Por humanismo o por egoísmo

Esa frase fue pronunciada por el presidente Lacalle el martes
pasado, frente a más de doscientos empresarios convocados para
presentar un plan de incentivos para emplear a personas liberadas.
Bajo el título “Sinergias para construir una mejor sociedad”, se
publicitó que se dará el 60% del salario de los hombres que se
contraten y el 80% del sueldo de las mujeres durante un año.
La idea es estimular a empresas para que contraten expresos como
una forma de lograr que no reincidan en el camino del delito.
En 2022 fueron liberadas 8621 personas del sistema carcelario
y muchas de ellas carecen de posibilidades en el mercado laboral.
Cambiar el prejuicio por la oportunidad dijo el ministro Martín Lema
y parece que el mensaje tuvo algún efecto entre los participantes.
Sin embargo, la ley 17897 aprobada el 14/9/2005 en su artículo 14
establece que: “Debe incluirse en todos los pliegos de licitaciones
de obras y servicios públicos, la obligatoriedad del empresario
contratante, de inscribir en las planillas de trabajo un mínimo
equivalente al 5% del personal afectado a tareas de peones, medio
oficial, oficial o similares, a personas liberadas que se encuentren
registradas en la Bolsa de Trabajo de la Dirección Nacional de
apoyo al Liberado”, poco efecto ha tenido en la práctica hasta hoy.
Son miles los inscriptos en la Bolsa de Trabajo y muy pocos han
sido los contratados por las empresas que hacen obras públicas.
No se controla ni por Ministerio de Trabajo ni por la propia DINALI.
Esta sí debería ser una ley flexible de cumplimiento estricto, como
infinidad de veces ha afirmado que quiere el presidente Lacalle Pou.
Ignorar la realidad espantosa en la que se sumergen las personas
que salen de la cárcel, es darse un tiro en el pie como sociedad.
Y no comprometerse para paliar esa situación, en la medida de
nuestras posibilidades, nos vuelve menos humanos y más egoístas.
Compartimos la certeza de que es equivocada la máxima de que el
hombre es el lobo del hombre, y esperamos que el mensaje a los
“malla oro” en el World Trade Center, tenga oídos receptivos.
Alfredo García