Confieso que tenía dudas de que se lograra llegar a las firmas.
Pero no es nada despreciable la maquinaria militante que mueven
el PIT-CNT, Fucvam y el Frente Amplio junto a otras organizaciones
Ahora si no hay dudas, habrá referéndum y cambia el escenario.
Vendrán los debates que con cierta lógica rehuyó el oficialismo.
Y con dos años de vigencia se votará a favor o en contra de la LUC.
Seguramente van a ser votos anti o pro la gestión del gobierno.
No va a ser nada fácil contrarrestar la propaganda oficialista.
Mucho va a depender de la situación económica que impere.
Para el gobierno puede ser un espaldarazo o un bruto freno.
Para la oposición se abren dos caminos bien diferentes.
Si se llega a ganar el referéndum se va a festejar como el
campeonato del mundo, ya vimos que la recolección se consideró
una hazaña y parecía que se hubiera ganado la copa América.
Y atrás quedará el balance de la derrota del 2019, porque tuvimos
una revancha histórica: 800.000 firmas y en plena pandemia.
La manija triunfalista va a ser grande y solo se pensará en el 2024.
Chau autocritica, chau reestructura, chau proyecto país, todos a
buscar un candidato, que la derecha está contra las cuerdas.
Ahora bien, si se pierde la derogación de la LUC, cosa nada
improbable, prepárate para el bruto bajón que se viene hermano.
Recordemos lo que fue la derrota de la papeleta rosada para
muchos jóvenes y no tanto, que sufrieron ese balde de agua fría.
Podemos caer en la lucha fratricida, buscando a los responsables e
intentando encontrar al chivo expiatorio de un golpe tan fuerte.
Y la militancia va a quedar muy escorada sin lugar a dudas.
La cuestión central es si esta batalla cambia el curso de la guerra.
Más allá del resultado puntual del referéndum, considero que se
está pecando en poner una cuestión táctica como estratégica.
Y en el largo plazo esto va a ser un hecho de poca importancia.
Creo que se debería levantar la mira y mirar lejos porque el país en
su esencia no va cambiar por 135 artículos derogados o no.
Los problemas que afrontamos como sociedad son muchos más
graves y resolverlos implica lograr acuerdos supra partidarios.
Las mojadas de oreja podrán dar satisfacción circunstancial pero
poco aportan para mover las estructuras profundas de la sociedad.
Alfredo García






