Esta semana salió el informe sobre delitos del Ministerio del Interior.
La estrella fue el record de homicidios que alcanzó a 414 en 2018.
Analicemos un poquito, desglosando los números presentados:
Conflictos entre grupos criminales / Ajuste cuentas 47%
Altercados espontáneos (no domésticos) 12%
Violencia intrafamiliar y situaciones relacionadas 12%
Rapiña / Copamiento y similares 11%
Otros motivos 3% Motivo desconocido 15%
Casi la mitad de los asesinatos fueron en el mundo del hampa.
“Suerte que los pichis se matan entre ellos” piensa más de uno.
Hubo más muertos por violencia doméstica que por rapiñas.
“Se corre más riesgo en la casa que en la calle”, reflexiona alguno.
Pero agitar el record de asesinatos rinde políticamente y es bueno
en la campaña electoral para perfilarse y hablar de mano dura.
La paranoia colectiva se alimenta diariamente y el temor no es buen
marco para el análisis racional, y nos surgen los bajos instintos.
¡Alerta! En Uruguay muere un ciudadano de forma violenta cada 5
horas y cuarenta cuatro minutos. Fueron 1608 en el año 2018.
668 suicidios, 526 accidentes de tránsito y 414 homicidios.
Sin embargo, algunas cifras de muertos no conmueven, no son
titulares de prensa o flashes informativos, no rinden rating.
Tenemos una tasa de natalidad decreciente por cuarto año
consecutivo y sin embargo que muera tanta gente joven no importa.
No se trata de justificar errores y fracasos de la política de
seguridad o desviar la atención de la violencia que nos acosa, se
trata de poner el foco en que perdemos muchas vidas valiosas.
Ni pichis o chetos, ni rayados o criminales, se trata de uruguayos.
Y una sociedad sana no tiene muertos de segunda categoría.
Alfredo García






