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Talvi: ¿Político o tecnócrata?

Talvi: ¿Político o tecnócrata?
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El 14 de agosto se realizó el lanzamiento de la candidatura de Ernesto Talvi, en un importante acto en el club Larreborges, dentro del partido Colorado. Se veía venir desde hace tiempo y de cierta manera generó movimiento en la interna de ese partido y también en toda la esfera política.  ¿Es un aporte a la política? ¿Existe la categoría de liberal progresista?  ¿Logrará la mayoría dentro del Partido Colorado? ¿Sirve para lograr que este partido crezca? ¿Cómo juega la salida de Sanguinetti en este panorama?  ¿Le robará votos a Novick?  ¿Lograra captar  a votantes indecisos o decepcionados de otros partidos? ¿Ayudará a elevar el nivel del debate? ¿Es un outsider?  ¿Neoliberal o batllista?

 

La audacia de la esperanza  por Medardo Manini

 

Participé del lanzamiento de la precandidatura de Ernesto Talvi y me provocó emociones y sentimientos que resumo en una palabra: esperanza. Si bien es temprano para vaticinar su derrotero, mostró es que el hombre la tiene clara. Vino a sacudir con audacia el escenario partidario y opositor, y quizás el nacional.

Talvi optó por incorporarse a la lucha electoral dentro del alicaído Partido Colorado, rechazando acuerdos que podían desdibujar el proyecto Ciudadanos o hacerlo dependiente de una figura como la de Julio María Sanguinetti. Una hipótesis interesante sería que finalmente Sanguinetti fuese el precandidato del sector que viene impulsando, que todavía no tiene postulante y cuya aparición, paradójicamente, se hace problemática mientras Sanguinetti esté en la cancha (lo de Sanguinetti parece tragedia griega: cuanto más intenta escapar de su destino, más se acerca a él). En esta hipótesis, si Talvi gana la interna colorada, se agiganta hacia las nacionales.

En tren de especular, algo similar pasaría en la interna frentista si finalmente Mujica es candidato: le daría la oportunidad a Daniel Martínez de competir con el “malla oro” y consagrarse como el nuevo gran campeón. Si se polarizaran de este modo las internas del Partido Colorado y del Frente Amplio, resultarían más atractivas que la del Partido Nacional, que por momentos parece que piensa que ya ganó la elección y que su histórico adversario, el Partido Colorado, no tiene nada que aportar (lo cierto es que, como está probado, el Partido Nacional solo no le gana al Frente Amplio).

La irrupción de Talvi y Ciudadanos también le plantea a la oposición nuevos desafíos. Su propuesta política y ubicación ideológica hacen que sea un competidor serial. Comparte con Novick su lejanía del sistema político, pero se diferencia diríase que en todo lo demás. Comparte con Mieres la preocupación social, pero se diferencia por su reconocimiento de los partidos fundacionales como constructores de la República. Comparte con Lacalle Pou algunos rasgos de formación, pero se diferencia al definirse como “liberal progresista”.

Talvi invoca al Batllismo del siglo XXI, fundando su credo en conceptos políticos e institucionales del liberalismo; pero a la vez se autodefine como progresista, comprometiéndose con la igualdad de oportunidades en el punto de partida, y la dotación de servicios de educación, salud y protección social de calidad, sin desmedro de las libertades individuales.  Un paquete que incluye democracia y derechos humanos, libre mercado, separación de poderes, instituciones republicanas al servicio de los ciudadanos de a pie, y su defensa frente a los abusos del Estado. El “completo de la casa”, que está faltando en el menú del Uruguay de hoy.

Talvi y Ciudadanos aparecen como una esperanza para contribuir a cambiar el rumbo político del país. Tarea gigante para un “outsider”, que Talvi asumió con coraje y responsabilidad cívicas, abandonando su “zona de confort”. Por eso merece el respeto y la expectativa que ya ha generado.

 

¿Político o tecnócrata? por David Rabinovich

En mayo de 2012 la revista de la Cámara de Industrias del Uruguay publicó: “… el Director Ejecutivo del Centro de Estudios de la Realidad Económica y Social (Ceres), Ernesto Talvi, advirtió que Uruguay desaprovechó la exuberancia económica de los últimos años para mejorar su capacidad de producir y es vulnerable ante un recrudecimiento de la crisis europea por su déficit fiscal estructural de 6,1% y el financiamiento del gasto privado. El economista se basó en datos históricos para anunciar que ante un contexto más adverso se observará «una reversión muy severa en los flujos de capitales» que arriban al país y otros emergentes, lo que «inevitablemente» afectaría la actividad económica y traería una fuerte devaluación, pero sin una crisis bancaria ni de deuda.”

Dicen los que saben que el Dr. Talvi ostenta el record de pronósticos fallidos, pero eso no es obstáculo para que sus opiniones sean consideradas dentro de las “relevantes”. No es el único caso de ‘equivocado serial’ que me viene a la mente.

Más atrás en el tiempo –a las puertas de una crisis terrible-La República (17 de agosto de 2000) recoge sus opiniones. “…considero muy importante proceder con rapidez a la apertura de los mercados de servicios públicos, que son un gran imán para atraer capitales productivos al país. Uruguay es el país con los más bajos niveles de inversión extranjera directa en América Latina. Es mucho mejor que las empresas internacionales vengan a instalarse al país que nuestra gente vaya a trabajar en ellas fuera de fronteras”. Hasta donde se conoce el economista no ha cambiado sus convicciones de siempre. No trae nada nuevo al Partido Colorado ni al sistema político.

En aquellos años proponía: “Hay que pasar raya y decir aquí empezamos de nuevo, afirmando con énfasis: tenemos un compromiso político con la apertura de los servicios públicos, por lo tanto aquí están los nuevos marcos regulatorios para las telecomunicaciones, la electricidad, los combustibles y el gas ya aprobados por el Poder Ejecutivo, necesarios para hacer operativos los nuevos marcos. Hay que dar una dirección para atender consultas de los interesados en operar en el país en cualquiera de estos sectores”. La idea de vender los bienes para aliviar los males no es novedosa, ni lo son sus consecuencias. La historia reciente de nuestras doloridas repúblicas es la de las traiciones permanentes a los intereses nacionales y populares.

En aquella oportunidad Ernesto Talvi dijo también: “Mi optimismo radica en que veo con claridad nuestro enorme potencial si aprovechamos la oportunidad para remover los obstáculos que han trancado por tanto tiempo a la inversión productiva. Pero las oportunidades hay que aprovecharlas. Todavía estamos a tiempo, pero no tenemos tiempo que perder”.1

Su candidatura es menos que testimonial, pero en el supuesto que la derecha acceda al gobierno es verosímil pensar que ocupe algún lugar importante en el equipo de gobierno de la restauración conservadora. En el Mercosur y en la región toda, las derechas se han radicalizado. Vienen dispuestas a desmontar los sistemas de protección social. Los sectores sociales amenazados directamente por ese futuro no parecen percibir con claridad la amenaza. Las izquierdas parecen ciegas y sordas ante la realidad de un ‘descontento’ provocado por expectativas insatisfechas tanto de las clases medias altas (por derecha), como de los sectores más lúcidos del movimiento popular (por izquierda). No es fácil avizorar hasta dónde será exitosa la campaña de cada candidato conservador. O si la suma de todos ellos alcanza para derrotar un ‘progresismo’ inmerso en contradicciones y empantanado en sus propias dudas y vacilaciones.

En el desértico panorama político colorado, Talvi aportará poco más que un puñadito de arena a partir de su imagen de intelectual y técnico “serio”. A pesar de sus errores, claro.

1 Fuente: La República.

 

Aportes al debate por Max Sapolinski

La semana pasada se concretó el ingreso de Ernesto Talvi a la política activa encabezando el nuevo proyecto “Ciudadanos” en el Partido Colorado. No por previsible dejó de constituirse en un relevante acontecimiento para la incipiente campaña electoral que comienza a perfilarse.

Talvi reúne una serie de características que lo hacen singular. Es ampliamente reconocido como un economista que por décadas se ha constituído en referente de consulta del quehacer público del país. Ha profundizado en el análisis de las políticas públicas desde la Academia, pero también ha estado cerca del sentir del ciudadano común recorriendo el país para consustanciarse mejor de las necesidades de su población. Si bien no ha ejercido cargos políticos, ha sabido mantener un vínculo de pertenencia partidaria heredado de su familia, que lo aleja de las características que suelen etiquetar a aquellos que no hicieron la carrera de militancia desde su juventud apodándoles “outsider” y que en casos en que las mismas están acompañadas por un prolífico desarrollo técnico-académico redunda en la definición de “tecnócratas”.

Claramente no es el caso que nos ocupa.

Uno de los principales males que aquejan al análisis es la constante tendencia a la simplificación por medio de estereotipos de la realidad que nos rodea. Por medio de los mismos se ha tergiversado la historia y se ha incidido en el normal desarrollo de la actividad política, estigmatizando a muchos a quienes por medio de argumentos era difícil enfrentar.

En el lanzamiento, Talvi de arranque demolió algunos de esos estereotipos que tanto daño suelen generar. Su autodefinición como liberal, progresista e internacionalista descoloca a aquellos que habituados a plantear todo por medio de los opuestos de blanco y negro, izquierda o derecha, conservador o progresista, no hacen más que buscar arrimar agua para su propio molino, sin percatarse de la necesidad que tiene la sociedad por mantener la mente abierta y preocupada por el bienestar de sus ciudadanos.

La conjunción de los términos, que para algunos no podrían estar conformando una misma frase, de liberalismo, progresismo e internacionalismo, no hace más que volver a dinamizar los viejos fundamentos del batllismo. La raigambre liberal, cimentada en la defensa a ultranza del Estado de derecho y la vigencia de la República, sumada a la obsesión por la conformación del “Estado de Bienestar” y un mundo abierto al cual poder volcar el esfuerzo de los uruguayos han sido las guías del accionar del Partido Colorado y del batllismo.

En estos pocos días de actuación política, Talvi ha alcanzado algunos logros destacables. Reivindicó viejas banderas con una visión fortalecida por la Academia y de cara al siglo XXI; con su discurso promete aportes fundamentados al debate de ideas; manejó propuestas de gobierno esenciales para temas críticos, como la educación; demostró que existe la posibilidad de obtener la adhesión de viejos partidarios colorados, pero también el apoyo de ciudadanos desencantados o apartidarios.                  No es poca cosa.

 

Talvi nos suma a “todos” por Alejandro Sciarra

Justo antes de emigrar a Italia, hace aproximadamente un año, tuve el inmenso placer de visitar a Ernesto Talvi en la oficina de CERES.

Había participado de uno de sus encuentros ciudadanos y más allá de alguna opinión o propuesta, me gustaba su oratoria. Su forma de presentar los temas, de dar el contenido y de concluir. Me sentía identificado con muchos de los valores que dice representar y me interesaba su perspectiva del Uruguay inserto en el contexto internacional.

Estuvimos charlando durante casi tres horas. No comentaré el contenido de la conversación, pero puedo decir que fue sin duda uno de los compactos más profundos sobre política que tuve en mi vida.

Todo esto para decir que creo que el desembarco de Talvi en terreno político nos beneficia a todos. A los votantes y a los candidatos. No me gusta decir que “elevará” la calidad de la discusión, porque la campaña es larga y da para todo. Creo que habrá golpes bajos y discusiones de calidad. De hecho, la campaña pasada no fue ajena al debate profundo. Pude ver notables entrevistas a técnicos y políticos de todos los partidos.

Talvi no es un outsider, no es un paracaidista que llega a la política sin saber de qué se trata. La relación de Talvi con el sistema político es de larga data. Sin ir más lejos, Batlle lo quiso de Ministro de Economía cuando estalló la crisis de 2002, y aunque no llegó a ofrecerle el cargo, sí le ofreció la presidencia del Banco Central, la que Talvi declinó. No es un improvisado ni alguien que venga a “despolitizar el sistema político”. No viene solo con críticas sino con un buque insignia que es su propuesta sobre la multiplicación de los liceos públicos de gestión privada, que aunque no es suficiente porque no solucionan el problema estructural que existe en la educación pública, es una propuesta prometedora y al parecer, bien estudiada.

En el terreno electoral, creo que es una maravillosa noticia. El Doctor en Economía puede captar una nada despreciable cantidad de indecisos. Estoy convencido de que puede “pescar” dentro de ese 35% del que hablaba hace unos días la Directora de CIFRA, Mariana Pomiés. Además, creo que absorberá de la cantera de Novick, quien engrosó sus filas con dirigentes de los partidos tradicionales donde aquellos ya no tenían un lugar, pero que además no presentó una sola propuesta desde su lanzamiento en 2016.

Hace tiempo se escucha y con razón, que para ganar la elección, el Partido Nacional necesita un Partido Colorado fuerte. Esta interna colorada se presentará más apetecible. Si bien Talvi incluye en sus filas a dirigentes colorados de toda la vida, y para votarlo a él, sus votantes deberán votarlos también a ellos, es un elemento nuevo que atrae al menos a un electorado interesado por el devenir socio-económico del Uruguay.

En conclusión, estoy convencido de que el Dr. Talvi llega con las mejores intenciones, con el sueño de aportar a la construcción de un Uruguay mejor, con inteligencia, y la ambición necesaria para llegar hasta el lugar que le permita ser instrumento de cambio. Bienvenido Ernesto, que disfrutes este camino y sobre todo, que puedas contribuir al Uruguay que muchos soñamos.

 

Un debate genuino por Fanny Trylesinski

El país necesita imperiosamente una alternancia de los elencos gobernantes. Esto solo será posible si la oposición crece, toda la oposición. Es por eso que cuanto más amplio sea el abanico de opciones que tenga la misma, más posibilidades existen de crecer.

En este contexto, la revitalización del Partido Colorado es fundamental. El reingreso del ex presidente Sanguinetti a la militancia partidaria activa puede contribuir al  retorno de votantes de  esa colectividad que se alejaron de  ella seducidos por los espejitos de  colores que  supo vender el Frente Amplio.

Algo similar sucede con el ingreso a la política del economista Ernesto Talvi. Se trata de un académico de prestigio que ha venido estudiando a fondo la realidad económica y social del Uruguay y que ha presentado múltiples propuestas tendientes a mejorarla. No es posible saber a esta altura cuál será el electorado que apoye sus propuestas. Talvi  plantea soluciones posibles y concretas para problemas sociales complejos que la coalición gobernante no supo o no quiso resolver en esta década y media  en  la cual gozó de condiciones económicas y políticas que ningún otro gobierno post dictadura tuvo.

Es deseable que los planteos de Talvi mejoren la calidad del debate político aunque para esto, como en el tango. se necesitan dos para bailar. Las reacciones que hemos visto en los últimos días desde filas para-oficialistas no permiten ser muy optimistas.

Es que es mucho más fácil utilizar etiquetas que permiten simplificar la realidad. En especial hay dos términos que parecen  encarnar mágicamente dos concepciones del mundo. Por un lado el “progresismo” en el que se encuentra todo lo positivo, decente, sensible socialmente, el país “productivo”, que se preocupa de su gente.

Del otro el “neoliberalismo”, representa todo lo “malo”, el gobierno del mercado, la economía por encima de las personas, la inmoralidad, el afán de lucro, el país “especulativo”.

Por más falso y maniqueo que parezca este discurso apolillado, el mismo  tiene una gran ventaja: su apuesta a la economía del pensamiento lo hace fácilmente  comprensible para cualquiera. De ahí su éxito.

Pero por otro lado, su desventaja radica en que bloquea cualquier tipo de debate genuino, es decir aquel que escapa al patrón del torneo de etiquetas. Un debate genuino presupone que los intervinientes pueden modificar sus posturas primarias a raíz del mismo. El tema es que tienen que estar dispuestos a ello y esa condición es incompatible con la visión maniquea expuesta antes. O será otra oportunidad perdida.

 

Talvi parece ser un “jorgebatllista” por Eduardo Vaz

 

Decía Wilson en el siglo pasado: «Partido colorado es el nombre que los uruguayos dan al gobierno». Ha sido el partido gobernante de la historia nacional y responsable, en gran medida, del país que heredamos en el siglo XXI.

 

Para quien tenga alguna noción del batllismo, es evidente que el Dr. Talvi nada tiene que ver con su versión original inspirada en Don Pepe y seguida por una pléyade de figuras como Arenas, Brum, Grauert, Luis Batlle, Flores Mora, Vasconcellos o Zelmar.

 

Por el contrario, el pensamiento y la acción del Dr. Talvi entroncan naturalmente con el otro Batlle, con Jorge y los Vegh Villegas y Pedro Bordaberry. Fue delfín de Ramón Díaz y su política en el BCU en los 90, bajo la orientación del herrerismo antibatllista, antiestatista, privatizador y reaccionario.

 

El dirigente colorado Fabián Pietro Villela se pregunta hoy: ¿qué votó Talvi en el referéndum de 1992? (1)

 

Ahora, si el Dr. Talvi se autodefine batllista, liberal y progresista, mejor para todos. En última instancia, refleja algo muy importante: hay ideas que no tienen mayor andamiento en el país.

Mucho se debe al batllismo original y su natural entronque con el frenteamplismo dominante en este milenio, que han hecho del país un ejemplo en tantas cosas, en el siglo pasado y en este renacer que tuvimos luego del legado nefasto del último Batlle.

 

Es muy bueno también que el Dr. Talvi se muestre como político y candidato, algo que estaba bastante disfrazado en los años de gobierno frenteamplista donde opinó de todo como buen opositor pero vestido de técnico independiente y objetivo.

 

La transparencia en esto es muy importante y ayuda a clarificar el lugar desde donde se opina y opera. Por ejemplo, el 5 de noviembre de 2008 el Director de Ceres vaticinó, científicamente,  un estancamiento de la economía nacional para 2010; sin embargo, hubo un crecimiento del 8,9% en dicho año: un «pequeño» error de cálculo…

 

En síntesis, Talvi parece ser un “jorgebatllista” con pleno derecho y coherencia.

Por tanto, es un opositor acérrimo al progresismo frenteamplista, al batllismo histórico y al nacionalismo wilsonista.

 

Es una buena cosa para el país que sigan surgiendo figuras dispuestas a disputar los liderazgos partidarios, esto da nuevas fuerzas a la democracia y renueva los elencos.

Los colorados actuales definirán libremente su candidato a la presidencia y, sobre eso, solo ellos tienen la palabra.

  • http://www.opinar.uy/batllistas-equipo-tradicion-y-el-dia-despues.html

 

 

Bienvenidos los que tienen el alma limpia por Roberto Elissalde

Recuerdo con indignación aquel momento, cuando todavía miraba la televisión, cuando el referente mediático de la política hizo su aporte a la educación del pueblo: primero pidió que el equipo del Frente Amplio presentara su propuesta económica y después –para no ser él quien hablara– pidió la opinión a quien definió como “el economista independiente Ernesto Talvi”. Era el último programa político antes de las elecciones de 2004 y desde su tribuna en Canal 12 el conductor quiso consultar una voz independiente. La conclusión de Talvi fue algo aproximado a esto: “Estamos ante una propuesta razonable de los partidos tradicionales, que tiene una solvencia probada a nivel internacional y una propuesta como la del Frente Amplio que, sinceramente, es un salto al vacío.”

No es que yo fuera un joven rabioso. Pero el intento de pasar gato por liebre del señor de los bigotes me hizo saltar la térmica… Talvi era integrante de los equipos de Ramón Díaz e Ignacio de Posadas. ¿Qué respuesta “independiente” se podía esperar de él?

El tiempo pasó, la política económica del Frente no sólo no fue un salto al vacío sino que fue un salto adelante: el mayor ciclo de crecimiento económico interrumpido del que se tenga registro. Es cierto que Talvi no dijo que iba a ser un fracaso, pero su manera de explicar la propuesta daba a entender precisamente eso. Se equivocó.

En 2015 Voces lo entrevistó y reconoció los méritos del equipo económico de la izquierda y se presentó como un liberal progresista. Es una buena noticia para el país, que siempre tuvo la experiencia de liberales en lo económico que tenían la perversa tendencia a asociarse con la derecha represiva y conservadora en lo social. (Jorge Batlle fue una excepción que no pudo fructificar porque tuvo que soportar la crisis de 2002, la aftosa y alguna otra plaga que no dejaron florecer su aparente liberalismo social.)

Es extraño para nosotros, pero algunos partidarios de Margaret Thatcher eran también defensores del libre consumo de drogas y del aborto. Para ellos era una faceta más de la libertad individual que, si no molestaba a terceros, no habilitaba al Estado a entrometerse. La verdad, es una cepa de liberales que me molesta menos que la de los partidarios de la represión a sindicatos y organizaciones de izquierda, que tanto sufrimos.

Entonces: bienvenido Ernesto Talvi a la cancha donde las democracias deciden los rumbos sociales, económicos, humanos. El mundo de la política tiene otras mezquindades que no todos los técnicos son capaces de bancar. Me alegra que Talvi se tire al agua en un partido que parecía moribundo, con una concepción económica que pueda aportar debate y que sea capaz de tender puentes con otros, en momentos en los que desde su partido algunas veces se descuida el valor de “la política” con tal de marcar algún puntito.

No estoy de acuerdo con el liberalismo que permite el libre juego de los actores (y actoras), que deja correr a las gallinas y al zorro a la misma velocidad o que autoriza el aborto y el consumo personal de drogas pero si te caes en la calle te recuerda que es tu responsabilidad cuidarte al caminar, tener previsión para pagar un buen seguro de salud y tener un teléfono a mano para llamar a la ambulancia.

No me importa a quién le saque votos (a la izquierda no será), así que saludo la aparición del “liberalismo progresista” (si es que eso es posible), pero más saludo que una persona se arriesgue a jugársela en el campo político en vez de quedarse al calorcito del lugar de respeto que tenía ganado en la economía.

 

Talvi y la renovación en el Partido Colorado por  Oscar Mañán

 

Todo hace pensar que Talvi apuesta a una renovación, lo curioso que se apoya en las viejas tradiciones y los caudillos que son responsables de la cuasi-desaparición del “partido de ideas” y como opción electoral. El ex presidente Battle, a quien Talvi le rinde homenaje, es el gran responsable de haberlo acercado a la política según dice. Ahora Sanguinetti, también presidente en dos ocasiones, tomó en sus manos la tarea de reconstruir al Partido. Estos líderes históricos, se sindican, a menudo, como los grandes tapones para las nuevas generaciones en el intento de tomar la posta en la renovación de las tradiciones partidarias.

 

El perfil de Talvi, a priori, parece no ser de los tradicionales políticos, varias de sus declaraciones se presentan como una búsqueda de alianzas, amplias y programáticas; cuestión que tampoco fue la impronta histórica de su partido. A Talvi, lo define su profesión de académico, responsable de CERES, y ciertamente aparece con perfil tecnocrático ya que no se lo ha visto en el lodo de las campañas electorales. Por lo tanto, podría decirse que es de la nueva camada de políticos, neoconservadores si usamos la terminología americana, que priorizan las soluciones técnicas despojándolas de su contenido político.

 

Justamente, la salida pública de Talvi que quizás más se recuerde, fue para debatir los resultados educativos y algunas ideas de posibles reformas del sistema. Tales ideas no se veían tan lejanas a las posturas de otros tecnócratas del gobierno o de otros sectores del oficialismo u oposición que vienen proponiendo un debate al respecto.

 

El desafío para Talvi es enorme, tanto si la renovación y la resurrección del partido colorado como opción electoral fueran el objetivo, o incluso si apostara a uno menos pretensioso en estos tiempos, de volverlo a potenciar como referente de ideas. Máxime luego del fracaso de políticos que han intentado el liderazgo y que podrían calificarse como de “jóvenes” para el contexto político uruguayo. Bordaberry no pudo dar la talla y lidiar con la “herencia maldita” de su apellido, a pesar que intentó por varios años. Amado, ciertamente, como un híbrido de político y con formación técnica, tampoco parece dar la medida para tal desafío.

 

La pregunta que cabe es si la era de los tecnócratas no pasó, mirando a la región, así lo parece. La época en que la política era una simple “sirvienta respondona de la economía” (como decía León Bendesky) parecería que quedó atrás. Hoy la gente reclama más política, y se aleja de los discursos de los noventa. Es muy difícil pensar en una transformación de ese estilo en el Partido Colorado, y más aún con la avanzada de Sanguinetti de los últimos meses.

 

En definitiva, sería menester una profunda crítica de ideas primero, pero también a la organización y al liderazgo de los últimos cincuenta años. El tamaño del desafío es gigantesco, y el mecías aún no aparece…

 

El economista candidato y el arrastre de multitudes por

 

Jose Manuel Quijano

 

¿Es un aporte a la política? Pienso que quien decide, de buena fe, dedicarse a la política, se propone aportar. Sin ese componente no existiría, o sería muy débil, la sociedad democrática. En el caso concreto ¿es un aporte? Lo veremos. Se hace camino al andar

 

¿Logrará la mayoría dentro del Partido Colorado? No tengo idea. Desconozco la interna colorada y las inclinaciones de su electorado. La declinación de los liderazgos anteriores no presenta evidencia de sustitutos claros. El Partido Colorado no muestra, me parece, una figura fuerte y de arrastre. La pregunta es si podrá el economista candidato cubrir ese vacío. No lo sé. Pero lo dudo.

 

¿Logrará que este partido crezca? Para que crezca tiene que arrimar de otro lado.

 

¿De los blancos? ¿Del partido de la gente? Pude haber algún corrimiento pero no creo que sea significativo. Me parece muy improbable que arrastre gente desde el FA porque ahí las diferencias con el economista candidato son profundas. Y el Partido Colorado perdió gente hacia el FA hace ya tres o cuatro lustros. Este no me parece el camino para recuperar electorado

 

¿Cómo juega la salida de Sanguinetti en este panorama? Sanguinetti es un candidato experimentado, inteligente y con vocación política. No le ayuda su edad. Pero me parece que la tarea que se ha propuesto no es la presidencia sino elevar el número de representantes de su partido en el Parlamento. En alguna medida creo que puede lograrlo y entonces aspirar a gravitar más en el futuro, toda vez que el triunfador en la próxima elección no tendrá muy

probablemente mayoría absoluta en el Parlamento

 

¿Lograra captar a votantes indecisos o decepcionados de otros partidos? Puede ser. Es la única apuesta que mejoraría las expectativas del economista candidato. Que un número de indecisos lo acompañe. Pero por lo que he visto hasta el momento (cierto que estamos muy al comienzo) no apostaría muchos boletos ahí.

 

¿Ayudará a elevar el nivel del debate? Quizá ayude. Esperemos que no haga discursos técnicos, que evite las obviedades, y que entre al intercambio de ideas con altura.

 

¿Es un outsider? Si, pero en el mundo actual no es un vicio sino una virtud

 

¿Neoliberal o batllista? Neoliberal, alentado por Jorge Batlle. Y ese no es, me parece, el mejor padrino para arrastrar multitudes.

 

Es la hora de los ciudadanos por Felipe Schipani

El nacimiento de “Ciudadanos” y la precandidatura de Ernesto Talvi dentro del Partido Colorado, fue de las principales noticias políticas de las últimas semanas. Y no es para menos, pues se trata de un prestigioso académico que dedicó los últimos veinte años de su vida a estudiar la realidad del país, y proponer soluciones.

Es una gran noticia para el Partido Colorado, que necesita de nuevos interlocutores que restablezcan la confianza con la ciudadanía, pero por sobre todas las cosas es una excelente noticia para la política. Cuando se advierte que el nivel de la dirigencia y el debate político decaen, la incorporación de un actor formado, serio y riguroso es un motivo de celebración.

En su primera aparición pública frente a más de 2000 personas en el Club Larre Borges, Talvi trazó las grandes líneas de acción de Ciudadanos. En lo político es un movimiento nuevo. Es además un proyecto renovador que procura generar una nueva cultura política que busque servir a la política y no servirse de ella.

En lo ideológico somos liberales y progresistas. Liberales porque creemos en las instituciones de la democracia liberal, y progresistas porque las desigualdades sociales hay que corregirlas garantizando igualdad de oportunidades. Como a principios del siglo XX construimos un estado de bienestar modelo, el desafío es diseñar un nuevo estado de bienestar para el siglo XXI.

El buque insignia de la propuesta es la educación, pues gran parte de los problemas de nuestra sociedad se explican por el deterioro educativo. Esto ha generado una verdadera grieta entre aquellos jóvenes de contextos favorables que a través de una educación de calidad pueden acceder al mercado de trabajo, y aquellos jóvenes de contextos desfavorables que son expulsados del sistema. A fin de revertir esa grieta se propone la creación de 136 liceos modelo en los barrios más carenciados del país.

En materia de seguridad, Ciudadanos pone el énfasis en las causas del delito, que tiene su origen en la fractura social. Se hace asimismo un fuerte hincapié en la rehabilitación de las personas privadas de libertad. Por su parte se plantea una represión inteligente, aunando los esfuerzos en materia de inteligencia del Estado para desarticular las mafias del narcotráfico.

Otro de los ejes es el económico. Se reconoce que si bien el país ha venido creciendo, este crecimiento ha sido inarmónico, debido a que en los últimos tres años se han perdido 50 mil empleos. Para revertir esta situación es necesario generar condiciones favorables para la inversión y  abrirse al mundo.

El nacimiento de Ciudadanos nos llena de esperanza, y la tarea que tenemos por delante es trasmitirle a la mayor cantidad de uruguayos, de que es posible construir un mejor futuro.

 

La historia recién comienza a escribirse por Rodrigo da Oliveira
     
Oliveira           

 

Renovador. Neoliberal. Batllista. Populista. Demagogo. Progresista. O sus combinaciones.
Somos liberales, dijo él mismo.
Estas y otras hemos oído en estos días acerca de Ernesto Talvi, nuevamente llegado a la política, política dentro en la cual ha estado presente en los últimos 30 años, sino más.
Desde el Instituto Ceres recibíamos sus análisis y proyecciones. Tuvo actuación pública oficial en los 90`. Ha sido elogiado y vapuleado, sindicado por algunos como presente y omiso y situaciones de la banca de esa época.
Su formación y currículo impresionan, su cintura política la veremos en los próximos meses, de acuerdo a los hechos políticos que logre ir generando y a la agenda que logre marcar.
Al otro día mismo de su presentación en el club Larre Borges debe haber sentido arder sus orejas. El submundo tuitero le dedicó mimos, caricias, suplicio y garrucha. En prensa tuvo destaque, en las radios y tv comienza a aparecer en esta nueva etapa.
Habló de educación y economía, dos áreas que conoce de cerca y en profundidad.
Hablo de cuidar el gasto, de cómo sería posible hacerlo. De abrir mercados y abrir el país al mundo. De seguridad.
Las propuestas generan pros y contras, todas ellas. Preguntas sobre la manera de llevarlas a cabo y de qué manera financiarlas. No parece ser uno de sus puntos flojos, antes bien se lo ve sólido en ello.
Carga con el bagaje de haber formado parte de gobiernos anteriores y en tiempos controvertidos, para otros eso representa una ventaja en cuanto a la experiencia.
Las exigencias que se le plantean son de neto corte político, necesitará posicionarse por encima de las discusiones de segundones e intentar instalar aquellos temas en los cuales se desempeña mejor, mientras continúa su fogueo público y mediático. Deberá buscar entre gente formada académicamente y otra conocedora de la arena, estos últimos destinados a dar la batalla en el barro que vendrá.
La aparición de Sanguinetti al mismo tiempo, volviendo fuerte al ruedo, es otro apoyo grande para el mismo Talvi. Dudas generaba la oportunidad y la conveniencia del dos veces Presidente, en este momento. La recepción que tuvo creo que superó con creces las expectativas, tanto a nivel de dirigentes como del votante llano. En su mejor versión, salió firme a sacudir las viejas banderas coloradas, esas mismas por las cuales fue acusado de arrastrar por el lodo y llevar al Partido Colorado a números históricamente bajos.
Ambos sectores suman, siendo favorable la coyuntura a Talvi y esta coincidencia temporal no parece azarosa, claro está.
Sanguinetti es uno de los políticos más hábiles de los últimos años en nuestro país. A hoy, tal vez sólo Mujica sea el otro dinosaurio apto para hacerle sombra. En aquel deberá buscar aire el novel candidato, cuando las cosas se pongan difíciles y el aparato estatal esté en marcha, apoyando al candidato del gobierno.
Temprano en para proyecciones, falta ver a Talvi en la calle, en el mano a mano con la gente. Hasta ahora “ha pescado en la pecera”, como decía un twit por ahí, cuyo autor no cito porque no recuerdo. Es así. La historia recién comienza a escribirse, los dados corren… ¿los números serán suficientes para lo que espera lograr?  Continuará…

 

Talvi, una interrogante por Mauro Mego

 

Talvi es hoy una interrogante y en política no es bueno sacar conclusiones apresuradas. En principio parece positivo que se haya definido por competir dentro de una colectividad tradicional como el Partido Colorado. Independientemente de los beneficios que pudiera acarrear para el la divisa de Rivera, parece sensato que atienda el perfil partidocrático de la sociedad uruguaya y juegue dentro del marco conocido, aunque, contradictoriamente, también se le nota esforzado en no no adherir con mucha intensidad a los símbolos del Partido. Parece más preocupado por mostrar una imagen pluripartidista, algo visible en la gráfica de su logo, la decoración de su acto, las banderitas, todas coloridas, donde el colorado aparece como un color más. Esto no es un detalle menor, como tampoco lo es la elección del nombre de su sector: “ciudadanos”, apelando al viejo estereotipo de elector despartidizado, homogéneo y anónimo y cuyo antecedente más cercano se me aparece el novel partido de centro-derecha español liderado por Albert Rivera, también llamado “Ciudadanos” que junto con PODEMOS vino a romper el bipartidismo español.

Pero una cosa son las intenciones y otra cosa serán los hechos. En este Partido Colorado en transición, parafraseando a Gramsci, lo viejo no termina de morir y lo nuevo no termina de nacer. En ese contexto, el economista de frecuente consulta de muchos medios de comunicación sale de la “neutralidad” (¿es posible la neutralidad?) para meterse de lleno en este mundo de políticos. Tendrá que transformarse en algo más que un expositor medido de propuestas  estudiadas en esos escenarios bien parecidos a los actos políticos modernos de Europa o EEUU,   tendrá que ir más allá de su definición liberal-progresista para exponerlo de forma práctica en proyectos que representen su mencionado sitio ideológico. Estará por verse si puede prescindir de los símbolos partidarios, no tengo claro cual sería el mejor camino. El Jefe colorado está de nuevo, o mejor dicho, nunca se fue, abría que ver qué  grado de incidencia tiene aún el Dr. Sanguinetti dentro de este partido hoy escuálido. Tengo la impresión que aunque no lo veamos claramente, su voz cuenta.

Podría decirse que si Talvi comprende las dinámicas-a veces voraces-de los partidos políticos puede llegar a ser un beneficio para un partido que no tiene demasiado para perder hoy cuando se encuentra en su más bajo número histórico. Si,de lo contrario, se asienta mucho sobre sus propias virtudes y sus “planes” junto a sus “equipos” y descuida que está jugando un partido complicado dentro de una colectividad centenaria, puede visualizarse un naufragio. Pero de verdad tampoco podría sacar una conclusión terminante.

 

Su salida a la cancha tiene puntos positivos por Gonzalo Maciel

La irrupción de Ernesto Talvi en el escenario político no es una novedad. Él ya entraba y salía de la arena política como técnico, y desde su Fundación ya elaboraba diagnósticos y propuestas que generaban debate, adhesiones y críticas de distintos actores políticos. A su vez,  su nombre sobresalió en la escena política fogoneado por el ex presidente Jorge Batlle, quien le hizo de punta de lanza y promotor. Aunque pueda decirse que es un outsider, inteligentemente eligió un Partido ya instalado, en crisis, pero ya instalado, teniendo en cuenta la fuerte identificación partidaria que aún persiste en la sociedad uruguaya.

Se ha autodefinido ideológicamente como liberal progresista, sin embargo hasta ahora parece más bien un liberal devenido al batllismo. Su salida a la cancha tiene puntos positivos, que beneficiarían a la política en general. En primer lugar, al ser una suerte de outsider, carece de vicios políticos y ya declaró intenciones de que su sector se desprenda de viejas prácticas para realmente ser algo nuevo y distinto. Por otra parte, manifestó que sus exposiciones se basarán en presentar diagnósticos y propuestas, sabiendo que si ingresa en un debate puramente ideológico su poca experiencia en política le puede jugar en contra. Esto debe ser un llamado de atención a sus rivales ya que los obligará a elegir muy bien a sus interlocutores a los efectos de debatir propuestas bien fundamentadas. Por último, en caso de llegar al parlamento, probablemente contribuya a elevar el bajo nivel de las propuestas y del debate en el Poder Legislativo.

En lo político electoral es donde quizás tenga más desafíos retando las estructuras del Partido Colorado y ni más ni menos que a un ex Presidente. Amado no será rival porque justamente el espacio de la renovación que pretendía ocupar el diputado lo ocupará Talvi -es lo nuevo- con la ventaja de nunca haber pertenecido a las estructuras formales del Partido. Otro desafío es no entrar en la dicotomía políticos vs tecnócratas, deberá hacer valer su ventaja que es hablar desde lo técnico pero tendrá que tener una buena estrategia de comunicación que pueda exponer sus propuestas sin ser acusado de tecnócrata sin sentimientos. Por ultimo -pero no menos importante- si gana la interna, en octubre deberá pescar votos en otras peceras, le será más fácil en la de Novick y en algunos sectores del Partido Nacional, y también podrá captar a aquellos sin partido. A priori, su perfil no le permitiría captar votos dentro de filas del Frente Amplio.

Talvi tiene una buena oportunidad de posicionarse dentro de su partido, de acceder al Parlamento y de aportar al debate nacional, tan pobre en los últimos años.

Talvi: No te creo nada por Carlos Luppi

 

Como observador de la economía nacional, he seguido con atención la trayectoria del siempre influyente economista Ernesto Talvi (1957) desde la década del ´90.Talvi ingresó de la mano del Dr. Ramón Díaz en 1990 al Banco Central, luego pasó al Banco Interamericano de Desarrollo y de ahí, en 1997, a CERES, donde se recuerdan sus exposiciones de fines de 2002, que exculparon de responsabilidad en la gran Crisis de dicho año a los altos funcionarios locales, contrariamente a lo que hizo el Parlamento. Señaló que la misma se había debido a «accidentes ocurridos en lejanos mercados de capitales», cuando la misma fue -al igual que la Crisis de 1982- el resultado de equivocadas políticas endógenas llevadas adelante por los gobiernos que se sucedieron entre 1985 y 2005, provocadas por tres políticas nefastas: la sobrevaluación de la moneda nacional (o «atraso cambiario»), la apertura comercial irrestricta, y privilegio radical al sistema financiero, ya que se había elegido el modelo de «Uruguay, país de servicios». En tal sentido fue un férreo defensor del «sistema de paridad deslizante», similar a la «Convertibilidad» de Domingo Cavallo en Argentina, que provocó la Crisis de 2001 allende el Río de la Plata.

En esa época, mientras el Uruguay era arrasado por la tremenda crisis, Talvi pronunció una frase famosa: «Éstos no son tiempos de Keynes». Todos son tiempos de Keynes, pero los de crisis más que ningunos, ya que la ideología y praxis keynesianas resolvieron todas las grandes crisis, desde la Gran Depresión de 1929 a la Gran Recesión 2007 – 2010.

Ocurre que Talvi se doctoró en la Universidad de Chicago, bajo el magisterio de Milton Friedman, Premio Nobel de Economía 1976, el economista «liberal» que asesoró personalmente al dictador chileno Gral. Augusto Pinochet Ugarte, cuyos discípulos dirigieron también las economías en Argentina y Uruguay durante las dictaduras «monetaristas» de los años ´70. El pensamiento de Friedman volvió en la llamada «década neoliberal» con los presidentes Carlos Salinas de Gortari, Alberto Fujimori y Carlos Menem, entre otros. En esta corriente de pensamiento actuó siempre Ernesto Talvi, y puedo citar sus recordadas exposiciones.

Fallecido el Dr. Ramón Díaz, pasó a ser el más claro expositor en Uruguay del pensamiento «neoliberal» (para mí lo correcto es llamarlo «dirigista de derechas»), que apunta a un cierto darwinismo social (preconizando la supervivencia de los más fuertes), y que ha sido contrario siempre a las políticas ideadas e implementadas por John Maynard Keynes, Franklin Delano Roosevelt, John F. Kennedy y, entre nosotros, José Batlle y Ordóñez y Wilson Ferreira Aldunate, entre otros pensadores y políticos.

Desde hace unos pocos años, Talvi ha «refundado» su imagen, y ha recorrido el país hablando sobre varios temas, particularmente la educación, en donde su principal propuesta es construir 136 liceos.

Al lanzar su campaña en el grupo «Ciudadanos» (homónimo del español) del Partido Colorado, se definió como «progresista – liberal» y partidario de un «Estado de Bienestar moderno para el siglo XXI».

Se ha ubicado reiteradamente bajo un supuesto «padrinazgo» del difunto Jorge Batlle, pero a dicho líder lo abandonó a su suerte cuando el entonces presidente, desesperado, lo fue a buscar a su casa para nombrarlo ministro de Economía en lo peor de la crisis de 2002, mientras se estaba desarrollando un intento de golpe de Estado encabezado por Ramón Díaz, como surge de los libros «Con los días contados» del recordado Claudio Paolillo y «Batlle – El profeta liberal» de Bernardo Wolloch.

¿Es un aporte a la política? Sí, la verdad surgirá sola y es bueno tener movimientos de derechas auténticos.

¿Existe la categoría de liberal progresista? No. Lo ridiculizó bastante Darwin Desbocatti, pero no hay espacio para reiterarlo.

¿Logrará la mayoría dentro del Partido Colorado? No lo creo, los operadores sanguinettistas son mucho más astutos y más conectados con la gente.

¿Sirve para lograr que este partido crezca? Como bromeó Kid Gragea en «Búsqueda»: «Cualquier monedita sirve».

¿Cómo juega la salida de Sanguinetti en este panorama? ¿Le robará votos a Novick? ¿Logrará captar  a votantes indecisos o decepcionados de otros partidos? Son temas complejos y opinables, que darían para otra entrega.

¿Ayudará a elevar el nivel del debate? Ésta sería una atractiva posibilidad, si en Uruguay hubiera debates políticos en serio. Me gustaría que algún político en serio discutiera políticamente con él.

¿Es un outsider? De ninguna manera: a sus 61 años es un veterano operador político que ahora sale a la luz.

¿Neoliberal o batllista?  Como podría haber dicho Wilson: «no le hago el agravio a José Batlle y Ordóñez ni a Luis Batlle Berres de afirmar que Ernesto Talvi es Batllista».

Talvi es discípulo de  Milton Friedman y de Ramón Díaz.

Es bueno que salga a la cancha y será mejor cuando se vaya inevitablemente sincerando.

No faltará oportunidad de seguir hablando sobre el precandidato Ernesto Talvi.

 

 

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