Home Contravoces Bestiario
0

Bestiario

Bestiario
0

Los geógrafos suelen afirmar que ya no quedan lugares inexplorados en el mundo. A primera vista, el aserto parece portador de una verdad irrefutable. Empero, como todas las verdades, esta es relativa. Aquí, al sur del sur, a orillas del estuario del Plata, una singular sabana aguarda a quienes desembarquen por estas costas.

No se extiende, como la africana, en sentido horizontal, sino que su territorio se eleva en la dimensión vertical, cual si aspirase a confundirse con el cielo. En ella no se han de hallar pastizales, ni baobabs, ni fieras, ni animales salvajes de carne, pelo y hueso. Mas sobre su territorio reina el mismo monarca que en aquella: el león.

La variedad que impera en Montevideo tiene algunas particularidades que la hacen única. Su hábitat natural se sitúa en las fachadas de no pocas de las casas más antiguas de la urbe, desde donde estos exóticos félidos acechan con regia actitud al paseante. Aunque nadie haya podido probar que, al igual que sus congéneres de allende el Atlántico, representen un peligro para los humanos, poseen manifiestas cualidades que despiertan respeto. Además, los estudiosos del tema sostienen que sus creadores, un grupo de iniciados en la sabiduría esotérica (¿masones, rosacruces, alquimistas?, las versiones difieren según la fuente), les infundieron un oculto poderío antes de liberarlos en las alturas de la urbe.

Si bien presentan una morfología variopinta y gran diversidad de tamaño, algunos ejemplares destacan por sobre el resto. Según imágenes registradas por un anónimo “cazador” durante un safari fotográfico citadino, dos de los más notables quizá sean aquel que, en una demostración de grandiosidad, sostiene entre sus fauces el Ouroboros (símbolo del eterno devenir) y, no hay dudas, el temible león trifronte, subespecie emparentada con el famoso can Cerbero, guardián de las puertas del inframundo.

Lamentablemente, avanzado el siglo XXI, esta admirable raza se encuentra en peligro de desaparecer. Vale la pena realizar una incursión por sus dominios y disfrutar, antes de que se extinga, su formidable esplendor.

temas: