el aparato estatal a fondo para
combatir el delito y la violencia o se volverá a fracasar nuevamente.
Espero que la oposición no caiga en la retórica de otrora de los
actuales gobernantes, vociferando con la renuncia ministerial.
Los fundamentalismos ganan las barras bravas, pero no aportan
solución alguna, al contrario, nos hacen retroceder en el tiempo.
La ley del Talión, la justicia por mano propia o la concepción de que
no todas las vidas valen lo mismo, son símbolos de la barbarie.
Modificar nuestra realidad no es fácil ni es rápido, pero es posible.
Eso sí, exige el esfuerzo y la voluntad de todos los ciudadanos.
Alfredo García




