El domingo la alegría volvió al fútbol porque, protocolo mediante, quince mil futboleros, con niños pequeños papás y mamás, jóvenes y no tan jóvenes, me animo a decir que fueron los pioneros en el retorno a un espectáculo deportivo considerado, con justicia, pasión de multitudes. En esta ocasión y por primera o segunda vez, la selección comandada por el maestro Oscar W. Tabarez actuó fuera de nuestro Estadio Centenario. El veterano, el Estadio, claro, nacido (al igual que yo y tantos otros) en 1930 para convertirse en sede de un mundial donde la vieja celeste hizo historia, una historia de campeones que había arrancado en 1924, fue cambiado por el novísimo Campeón del Siglo levantado por el Club Atlético Peñarol e inaugurado el 18 de marzo de 2016. Uruguay jugó frente a Bolivia, fue el ganador, con un equipo integrado en su mayoría por jóvenes futbolistas, hicieron cuatro goles y los quince mil en las tribunas los alentaron, los vivaron y se marcharon felices por haber disfrutado de una selección que hacía un tiempo, no nos daba la alegría que solo un triunfo puede dar. Y lo más importante: nadie pidió que el Maestro diera un paso al costado. El Maestro sigue y seguirá hasta cuando el destino lo indique. Fue un domingo feliz, pero la vida sigue con o sin alegría con o sin felicidad, que, aunque nunca sea completa, siempre la buscamos y bienvenida sea cuando llega y se instala. En estos últimos días hubo algo que me llamó la atención: los remates judiciales y sin base de propiedades ubicadas en Montevideo, en Canelones, en Termas del Daymán. Desde una muy importante residencia en Pinar Sur hasta un terreno con mejoras el paraje Santa Teresita del departamento canario. Esto me trajo el recuerdo de momentos económicamente muy difíciles que vivió el país y obviamente, nosotros, sus habitantes naturales o no y fue con aquella nefasta “tablita” cuando aún vivíamos y/o sobrevivíamos en dictadura y años más tarde, en el 2002, precisamente, se nos vino encima no solo una devaluación sino también a nuestro ganado bovino le cayó como un rayo la fiebre aftosa. Hoy es nuestra salud, nuestras vidas amenazadas por la llegada de un virus que nos conduce a momentos de angustia, de miedo, de pérdida de trabajo, momentos plenos de incertidumbre que tal vez hace o hicieron que negocios y empresas entraran en el terreno fangoso del “no poder asumir, no poder hacer frente a aquellos compromisos contraídos cuando, las empresas, las Pymes, el trabajo diario, todo, se viera trastocado a partir del 13 de marzo de 2020, cuando el presidente de la República dio a conocer la emergencia sanitaria. Una noche hermosa, casi de verano se derrumbó frente nosotros y dio paso a la incertidumbre, al no entender, al enclaustramiento, a las pérdidas de vidas, de trabajo, de los endeudamientos, del “no puedo pagar”, “lo vendo”, “lo importante es la vida”, “todo lo demás va y viene”. Y así la ciudad se llenó de cortinas bajas y de carteles anunciando principalmente su venta. Sepan disculpar esta vuelta a un pasado tan hoy, pero el anuncio de esos remates judiciales hicieron las veces de disparador al deseo de comprender tantas cosas que rebasan esta pandemia. Hasta la próxima. Que seas feliz. ¡Y no dejes entrar al viejo!

