Tuya Héctor

Nos tomamos una semana de pausa y les dimos a ustedes siete días de tregua

Retornamos  con nuevo formato, rediseño, más color y cambiamos de imprenta.

Siguen las mismas ganas y la apertura de siempre con todas las opiniones.

Se avecinan tiempos electorales donde el pluralismo estará constantemente amenazado.

Los censores están entre nosotros y vimos pruebas de ello en las últimas semanas.

Para recapacitar sobre los límites de la libertad es bueno releer  a los clásicos.

Es por eso que adjuntamos la siguiente poesía de Gabriel Celaya, vale la pena.

La poesía es un arma cargada de futuro

Cuando ya nada se espera personalmente exaltante,

mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia,

fieramente existiendo, ciegamente afirmado,

como un pulso que golpea las tinieblas,

cuando se miran de frente

los vertiginosos ojos claros de la muerte,

se dicen las verdades:

las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.

Se dicen los poemas

que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados,

piden ser, piden ritmo,

piden ley para aquello que sienten excesivo.

Con la velocidad del instinto,

con el rayo del prodigio,

como mágica evidencia, lo real se nos convierte

en lo idéntico a sí mismo.

Poesía para el pobre, poesía necesaria

como el pan de cada día,

como el aire que exigimos trece veces por minuto,

para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.

Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan

decir que somos quien somos,

nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.

Estamos tocando el fondo.

Maldigo la poesía concebida como un lujo

cultural por los neutrales

que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.

Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.

Hago mías las faltas.  Siento en mí a cuantos sufren

y canto respirando.

Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas

personales, me ensancho.

Quisiera daros vida, provocar nuevos actos,

y calculo por eso con técnica qué puedo.

Me siento un ingeniero del verso y un obrero

que trabaja con otros a España en sus aceros.

 

Volvimos con más fuerza que nunca y con la decisión de seguir armando lío.

Alfredo García