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“La búsqueda del estilo no tiene estación de llegada”

“La búsqueda del estilo no tiene estación de llegada”
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Jaime Clara acaba de publicar un nuevo libro. Se trata de “Sin red”, que se presenta como relatos “que atraviesan con sobriedad la
fragilidad de la cotidianidad, sostenidos por una cuerda que
tambalea sobre un piso sin red”.

¿Cómo surge la idea de escribir este libro?
Desde que en el año 2015 la editorial Seix Barral (Grupo Planeta) publicó mi primer libro de cuentos, «La terrible presión de la nada», por suerte la respuesta de los lectores fue muy buena. Se hicieron dos ediciones y hubo una buena acogida por parte de un público que desconocía que yo escribía narrativa, ya que sólo tenía un par de libros perdidos de poesía y uno de ensayo político. Desde ese momento, la generosidad de la editorial de incluirme en sus planes editoriales me obligó a generar relatos de forma más o menos regular, y así salieron «Medias verdades» (2017), «En la larga noche» (2021) y ahora acaba de salir «Sin red». Así que, respondiendo tu pregunta, el libro fue pensado como una unidad para su publicación en este momento.

¿Qué relatos elegiste?
Por razones de tiempo, conocidas por mi actividad pública en los medios, no soy de redactar regularmente. No tengo una base de cuentos que voy escribiendo y guardando y cuando llega la oportunidad, me pongo a elegir. Como dije antes, los cuentos que integran «Sin red» fueron escritos especialmente para este volumen. Lo que sí tiene su proceso es en mi cabeza y en la elección de los temas, las tramas, las historias o los disparadores. En esto sí estoy muy atento y siempre alerta sobre un disparador para generar un relato. Soy una gran parabólica que siempre está atento a que se cruce un dato, o una anécdota, porque sé que a partir de allí se puede construir un cuento. Entonces voy haciendo una lista en el celular -porque en realidad, ese dato aparece en el momento menos pensado- y queda allí para el momento necesario. Cada tanto miro esa lista y en mi cabeza comienzo a armar la historia, voy para atrás y para adelante, como si lo redactara en mi cabeza durante mis caminatas, antes de dormir, o en momentos supuestamente «muertos». Mi cabeza va a mil ordenando ese posible relato. Por ejemplo, el cuento que da título al libro, «Sin red», surgió porque una vez, escuché que existió un hombre, que se llamó Karl Wallenda, que jamás había escuchado, que era de una familia de trapecistas, de equilibristas de la cuerda floja, fundambulista -otro concepto nuevo que no conocía- así que traté de armar un relato que incluyera la historia de Wallenda. Siempre hay un disparador. El gran desafío es poder armar toda la arquitectura alrededor de ese dato inicial.

¿Tienen un hilo conductor?
Intenté cambiar el tono de los cuentos de los libros anteriores. Hay relatos más fantásticos, o que juega algo más con el suspenso, algún viaje en el tiempo. Según los presentadores y lectores que me hacen llegar sus comentarios, notan que más allá del tema de fondo, hay un nivel de detalle, de observación de situaciones y momentos mínimos que puede decirse que es parte de «mi estilo», si es que he logrado encontrarlo. Aunque creo que esa búsqueda del estilo, en literatura, como en el dibujo, es una búsqueda, un camino, que no tiene estación de llegada, es casi un viaje infinito.

Luego de tantos años escribiendo, ¿cómo es hoy tu vínculo con la escritura?
Si bien puedo decir que el periodismo es mi vocación, creo que, en el fondo tanto el periodismo, las caricaturas, los cuentos, siempre es contar historias. Más allá del género o del formato, siempre estás contando algo. Entonces diría que todo el tiempo estoy contando historias, algunas reales, otras a mitad de camino y otras inventadas. Siento como un escape que me permite salir de la adrenalina cotidiana del periodismo, tanto radial como televisivo. Me siento muy cómodo con la ficción. Hay que seguir aprendiendo y apostando. Seguir saltando sin red.

¿A la hora de escribir estás pensando en un hipotético lector, o no necesariamente?
Si, pienso en el lector. Porque cuando tengo un micrófono abierto en la radio o una cámara en la televisión, tengo que pensar sí o sí en la audiencia. Porque uno trabaja para la audiencia. Y no tengo otra forma de encarar la comunicación. Descreo de los que dicen que escriben para ellos solos. Siempre estás pensando en un hipotético lector, aunque lo inventes, aunque no exista. Porque a la hora de releer, o de corregir, o de leer en voz alta lo que escribiste, estás observando «desde afuera» del creador, para generar un texto pensando en ese hipotético lector. u oyente.

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