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Apadrinado, Bibi insiste por Ruben Montedónico

Apadrinado, Bibi insiste  por Ruben Montedónico
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En un año con elecciones por todas partes se suma un grupo de segundas vueltas y, en el último tiempo, un terceto por disoluciones de alianzas de gobierno o porque éstas no se pueden consumar. En Austria, el 28 de mayo se disolvió el gobierno tras pedir el canciller Sebastian Kurz un voto de confianza y no obtenerlo. Kurz gobernaba desde el liderazgo de su derechista Partido Popular en alianza con el socialdemócrata Partido de la Libertad. En Grecia, el premier Alexis Tsipras adelantó elecciones generales (debieran ser en octubre) porque el partido de gobierno, Syriza, fue superado en los comicios europeos por la formación de derecha Nueva Democracia, liderado por Kyriakos Mitsotakis: la fecha se anunciará tras la segunda vuelta de las municipales de esta semana.

Por último, en Israel, al no poder Benjamín (Bibi) Netanyahu formar una alianza debió convocar a otros comicios para integrar la Knesset. Las apetencias de Bibi se corresponden con los intereses de lo peor del sionismo -coincidiendo internamente con el expansionismo de los ultraortodoxos-, los apoyos de la Casa Blanca, el lobby estadunidense -que incluye legisladores, medios de comunicación y de entrenamiento- y una palanca que es a la vez familiar y pulga en la oreja del presidente, Jared Kushner, para confirmar el poder de Israel, portaviones y potencia nuclear mezzoriental.

El sionismo dominante en Israel, que se adueñó del judaísmo para manejarlo como algo propio, como si de un sinónimo se tratase, que tiene como líder político a Netanyahu, ha convocado comicios para el 17 de septiembre porque no ha podido concretar la formación de un nuevo gobierno. Una distancia esencial entre Bibi y Avigdor Lieberman (de Israel nuestra casa, de la derecha secular) gira en torno a las desavenencias sobre un proyecto de ley del primero que convoca a ultraortodoxos (otra parte de la antigua alianza) a realizar el servicio militar de dos años.

De fondo está como cuestión medular para no ceder fácilmente ante Bibi, que éste figura reiteradamente acusado de corrupción, por lo que el servicio militar de los ultraortodoxos es sólo una parte de los contenciosos con Lieberman (un inestable socio de la alianza). La corrupción tras Bibi parece ser una cuestión familiar consustancial: su esposa, la señora Sara, se declaró culpable de un delito menor de este tipo y debió pagar una multa de más de 15 mil dólares.

Asimismo, una ley que conllevaba un alto grado de impunidad para dirigentes políticos fue ampliamente rechazada por los israelíes -que concretaron amplias y ruidosas manifestaciones callejeras- y finalmente fue desechada por la Knesset. El repudio público en Tel Aviv incluyó a manifestantes portando el sombrero otomano (fez) exhibiendo carteles referidos a Netanyahu en que se leía “Erdogan (presidente turco) ya está aquí”.

En una región donde los gobernantes, incluso aquellos que dicen ser electos democráticamente y declaran ser muy republicanos, terminan imitando a las monarquías hereditarias del tipo de los Saúd, los Emiratos Árabes Unidos las realezas kuwaitíes o de Bahrein, Qatar, Omán, no es difícil entender que ante tales rodeos Netanyahu quiera darle sentido a como popularmente se lo conoce: “el rey Bibi”.

Por si fuera poco, desde la columna vertebral del capitalismo llegó al gobierno de Tel Aviv un espaldarazo que por descontado no tiene menos valor sino uno superior cuando se da previo al intento de alcanzar un nuevo gobierno: correspondiendo a la declaración de Bibi apoyando la iniciativa de Trump de construcción de un muro de separación con México en la frontera, desde Washington éste declaró en un tuit de abril pasado: “Tras 52 años, es hora de que Estados Unidos reconozca plenamente la Soberanía de Israel sobre los Altos del Golán, que tiene una importancia estratégica y de seguridad crítica para el Estado de Israel y la estabilidad regional”. Antes, en diciembre de 2017, Trump había reconocido a Jerusalén como capital de Israel y ordenó en 2018 el traslado de su embajada a esa ciudad. El hecho fue correspondido por Bibi y como parte del agradecimiento por el reconocimiento del territorio que se anexó en 1981 afirmó que una futura colonia en el lugar se llamará Donald Trump.

Según fuentes europeas en Medio Oriente, la posición de Washington que satisface al gobierno de Tel Aviv es “una prueba más de que el gobierno de Trump está dispuesto a ignorar el derecho internacional para satisfacer las demandas israelíes, incluidas las resoluciones del Consejo de Seguridad respaldadas por administraciones anteriores”.

Las retribuciones públicas de Netanyahu al presidente estadunidense tienen relación, en primer lugar, con los altos índices de consideración positiva de la que goza Trump entre la ciudadanía de Israel, lo que el postulado a “reinar” aprovecha en estas circunstancias electorales en provecho propio. También en su réplica agradecida da su apoyo a medidas políticas concertadas y combinadas con Estados Unidos, Arabia Saudita y otros, de apremios contra Teherán, y escribe: “En un momento en que Irán trata de usar a Siria como plataforma para destruir a Israel, el presidente Trump reconoce audazmente la soberanía israelí sobre los Altos del Golán. ¡Gracias, presidente Trump!”.

En un mundo injusto, con ciudadanías “bombardeadas” desde cadenas de comunicación empresariales que secundan al imperialismo y el sionismo se intenta por todos los medios hacer olvidar, por ejemplo, la intercepción en la soberanía uruguaya por marines de lo que llamaron “terroristas” (los árabes llegados de la cárcel estadunidense extraterritorial de Guantánamo); las declaraciones impropias de una embajadora de Tel Aviv acerca de cuestiones propias del presidente y la cancillería, y la remisión de soldados de nuestro ejército a los Altos del Golán anexados por Israel. A más de 12 mil kilómetros de distancia, no sólo Enrique Rodríguez Larreta anduvo descuidadamente en 1948 por Medio Oriente: en 2019 van mujeres y hombres del ejército oriental vestidos como cascos azules.

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