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And the winner is

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Las elecciones presidenciales francesas del pasado 23 de abril seguramente hayan sido de las más atractivas de la historia del país galo. Es que pocas veces acontece que cuatro candidatos lleguen al día de la elección con chances reales de pasar a la segunda vuelta.

La ultraderechista Marine Le Pen y el autodenominado candidato de “centro” Emmanuel Macron finalmente disputarán la Presidencia de la República en el balotaje, mientras que el candidato conservador François  Fillon y el izquierdista, líder de la Francia Insumisa, Jean-Luc Mélenchon quedaron por el camino.

A minutos nada más de conocerse los resultados electorales ya comienzan a brotar los análisis de quiénes son los ganadores de la jornada. Sin duda alguna, más allá de que Macron y Le Pen siguen en carrera, hay que destacar la victoria de Mélenchon. Es que el líder de la Francia Insumisa obtuvo casi el 20% de los votos, superando ampliamente a Benoit Hamon, candidato oficialista, del Partido Socialista, que consiguió solo el 7% de las adhesiones; pero además estuvo cerca de los máximos guarismos históricos conseguidos por la izquierda francesa de la década del 70.

Por otra parte hay que destacar la infraestructura y los recursos que poseen los distintos candidatos presidenciales; las posibilidades económicas, el acceso a los medios de comunicación masivos, etc. No existe duda que Mélenchon –de los cuatro aspirantes con chances reales– era el candidato que contaba con menores recursos, pero la creatividad y la fuerza de sus militantes lograron paliar esta situación.

Ganadores y perdedores

Cada vez que existe una competencia, de las características que fuere, habitualmente hay un ganador, pero esta situación no convierte al resto en perdedores. Por ejemplo, en los últimos años se ha puesto de moda correr, términos como 5k o 10k pasaron a ser habituales. En estas competiciones hay solo uno que corta la cinta en la meta, pero el resto de los competidores no se convierten todos en perdedores, sino que poseen objetivos diferentes, no todos aspiran siquiera a subir al podio, sino que apuestan por mejorar determinados tiempos o incluso solo a completar el trayecto de la carrera.

En los procesos electorales ocurre algo similar. No se trata de “ganadores morales”, como definió el portal web del diario El País de Madrid, sobre el resultado de Mélenchon, sino de ganadores reales, por el hecho de alcanzar las metas políticas trazadas.

Las victorias obtenidas por Mélenchon en Francia son tales como haberse convertido en el líder de la izquierda con mayor apoyo popular de los últimos años, ratificar su rol como una de las principales figuras de la oposición al próximo gobierno (avalada por su caudal electoral) y superar las adhesiones del Partido Socialista (actual oficialismo francés), entre otras.

La campaigne

Cuál fue el peso real de la campaña electoral de Mélenchon en el resultado final de las elecciones nunca podremos saberlo, pero lo que sí podemos notar es que la creatividad estuvo a la orden de los insumisos franceses, al igual que el trabajo continuo y el creer siempre en su líder y en sus propuestas ciudadanas.

Uno de los primeros elementos a tomar en cuenta en este proceso, y quizás lo que puede denominarse como el inicio de la campaña, fue la disolución de su antiguo colectivo político: el Front de Gauche (Frente de Izquierda) y la creación de la France Insoumise.

El dejar de lado un partido político convencional y sustituirlo por un movimiento de características ciudadanas y populares, en momentos en que gran parte de la población mundial se aleja cada vez más de los políticos y el desprestigio de las estructuras partidarias se agudizan, puede que haya sido también un llamador para que algunos votantes se sientan mayormente identificados y se acerquen.

También hay que recordar la caravana insumisa, que fue una de las primeras acciones concretas de campaña. Se trató de militantes y dirigentes recorriendo el territorio Francés, conversando y escuchando a los habitantes galos. Además hay que destacar la elaboración de un programa (L’avenir en CommunEl Futuro Juntos–) en donde la ciudadanía participó activamente y donde pudo presentar propuestas, fue otra característica de la campaña.

Quizás ninguna de las dos mencionadas sean tan novedosas, pero sí lo fue el uso de la tecnología, con la presentación de un holograma de Mélenchon en un mítin, pudiendo realizar dos actos en simultáneo, en París y Lyon; pero más allá del hecho concreto, el candidato presidencial logró llamar la atención de la prensa y de los votantes con esa acción.

El uso de las redes sociales, un canal de YouTube bien trabajado, programas de radio, la creación de un video juego o una serie de pequeños actos en los que Mélenchon arribó en una barcaza que recorrió el Sena, sin dudas formaron parte de la creatividad continua de la campaña electoral. El apelar a lo novedoso sirvió para poder ganar espacio en la prensa nacional y lograr así ganar espacios a aquellos que tienen mayor poder económico o a medios de comunicación masiva afines a su ideología.

También fue fundamental el discurso, y allí el candidato se posicionó en la izquierda, marcando diferencias con el gobierno de François Hollande, del Partido Socialista, y enfrentando fuertemente a la derecha y a la centro derecha francesa, proponiendo entre otras cosas la salida de Francia de la OTAN y el acercamiento a América Latina, entre otras cosas.

No existen dudas que Mélenchon fue la sorpresa y uno de los ganadores de la elección presidencial francesa, en cuanto al porqué del resultado pueden levantarse múltiples hipótesis, vinculadas a la coyuntura política, social y económica, pero también hay que destacar las características del candidato y fundamentalmente a la fortaleza de su campaña electoral.

Recientemente un candidato presidencial chileno me preguntaba cuánto pesa el postulante y cuánto la campaña electoral en un proceso eleccionario. Ambos pesan mucho y están relacionados entre sí: difícilmente un mal candidato gane con una buena campaña y también resulta complicado que un buen candidato gane si tiene una mala campaña.

La apuesta entonces debe ser siempre a la profesionalización y a la óptima utilización de los recursos existentes de campaña, sumados a una buena planificación y fundamentalmente contar con un buen candidato.