Stairway to Heaven

De alguna manera, su rotunda belleza reproducía el orden establecido. Quien la mandó construir tenía bien claro que subir por ella no era para cualquiera. Se trataba de un acto trascendente, reservado a una minoría. Sólo las delicadas manos cubiertas de joyas de algunas selectas damas acariciaban las barandillas de noble metal bruñido. Únicamente los pies calzados con zapatos hechos de exclusivas pieles pisaban los peldaños que se elevaban hacia la luz que, como venida del Cielo, iluminaba el rellano. Y muy pocos llegaban más allá, a lo alto, donde se abría un espacio inaccesible para el vulgo. Un Olimpo donde los poderosos semidioses jugaban con los destinos de los comunes mortales.
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Quizá por eso, ahora que ha pasado tanto tiempo de todo aquello, mientras asciende con pasos cautelosos sus marmóreos escalones y le parece respirar el recuerdo del sahumerio de los habanos mezclado con perfumes de Francia, experimenta el travieso sentimiento de estar incurriendo en un inocente acto de profanación.
(Ubicación: Zabala 1520)