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“Internacionalismo escénico” en Sala Verdi

“Internacionalismo escénico” en Sala Verdi
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Décima edición del Festival Temporada Alta

Febrero es un mes relevante en las artes escénicas montevideanas debido al fenómenos masivo de teatro popular que se ha configurado en nuestro carnaval y que hace circular a decenas de espectáculos por diversos tablados de la capital de nuestro país. Pero hace diez años que, además, el festival Temporada Alta presenta espectáculos que llegan del festival homónimo de la provincia catalana de Girona. Esta muestra del mejor teatro iberoamericano tiene como responsable a Gustavo Zidán, quien asumió la dirección de la Sala Verdi en el año 2011 y desde ese lugar se ha dedicado a trabajar en pos del “internacionalismo escénico”. En el dossier de esta décima temporada de Temporada Alta el director de la Sala Verdi afirma: “El internacionalismo tan ideológicamente mentado trasciende a enunciados políticos. En las artes escénicas el internacionalismo que promulgamos se materializa en el espacio iberoamericano a través de la circulación de artistas, esto desde hace unos años se ha convertido en una necesidad casi biológica para la actividad. Está muy bien que así sea y desde Sala Verdi estamos orgullosos de sumar aportes para ello”.
Pero si la Verdi es un eje de circulación de espectáculos internacionales, también lo es de lenguajes que rompen con las formas escénicas más esclerosadas, esas formas que proponen una lectura unívoca del hecho teatral. Es en ese sentido que, agrega Zidán, en esta décima edición nuevamente se “insiste en provocar la sublevación contra los espectadores pasivos, ex profeso las propuestas artísticas programadas en el festival son recurrentemente desafiantes. Soñamos con generar un cataclismo de opiniones, con que la confrontación de ideas y las discusiones entre espectadores se extiendan al después de cada función; ese rito determinante que el teatro puede arrogarse por su particularidad de arte presencial donde el abordaje colectivo amplifica el disfrute antes, durante y después”.
La edición número 10 de Temporada Alta comenzó el pasado 30 de enero con el espectáculo Rojo de la compañía colombiana La Congregación y continua con espectáculos de Argentina, Chile, Colombia, España y Uruguay hasta los primeros días de marzo. Los espacios en donde se viene desarrollando el festival son, además de la Sala Verdi, la Plaza del Centro Cultural Terminal Goes, la Sala Lazaroff y el Centro Cultural Artesano.

Programación desde el viernes 9:

viernes 9
– María Isabel (Chile) en Sala Verdi a las 20:30.

sábado 10
– María Isabel (Chile) en Sala Verdi a las 20:30.
– Vivir vende (Argentina) en Sala Lazaroff a las 20:30.

domingo 11
– Las penas del joven Werther (España) en Sala Verdi a las 19:00.
– Vivir vende (Argentina) en Sala Lazaroff a las 19:00.

lunes 12
– Las penas del joven Werther (España) en Sala Verdi a las 19:00.

martes 13
– A fuego (España) en Sala Verdi a las 20:30.

miércoles 14
– A fuego (España) en Sala Verdi a las 20:30.

viernes 16
– En mitad de tanto fuego (España) en Sala Verdi a las 20:30.

sábado 17
– En mitad de tanto fuego (España) en Sala Verdi a las 20:30.
– Continente María (España) en Sala Lazaroff a las 20:30.

domingo 18
– Continente María (España) en Sala Lazaroff a las 19:00..

jueves 22 a domingo 3 (menos el lunes 26)
– Muchachas de verano en días de marzo (Uruguay) en Sala Verdi, de martes a sábados a las 20:30 y los domingos a las 19:00.

martes 27 y miércoles 28
– La violación de una actriz (Chile) en Sala Lazaroff a las 20:30.

Por más información consultar en salaverdi.montevideo.gub.uy

María Isabel
El viernes 9 y el sábado 10 se presenta en Temporada Alta María Isabel, espectáculo chileno con dramaturgia de Juan Pablo Troncoso y dirección de Ana Luz Ormazabal. La obra se centra en las peripecias de María Isabel Matamala, médica y ex integrante del MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria) que permaneció detenida en Villa Grimaldi y otros centros de detención clandestinos durante la dictadura. María Isabel en los años noventa abandona el MIR al no encontrar un espacio que reconozca la desigualdad entre hombres y mujeres dentro del partido, algo que empezó a trabajar junto con sus compañeras estando detenida. Pero la obra es mucho más que eso. Hace algunas semanas pudimos asistir a una función de María Isabel en el festival Santiago a Mil de la capital chilena y en una charla post función María Scantlebury, otra ex militante del MIR que compartió “alojamiento” en Villa Grimaldi con María Isabel, hablaba de la obra como una reivindicación de la militancia de las mujeres en las organizaciones revolucionarias. Y señalaba que era una militancia no inocente, que la mayor parte de las y los militantes del MIR sabían a lo que se enfrentaban, que no eran “víctimas inocentes”.
La obra se estructura en diversas escenas, desde un comienzo musical que introduce la lengua en la que el pedagogo brasileño Paulo Freire brinda talleres a integrantes del MIR en los años sesenta. En esos talleres, que parten de la necesidad de reconocer el “saber” de las personas oprimidas, se escucha un contrapunto con el recetario de cierto marxismo escolástico que no deja de ofrecer momentos humorísticos. Pero es interesante ese inicio porque de alguna forma pone foco en la escucha y el diálogo, algo que en el transcurso de la obra la mayor parte de las mujeres descubrirán que no existe a la interna de la organización.
Luego se sucederán escenas que muestran el desamparo que sintió parte de la población al descubrir, consumado el golpe, que no había armas para defenderse de una agresión que todos esperaban, pero también la decisión de permanecer y resistir. La vida en clandestinidad y las formas de organizarse para resistir física y psicológicamente en los centros de tortura van dejando espacio, a pesar de todo, para entrever la posibilidad de hablar de la desigualdad entre hombres y mujeres en la organización política. Pero la denuncia de esa situación no sustituye la denuncia de la dictadura fascista de Pinochet, y el alegato final es una muestra de que María Isabel no es un espectáculo que propone sustituir una lucha por otra. Matizada por un ingenioso uso del humor que da respiros al público en los momentos más duros, María Isabel propone discutir, intercambiar, generar un “cataclismo de opiniones” al decir de Zidán para que “la confrontación de ideas y las discusiones entre espectadores

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Leonardo Flamia Periodista, ejerce la crítica teatral en el semanario Voces y la docencia en educación media. Cursa Economía y Filosofía en la UDELAR y Matemáticas en el IPA. Ha realizado cursos y talleres de crítica cinematográfica y teatral con Manuel Martínez Carril, Miguel Lagorio, Guillermo Zapiola, Javier Porta Fouz y Jorge Dubatti. También ha participado en seminarios y conferencias sobre teatro, música y artes visuales coordinados por gente como Hans-Thies Lehmann, Coriún Aharonián, Gabriel Peluffo, Luis Ferreira y Lucía Pittaluga. Entre 1998 y 2005 forma parte del colectivo que gestiona la radio comunitaria Alternativa FM y es colaborador del suplemento Puro Rock del diario La República y de la revista Bonus Track. Entre 2006 y 2010 se desempeña como editor de la revista Guía del Ocio. Desde el 2010 hasta la actualidad es colaborador del semanario Voces. En 2016 y 2017 ha dado participado dando charlas sobre crítica teatral y dramaturgia uruguaya contemporánea en la Especialización en Historia del Arte y Patrimonio realizado en el Instituto Universitario CLAEH.