La ciudad y los bustos

Hemos sido testigos de buena parte de la historia de Montevideo. Podemos dar fe de los cambios que se sucedieron en ella desde que era una aldea rodeada por una muralla hasta que se transformó en esta jungla de cemento y asfalto llena de furia y apuro. Antaño, contemplábamos casi con piedad los “ranchos trémulos” del bajo; hogaño, nuestra vista no llega tan lejos: entre nuestros ojos y el horizonte “hay un cielo de mil ventanas” “y un mundo de mil terrazas”. Asomados por encima del parapeto que corona la casa que cuidamos, hemos visto llegar e irse, navegando el tiempo y “la corriente zaina” del Plata, los barcos a vela, los impulsados a vapor, y los pasmosos cruceros y portacontenedores. Ante nuestras miradas, la urbe ha vivido y mutado, igual y diferente a sí misma. Conocemos tanto sus bellezas como sus fealdades. Quizá por eso la amamos tanto.

(Ubicación: 25 de Mayo 428)