Mientras, allá abajo, la raza humana se entrega a su última locura, tan vieja y tan nueva como todas las que en el mundo han sido, nosotros permanecemos en las alturas, consagrados en cuerpo y alma a la búsqueda de los arcanos del orbe. Inefable, la antorcha de la ciencia nos ilumina. Sin pedantería, podemos afirmar que, bajo la guía de su luz, nos hemos asomado a los misterios de la vida y la muerte.
Mas, viajero que detienes tus pasos y levantas la vista para contemplarnos, “sediento de saber lo que Dios sabe”, no nos preguntes. Pues, aunque paradojal resulte, luego de tantas fatigas, a una única certeza hemos arribado: que es pura vanidad creer haber hallado la sapiencia. Así las cosas, solo un consejo te daremos: en dichosa ignorancia, continúa tu camino.
(Ubicación: Av. 18 de Julio 1824)






