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Qué tango hay que cantar

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María de los Ángeles Álvarez de Ron presenta su tercer disco llamado “El tango y un himno de amor”. Será en la Sala Zitarrosa el próximo miércoles 9 de agosto a las 20:30 horas. La acompañará, entre otros, el maestro argentino Miguel Ángel Barcos, director musical y arreglador de este nuevo disco. La cantante contó a Voces cómo fue su camino musical y cómo vive su presente artístico.

María ha llevado su voz y el tango por varios países. Entre muchas ciudades cantó en Tokio, Kioto, Kobe, Hiroshima, Washington DC, Varsovia, Buenos Aires y Barcelona. Ha interpretado tango en japonés.

En este nuevo disco presenta doce temas en total, que incluye dos clásicos en francés de la reconocida y admirada Edith Piaf. Los músicos que acompañarán a la cantante son: Miguel Ángel Barcos (piano), Jorge Goyos (bandoneón) , Juan Chilindrón (contrabajo) y Ángela Varela (Flauta) .

Habrá además un despliegue de baile con los más destacados bailarines de tango uruguayos, un gran vestuario y como invitado especial el cantautor Luis Esquibel.

¿Cómo empezaste tu camino en la música?

Desde muy chica. A los tres años ya tomé clases de declamación. El sueño de mi mamá era ser cantante y yo se lo pedí desde chiquita. Empecé a formarme, a estudiar, y ahí comencé a tener presentaciones con 200 o 300 personas. A los 12 años  logré que me nombraran solista del Coro Municipal de la Casa de la Cultura. Fue algo muy importante. A los 17 años entré a una tanguería, que se llamaba Tanguería 85, en Santa Lucía, que es de donde soy. En esos momentos Donato Racciatti estaba buscando cancionista y surgió la posibilidad de ir con él a una gira a Japón. Vine a Montevideo a realizar una prueba en el Hotel Columbia. El maestro Raciatti estaba ahí con dos japoneses e hice la prueba. ¡No me olvido más de los nervios que tenía! Casi no conocía Montevideo y terminé en Japón (risas) Hice cuatro giras consecutivas a Japón, nos presentamos en 18 ciudades, y también estuvimos en 19 ciudades por el interior del Uruguay.

¿Por qué te volcaste al tango?

Desde chica viví con mis abuelos y mi abuelo estaba todo el tiempo escuchando la radio Clarín. Y los sábados mirábamos (el programa televisivo argentino) “Grandes valores del tango”. Y yo lloraba mirándolos. Les decía a mis padres y abuelos que yo quería ser como ellos, quería ser cantante de tango. Si bien en algún momento hice música de otro tipo llegué a la conclusión de que cada vez que hacía tango, la energía de mi cuerpo era otra. Y el tango es eso. Es el espíritu de cómo estás cantando y cómo lo sentís. Y siempre llegaba a un punto donde debía hacer un tango, porque me lo pedían o porque lo sentía. Amo el tango.

Y dentro del tango, donde hay distintas corrientes, intérpretes y autores, ¿cuáles son tus referentes?

Soy muy amplia en eso. Arranque con Raciatti, que es muy bailable, muy rítimico. Pero lo que más tomo en cuenta es cómo me mueve y me llega la letra. No me interesa mucho el autor o el estilo, sino que la letra me llegue. Si se cuenta una historia y me corre algo por las venas, es cuando digo “este tema lo quiero hacer”.

¿Que te decían tus padres cuando con 17 años les decías que querías cantar?

Tuve a los padres más divinos del mundo. Jamás me prohibieron nada, al contrario. Mi madre buscaba lugares donde estudiar o promocionarme. Sabía algún concurso, y allá iba yo. Aunque fuera un concurso de Carnaval, porque no había muchas posibilidades (risas). Recuerdo que una vez vine a un concurso con (Eduardo) Freda. Yo  tenía 12 años y mi madre vino a hablar con él para ver qué se podía hacer. Y él le dijo “canta muy bien, pero es muy chica todavía para entrar al mundo del espectáculo”. Y le dijo que me siguiera estimulando para que estudiara. Y así lo hice. Estudié piano. Mis padres eran muy humildes y aunque faltaran otras cosas nunca me faltó el amor. En casa se escuchaba mucha música, éramos muy alegres. Y siempre digo que hay que estudiar, hay que prepararse, e ir tras los sueños. Me va a hacer feliz lo que realmente quiero, y yo desde que tengo uso de razón quise ser cantante.

¿Y hoy en qué momento te sentís desde que lo imaginaste?

Veo que todo fue un proceso. En la vida cuando alguien quiere algo debe tener constancia. Sobre todo, en un país como el nuestro donde las cosas, porque es un país chico, no son fáciles. No hay muchas posibilidades, pero si uno quiere, con constancia, trabajando para eso, con una meta fija, se puede lograr. Hice muchas cosas, cuando volví de las giras con Raciatti no podía gastarme la plata. Así que puse un local de supergás para ayudar a mis padres y que estuvieran estables. Cargaba garrafas. Una vez vino un matrimonio y me miraba y ella dice “¡qué parecida a María de los Ángeles sos!”. Yo estaba con la ropa de trabajo y de guantes, y entonces le dije “soy María de los Ángeles” (risas). Porque arriba del escenario se me ve muy distinta. Mientras cargaba garrafas sabía que era el paso para hacer lo que amo, que era grabar discos y vivir del canto. Tengo una escuela de canto desde hace 15 años. Acá casi nadie apuesta a la música, y menos aún al tango. Hoy me dedico a la música, y con mucho sacrificio para hacer discos. Siempre digo que con lo que he invertido hasta ahora en la música tendría un castillo, pero la realidad es que ni casa propia tengo (risas). Pero si naciera de nuevo haría todo lo mismo. Elijo a mis padres y a mi familia de nuevo, y el mismo camino en la música.

¿Cuáles considerás fueron las experiencias con las que más creciste?

Mis idas a Europa, mis discos. Fue todo un aprendizaje y un crecimiento constante. Fui a Washington a hacer una obra que tenía tango. Me invitó Nelson Pino, se llamaba “Puro tango II”. Con cantantes y bailarines y pantalla con traducción. Estuvimos un mes. Ahora en setiembre inicio mi tercera gira europea, voy a Polonia, luego de actuar en Barcelona. Ver a los polacos que se ponen a llorar sin entender el idioma es increíble.  Me pasó que canté siete tangos en japonés cuando fui. Pero en polaco sé decir solo “gracias”. Y ves mucha gente joven. Qué lindo que se empezara a ver el tango desde joven, siempre digo que debe estar en la escuela, con el candombe y murga. Todo nuestro patrimonio. Así luego empieza a gustar, porque si nadie te lo inculca es muy difícil. Las generaciones de ahora tienen padres que no escuchan tango. En Polonia voy a hacer la apertura de un festival muy importante que se llama Lodz 2017. Voy a estar con una orquesta de allá que se llama “Máquina tango” ¡Una maravilla! Hoy en día siento las cosas más a flor de piel. Disfruto más la canción, me dejo invadir por ella. Estoy en una etapa muy linda, con madurez en la voz, y dejo fluir.

¿Cómo será ésta presentación del 9 de agosto?

Tengo el enorme privilegio de que participe el maestro Miguel Ángel Barcos, que viene desde Argentina. Me doy el lujo de tenerlo. Ha acompañado a Julio Sosa, al Polaco Goyeneche, hasta hace un mes a la Tana Rinaldi. Estoy muy feliz. Además esta el bandoneonista Jorge Goyos, a quien adoro. Es de mi ciudad y toco desde chica con él. Toca con mucho sentimiento. Estará también Juan Chilindrón, joven contrabajista, y Angela Varela, flautista, a los que se sumarán dos grandes bailarines como son Federico e Iara. Son de los mejores. Y como invitado estará Luis Esquivel, que va a cantar conmigo. Vamos a interpretar mi último disco más algún tema bailable. El disco lo que tiene es que hay dos canciones en francés. De Edith Piaf, por mi admiración a ella. Estudié mucho para hacerlos y veremos cómo salen. La Alianza Francesa me apoyó en esto, me proporcionaron un profesor gratuitamente.

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