Home Entrevista Central Victoria Rodríguez, comunicadora: Me moriré con el epitafio de “facha”.

Victoria Rodríguez, comunicadora: Me moriré con el epitafio de “facha”.

Victoria Rodríguez, comunicadora: Me moriré con el epitafio de “facha”.
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Nos había rechazado hace años la propuesta de entrevistarla pero ahora se animó y durante ciento veintiséis minutos habló hasta por los codos. Le tiramos con todo: los palos que se nos ocurrieron y los estereotipos que recogimos y mostró una rapidez de respuesta y una franqueza poco frecuente. Pero sobre todo un enorme sentido del humor que nos hizo reír a carcajadas muchas veces. Aviso a los lectores: si cree que es un florero con poco para aportar deje de leer acá, porque si continúa sus prejuicios pueden salir magullados.

 

Por Jorge Lauro y Alfredo García / Fotos Rodrigo López

PERFIL:

Nació en Montevideo hace cuarenta y cuatro años, es la mayor de tres hermanos. Su padre es abogado y su madre trabajó de secretaria. Vivió en Pocitos y fue al colegio Ivy Thomas y luego al Juan XXIII.  Hizo traductorado  de inglés en la Udelar. Es divorciada y tiene dos hijos Delfina y Victor. Su familia es católica y muy conservadora. Animó fiestas infantiles y trabajó de secretaria. Hace veinticuatro años que trabaja en televisión.

Tu carrera televisiva empieza de casualidad, con el famoso casting al que acompañaste a tu novio.

Fue una oportunidad que se fue prolongando, y con aciertos y errores fui construyendo esto que hoy me tiene súper agradecida, porque soy consciente de que hay mucho talento en la vuelta y que esto es muy reducido, y que lograr estabilidad en este medio es difícil. Ojo, sé que di mucho, soy consciente de que he dado lo mejor que puedo dar. Hay un compromiso que es tangible.

¿Cuánto pesa realmente el talento y el esfuerzo?

Lamentablemente no vivimos en una meritocracia. El factor suerte, oportunidad, padrinos, todo eso pesa enormemente. Sin eso, podés tener talento pero pasar desapercibida.

Más vale caer en gracia que ser agraciado.

Es triste y es injusto, pero es así. La realidad económica del país y de los medios ha cambiado. Con las nuevas plataformas digitales estamos en la debacle. Hoy más que nunca es entendible que se pongan más comerciales que nunca, y que no tengan reparos si mañana me tienen que decir que ya no estoy vendiendo y que gracias por mis servicios.

Como en todas las profesiones.

En otra época las carreras de los comunicadores duraban más tiempo. Estaban los famosos dinosaurios de la televisión. Hoy ya no se tiene aquello de construir los personajes,  todo es más dinámico. Se apuesta a un proyecto y se levanta si no funciona, y aparece alguien nuevo. Tuve la suerte de entrar en ese momento, básicamente no buscaban mucho más que un florero.

¿Cumpliste con ese rol?

Como florero me fue bárbaro. Después fui mostrando un poco más de utilidad. Y el nicho estaba ahí, abierto para entrar, y lo aproveché.

Diste un salto. ¿Cómo pasás de un lado a otro?

Al principio fue como mera comunicadora, con entrevistas mechadas en el medio. Siempre me gustó la entrevista, y el tema de los idiomas me ayudó muchísimo. Era una reportera del lado luminoso de la vida, digamos. Con Los Viajes marché fantástico, y estuve fascinada con esa vida gitana hasta que me casé. Cuando me casé, la opción de un proyecto de familia no era compatible con eso, y ahí vino un bache.

¿Y qué pasó?

Empezó a pasar el tiempo, y hubo ensayos y errores. Se intentó mucha cosa. Mi proceso de madurez personal fue también llevándome a tener inquietudes hacia otro lado, a salir de mi burbuja del mundo más vistoso…

Del glamour.

Del glamour. Uno siempre trata que su trabajo tenga que ver con uno. Los temas que me empezaban a importar no tenían cabida en ningún tipo de programa anterior. Después aparece Contenidos —que hoy se llama Kubrick— como una herramienta del canal para producir contenidos. Ahí primero apareció el ciclo de “A conciencia”, que quizás fue un cambio demasiado brusco, pero que fue un buen puente, porque después apareció el talkshow y que hoy me gusta definir más como un programa de debate.

Ha cambiado.

Viró. Hoy estamos hablando de todos los temas de actualidad a diario. Pero lo anterior fue un aprendizaje para poder estar hoy y tener credibilidad. El entender de lo que estoy hablando, por el rol de moderar estos programas. Si bien las piezas claves son los panelistas, invitados y tribuna, si no hay una cabeza que sepa dónde está el debate se complica.

El disparador sos vos.

Es muy natural que cada panelista se vaya por donde le parece que tiene que ir, y entonces, si no hay un moderador que de alguna manera vuelva a traer el foco, se vuelve inabarcable, y más en los horarios televisivos. Me gusta decir que ensayo como ajedrecista. Tenés que hacer que hable uno porque sabés lo que puede decir el otro, para que se genere el debate. Con el invitado muchas veces eso no te pasa, a no ser que sepas de antemano cuál es su discurso. Se me hace fascinante y súper entretenido, además de que tengo que estar actualizada y aprender muchísimo.

Trabaja como loco el de la cucaracha.

En mi caso se vuelve loco por los tiempos, por la tanda. Me cuesta mucho obedecer, porque me parece una falta de respeto cortar a la persona. Pero a su vez si no cortás a nadie y dejás que cada uno se tome todo el tiempo del mundo, es un bodrio. En estas cosas tiene que ser claro el dinamismo. Es la combinación entre que todos tengan la posibilidad de hablar y que no quede todo en un circo de pelea mediática, y que se pueda profundizar en algo.

¿Por qué hay tan poco lugar para programas con más contenido en la televisión uruguaya, como el tuyo?

La necesidad de la gente pasa por entretenerse: la vida a veces es complicada, y la gente cuando prende la tele quiere un poco de anestesia. Eso explica el éxito de ciertos programas. Creo que el programa que nosotros hacemos podría perfectamente tener otro horario. Pero nunca vas a competir con una telenovela turca, y en la tarde representás una buena alternativa para quienes quieren algo más que una telenovela. Fue una apuesta muy jugada la que hizo el canal al poner un programa de debate en la tarde. Pensá en cuántos periodísticos nacionales hay, qué horarios y qué rating tienen. Puede ser que nos falte creatividad y recursos, pero también hay otro elemento, y es que para un programa de debate es fundamental que todas las voces se puedan representar, y a nosotros acá nos ha costado a veces muchísimo tener equilibrio en el estudio.

¿Buscás eso?

Yo sí, y los productores pueden dar fe de eso. Desde que empezamos a hacer actualidad más dura, me parece que todavía falta para que sea un espacio cien por ciento equilibrado. Muchas veces se trata de equilibrar a través de invitados, pero ahí tenés autoridades del oficialismo que no siempre aceptan venir.

¿Qué es lo que rechazan?

Rechazan el formato, lo cual es entendible, porque una cosa es que te hagan una entrevista y otra es que muchas personas van a debatir contigo. A eso puede no estar dispuesta la autoridad porque además acá no hay trayectoria de debates. Sería buenísimo que la hubiera. También tenemos el mote de “programa facho” y aprovechan eso para decir: “a ese programa no voy”. Y tenemos el mote de programa frívolo, por el histórico desprecio de cierta intelectualidad con la televisión. Todo eso no ayuda a que puedas contar con la representatividad que quisieras. Pero no me voy a cansar de insistir.

¿Quién se te ha negado?

Del Ministerio del Interior nunca vino nadie. Pero no somos los únicos, le sucede a los medios en general. Yo he llegado a hablar personalmente, comprometiéndome en respetar el escenario cuando vinieran. No te digo el ministro, que debe tener cosas más importante que hacer, pero sí alguien en su nombre. Nunca lo logré. Tampoco vinieron del MIDES, pero Arismendi no va a casi ningún lado.

¿Por qué considerás que hay poca receptividad del público para programas periodísticos?

Tenemos características de mercado que son muy particulares. Vos no podés pretender que una empresa de comunicación privada y comercial apueste a un rol educador. Si bien tiene que tener su grado de responsabilidad social, tampoco podemos pretender que haya cuota de contenido educativo para educar a la teleaudiencia en consumir productos de un nivel determinado que fomente su calidad de ciudadanos, en sus derechos y obligaciones cívicas.

¿La gente consume lo que le dan o le dan lo que quiere consumir?

Hay de los dos. Pero lograr influir en el consumo de la gente supone apuestas que hoy, con un escenario de declive para los medios de comunicación frente a las nuevas tecnologías, es un lujo que los medios no se pueden dar.

¿Y tu caso?

Mi caso es una apuesta, sí, pero te hablo en general. Empezamos como un programa que más que nada trataba debates sobre cuestiones familiares, humanas, y él solo se fue yendo hacia la actualidad, porque no había nada. Hay algo nuevo en el canal 4, pero es otra historia y en otro horario. Esto de poder debatir todos los días sobre los temas de actualidad está buenísimo, y es el único programa que lo hace, eso también le ha permitido permanecer en el tiempo.

¿Tenés claro quién es tu público?

Creo que nadie lo tiene claro. Son increíbles las devoluciones, que vienen de los rincones menos pensados, y de absolutamente todo tipo de profesiones y de situaciones socioculturales diferentes. Creo que no hay una definición. Al principio vos podrías decir que el público son “las amas de casa”. Olvidate. Están los políticos acá y están recibiendo mensajes sobre lo que acaban de decir.

¿A qué atribuís el mote de programa facho, o que te digan cheta? ¿El pasado te condena?

Lo que me condena es un estereotipo, del que me hago cargo. Y eso sumado a que ese estereotipo adquiere connotaciones negativas en la lógica de lucha de clases histórica y tradicional, y que seguramente esté cargada de mucho prejuicio. Hay cosas que puedo controlar, pero otras no.

¿Pero por qué se estigmatiza contigo?

Estoy bastante impresionada. Pasa hasta en carnaval o en las editoriales de La Diaria, medio de prensa del que soy suscriptora, porque leo todos los diarios. Y en otro tipo de pasquines, también.

¿No estarás hablando de Voces, no?

No, no, no doy notas a pasquines.

Voces nunca te pegó.

Por ahora, quiero ver como encabezan la nota. No me hagan lo que le hicieron a Petinatti, que poco menos tuvieron que justificar por qué lo estaban entrevistando. (Risas)

Si no el público nos pega.

Ah, bueno, ¿vas a hacer lo mismo conmigo? No, no. Valor, muchacho. Te caigo bien y no lo podés negar. (Risas) Pero dejame seguir… Que vos hoy encuentres que en un carnaval la crítica es a una comunicadora de televisión, o que en una editorial de un medio de prensa —que se considera independiente e intelectual— la explicación de cómo está el país remite a “qué querés, si las figuras televisivas son Ignacio Álvarez, Victoria Rodríguez y Petinatti”. Si desde esa pluma, de supuesto peso intelectual, o de talento artístico si hablamos de carnaval, se le apunta a una comunicadora de televisión… O yo soy demasiado importante y no me doy cuenta o la mediocridad de la pluma es muy grande, o han perdido la capacidad de autocrítica y la capacidad de cuestionar a los personajes trascendentes del país. Es tal la miopía de algunos medios, que si me ponés de enemiga pública, me parece que eso habla mucho peor de vos y de tu propia mediocridad, o de falta de ingenio en tu pluma, que de otra cosa.

Una vez que está construido el estereotipo…

Por supuesto, y me moriré con ese epitafio. El punto es que uno aprende a manejarse ante eso. Repasamos los motes. “Facha.” No soy. Claro, cometí dos errores en veinticuatro años de carrera. Dos, en veinticuatro años.

¿Complejo América?

Eso no fue un error. Fue una muy mala intención de otra persona. Un error fue hace años en Verano de …, algo de: “nosotros los privilegiados que podemos disfrutar de esto”. ¡Una estupidez! Bueno, es una falta de sensibilidad. Pero conociéndome, lo dije de estúpida, no porque lo pensara. ¿Viste cuando te salen mal las palabras? Han tenido que ir a los archivos a buscarme errores.

Fue en Bendita TV.

Exacto, me mató. Sí, Bendita TV se esmeró muchísimo en ese informe. ¿Pero tenés que irte hasta 1996 para encontrar un error mío? Después estuvo lo de Colón, que para mí fue muy injusto. No sé si ustedes vieron el programa. ¿Yo discriminé a Colón?

Saliste llorando en cámara, eras una chiquilina chica, dejate de embromar…

Me había desayunado a la violencia de las redes, que había un sector de la población que de verdad tenía un odio y un resentimiento mucho más que contra Victoria Rodríguez, sino contra estereotipos. Ese día me desperté con eso.

Sos media lenta.

Y bueno, pero más vale tarde que nunca. Siempre aposté a la bondad y a creer en el ser humano. ¿Sabés lo que me dolió? Que se entraron a matar entre los detractores y los defensores. Fue una carnicería y yo ya no tenía nada que ver con ese asunto. Me causó una angustia horrible, al punto de cuestionarme si tenía sentido seguir en los medios, porque eso no era en absoluto lo que yo quería generar. Si viste el programa, yo jamás discriminé a Colón. Fueron los invitados los que pidieron para venir a denunciar la ola de robos. Dijeron que estaban todos enrejados. “¿Cómo hacen para vivir?”, pregunté, como quien te pregunta que cómo hacés. Pero un personaje decide tomar eso y sumarlo a otro informe que yo había hecho en el programa A Conciencia, y juntarlo con que yo vivía en una burbuja y que sólo conocía Punta del Este, más los viajes, y ya está.

Era el combo perfecto.

Exacto.Y después está lo del pescador de Valizas. Disculpame, ¿por qué tengo que dormir con un pescador? Prefiero tener una vida con otro vuelo. Valizas es divino, uno de los lugares más lindos del mundo, pero no nos vamos a engañar y a decir, como pretendía Lilián Abracinskas en su momento, que Valizas es el centro cultural de América del Sur. No me jodas. No es nada contra los pescadores, ¿entendés? A ver, el planteo en el programa era: a vos, que le pagaste una educación a tu hija, que tenés proyectos para ella, ¿te gustaría que se enamorara de un pescador de Valizas? Respuesta políticamente correcta: “Y bueno, si es amor, si es feliz.” Sí, todos en algún momento vamos a llegar a ese punto del tema, con cualquier hijo, ¿pero es lo que realmente querés para tu hijo? Otra cosa es que te encuentres con alguien que tuvo una vida súper interesante y con la que compartís los mismos códigos y que opten por irse a vivir a la playa o al bosque. Fantástico, es una opción de vida, pero vas a seguir teniendo los mismos códigos, la misma capacidad de compartir la experiencia vivida.

Para muchos, estás privilegiando la posición económica por sobre el amor.

No, para nada. ¿Por qué? Yo tuve novios que los dabas vuelta y no se les caía un peso.

Los dejaste.

Yo me divorcié de una billetera, así que tengo toda la autoridad para decir que yo para nada estoy privilegiando el tema económico. Estás asociando la situación económica a la educación y a la cultura, y no necesariamente van juntas. Yo a lo que me refiero es a que no podría estar con una persona que no tenga un mínimo de vuelo y de conocimiento del mundo.

De repente está lleno de pescadores con un vuelo intelectual impresionante.

No lo dudo, pero el ejemplo que estábamos dando en ese momento era el del prototipo. La gente lo tomó mal, como que: “a esta si no es millonario, no le sirve”. No tiene nada que ver. Insisto, me divorcié de un millonario, porque no priorizo el dinero. Lo que pasa es que todo esto de lo políticamente correcto ha tomado ribetes que al final nos estamos manejando en una dialéctica de realismo mágico.

Sos muy políticamente correcta vos.

Ser políticamente correcto cuando eso parte de tus propias convicciones es una cosa, pero mi corrección política no llega a los extremos de realismo mágico en que están incurriendo algunos actores sociales y políticos.

¿Ejemplos?

El discurso. Hoenir Sarthou en una columna en Voces dijo cosas muy interesantes. Logró poner en palabras una sensación que yo estaba teniendo hace rato sobre la importancia del lenguaje, en lo que creo en un cien por ciento.

¿Sos de los que dicen “todos y todas”?

No. A ver, señores, el valor de las palabras es muy importante y por supuesto que construyen un relato, pero de pronto terminamos en un brete en el que parece que la palabra de alguna manera es igual a realidad, y entre el discurso y los hechos sigue habiendo un abismo gigantesco. Te colgás de las palabras como si en verdad estuvieras llevando a cabo una acción política y social tangible. Y no. Y no te vayas a equivocar de palabra. Y sobre todo es como que hay un manual donde se ponen de acuerdo en que ciertas palabras te convierten en alguien positivo y constructivo. ¿Y quién lo dijo? Por qué palabras como…

Negro.

Esa te la llevo, si querés. En todo aquello que en verdad pueda ser despectivo, te la llevo. Pero ya no se puede hablar de tolerancia. La tolerancia es mala palabra, hay que hablar de respeto. Hay que hablar de igualdad. ¡Por favor, vamos a terminar homogeneizando la diversidad! Y así vamos a volver al punto cero: no hay diferencias, somos todos iguales, sigamos como estamos. Esa es otra forma de tapar lo que hay que atacar. O sea que cuidado con las palabras y cuidado con el discurso políticamente correcto.

El lenguaje por sí solo no cambia la realidad.

No. Es importante, pero no puede ser tu prisión. Y los comunicadores, que en estos tiempos hemos tenido que aggiornarnos muchísimo. Acábenla un poco, porque no puede medir cada palabrita que voy a decir. Y donde diga una palabra equivocada me matan. No seas malo, tampoco me parece que esa sea una forma de trabajar con comodidad.

Hay una visión hipócrita en la sociedad que se escandaliza con cosas como esta pero que en sus vidas particulares piensan lo mismo que vos.

Obvio. A ver, para un príncipe, o para un patricio de esta sociedad, la tele es un quemo. Yo supe ser un quemo, en su momento. Cargué con ese prejuicio. De la misma forma que todos nos creemos que podemos aspirar a otra cosa, y todos somos un poco discriminadores, y sí, ¿pero mandar a la hoguera al que dice una cosa así? No seas malo. Esto me hace acordar a la vigencia de algunas obras de Ibsen. El precio que se paga por decir las cosas. Hoy somos testigos de eso, en cualquier ejemplo de políticos que, a los dos minutos y por decir lo que piensan, son traidores. A Ibsen lo tengo presente por el tema del feminismo.

Nunca te has definido como feminista.

No, no, no, justamente. Comparto algunas cosas por supuesto. Y de hecho me tocó protagonizar a Nora en Casa de Muñecas, que fue según los expertos, la primera obra de teatro feminista. Pero no puedo comulgar con todos los principios, y menos con…

¿Con el fundamentalismo?

Con ninguno en general, pero sobre todo con algunos ribetes que ha adoptado el movimiento feminista hoy, que ha abierto otros caminos que ya van mucho más allá de lo que pudieron ser las sufragistas, o Simone de Beauvoir y otros postulados. Ya estamos en áreas donde a mí se me complica decir que soy feminista, si pensamos por ejemplo en el aborto.

Vos estabas de acuerdo con ese tema.

Voté la ley, porque creo que las leyes hay que pensarlas colectivamente, y es una realidad que las chiquilinas se morían en abortos clandestinos, frente a las que tenía plata y podían ir y hacérselo afuera. Eso era muy injusto, y había que hacer algo. Capaz no era el mejor camino, pero era lo que había, y lo voté. En mi vida íntima no puedo compartir el postulado feminista de que somos dueñas de nuestro cuerpo al punto que somos dueñas de la vida que engendramos. No, se me hace muy soberbio eso.

Ahí tenés el tema religioso, que te pesa.

Es muy posible que me atraviese el tema religioso.

Es muy difícil obligar a una persona a tener un hijo en contra de su voluntad.

Detrás de todo esto está la cuestión de la libertad responsable. No son cosas que van separadas. No les podés pedir libertad responsable a determinadas personas con determinadas historias de vida, estamos totalmente de acuerdo. Por eso, insisto, voté la ley.

¿Con qué otro tema del feminismo actual no te identificás?

Me parece que de verdad hay quienes se han convertido en militantes medio belicosos, y que están manifestándose con una violencia innecesaria que da lugar a interpretaciones casi como si se tratase de una lucha de sexos, cuando se sabe que, en esencia, no lo es. Hay formas de expresarse que no me gustan.

¿Estás de acuerdo con la cuota?

La cuota me rechina por todos lados, y sin embargo me parece que, ante la realidad, es el camino para transformar la situación y que de verdad haya cambiosy que no quede en el discurso. Sin trampas, ¿no?

¿Es muy machista nuestra sociedad?

Desde mi experiencia personal no es un área en la que yo haya tenido problemas. De hecho me supe aprovechar de eso. ¿Querés florero? Tenés florero.

Entonces avalás que es una sociedad machista.

Por supuesto que sí. Lo que no puedo darte es un testimonio de víctima. El mundo es así, patriarcado. Falta todavía mucho camino. Pero también, si mirás para atrás, se ha avanzado mucho.

Estuviste en la campaña sobre violencia doméstica y eso no se te rescató. Sigue el estigma contigo.

Insisto: me hago cargo de lo que puedo hacerme cargo. Si algún día realmente cometo un disparate, pediré perdón. He pedido perdón por ahí por falta de sensibilidad, en algunos momentos, y tampoco es para que me crucifiquen. Me han dado la chance de salir de un mundo un poco burbuja y de poder ir introduciéndome en la vida real, y estoy muy agradecida a esas personas. Pero hay muchas otras a las que, haga lo que haga y diga lo que diga, no les vas a sacar de la cabeza lo que piensan de mí. Por suerte no es en la mayoría, si no yo no estaría al aire. ¿Qué me queda por hacer? Seguir demostrando que puedo trabajar, haciendo el mejor esfuerzo posible. No voy a tratar de convencer a nadie, porque no se trata de eso, y porque además también hay otra lógica que es que si sos una figura con exposición pública, hoy, en las redes y con la democratización de la expresión, ¿cuáles son las opciones? ¿Unanimidad? Olvidate, no existe. Las opciones son la polémica o la intrascendencia. Si tengo que elegir, me quedo con la polémica.

¿Cómo te definís ideológicamente?

Hay lujos que no me puedo dar, por el trabajo que tengo en este momento.

No te preguntamos a quién votaste, sino desde el punto de vista…

Bueno, centro, digamos. Centro. Además creo que esto de la izquierda y la derecha queda representado únicamente en los extremos. Y ahora el génesis es Batlle y Ordóñez. El Frente Amplio es Batllista, los colorados son batllistas, somos todos batllistas.

Los blancos…

Lo blancos tienen a Wilson ahí todavía, para decidir. ¿Dónde están hoy las grandes diferencias? Sí voté a los tres partidos, eso sí lo puedo decir.

Quedás bien con todo el mundo, sos una fenómena. Eso es corrección política.

Y después me dicen que discrimino.

A Mieres lo mataste.

Ahora se vienen las elecciones, no sabemos. No, lo que quiero decir es que me crié en una familia de partidos tradicionales, no muy politizada. El Frente Amplio tuvo mi voto en la primera presidencia de Tabaré Vázquez, porque de verdad me agarró en un momento de mi vida en que con cierta madurez y evolución se me hacía que era más que necesario darle la chance a un proyecto de país donde se apostara realmente a mitigar las injusticias y las desigualdades, cosa en que hasta ese momento los partidos tradicionales no habían dado signos de tener mayor interés.

Votás en el momento lo que te parezca mejor.

Tengo conciencia social, quiero creer en un proyecto de país sin llegar a utopías ridículas. Sabemos que el socialismo real ya no existe. Y el socialismo del siglo XXI, hay que leer el libro de Lacalle a ver si es puro cuento, como dice él. O si en realidad pasa por aceptar que tenemos como sistema el capitalismo y a partir de eso ver cómo se puede humanizar y de alguna manera domesticar. Es uno de los desafíos que tiene el sistema. Por ahora nadie lo ha cambiado, ni se lo ha propuesto el Frente en todos estos años. ¿Cómo se logra romper con eso, con esas injusticias que siguen presentes, y cómo además puede volverse más friendly, no solo con las realidades sociales, sino con el medio ambiente? Ahora tenés a Trump, que se va del pacto de París. ¿Y qué hacés? ¿Qué hacemos con las plantas y con todas estas inversiones extranjeras? ¿Nos hacemos los distraídos?

Nos vamos a hacer los distraídos con cualquier partido.

Pero por eso te digo, ¿dónde están acá la izquierda y la derecha? ¿Dónde están?

¿En qué te decepcionaron los gobiernos del Frente Amplio?

Que cayó en muchas prácticas que supo criticar cuando era oposición, que no logró generar transformaciones estructurales (¿le faltó tiempo de consolidarse?) y se quedó en un asistencialismo dudoso en lo que refiere a políticas sociales, por ejemplo. Es cierto que los números macro hablan de crecimiento económico sostenido, de aumento del mercado laboral, de mejora de salarios, de reducción de pobreza… pero me duele la profundización de la fragmentación social, los tantos quincemil pesistas que tiene este país y la persistencia de las desigualdades.   Y tampoco aparecen propuestas demasiado concretas en la oposición.  Y creo que hay algo que le cabe a todo el sistema político y es una gran falta de autocrítica.

Nos saliste oficialista.

¿Un bodrio la entrevista, no? No me van a pegar como vos querés que me peguen. De verdad las ideas tienen el problema de que a veces sus interlocutores no les hacen honor. Me parece que es eso, a veces. Te desilusionás con eso. Pero suelen desilusionarnos en la expectativa que ponemos en ciertos líderes. Hay ideas de izquierda que no atraviesan el libro, la teoría. No pueden llegar a ponerse en la práctica. Insisto, no creo que de verdad las transformaciones vengan por el lado de volver al pasado y a sistemas que se probó que no funcionaron. Pero cuando se llega al poder evidentemente negociar es muy difícil. Y sobre todo la esencia humana, que hay que terminar de reconocerla de una vez tal como es. Muchas críticas de sectores del Frente, como el MPP, son críticas que parten de un lugar de la apuesta a un ser humano que no existe.

¿El determinismo de que el humano es esencialmente malo?

No digo que sea esencialmente malo, pero tampoco esencialmente bueno. Necesitamos guía, necesitamos que de alguna manera nos ordenen la cancha.

Mejorando las circunstancias, ¿no mejorás al hombre?

Por supuesto. ¿Qué estamos pagando hoy? La expresión de realidades absolutamente disímiles que justamente atrofian potencialidades de desarrollo. Ahí tenés, y lo estás pagando en eso, en la violencia y en la falta de educación. Da educación, da dignidad, da nivel de vida y calidad de trabajo y tendrás mucho mejores seres humanos. Pero la realidad es que con el sistema capitalista no se va a lograr eso. No sé si hay algún sistema. Tampoco el camino era el otro, evidentemente. Pero bueno, hay políticas que de verdad tienen como objetivo ser una palanca de transformación, y han quedado a medio camino, o se han quedado en una suerte de lógica exacerbada de lucha de clases que poco hace de puente.

No creés en la lucha de clases.

Existe, Cómo que no. Pero vos podés tender un puente o dinamitar una grieta.

¿Y cuál es tu opción?

Puentes.

¿Sentís que en tu laburo de comunicadora ayudás a tender puentes?

Sí. A priori me podrás decir que “dale, nena, qué te hacés, si tenés un programa de debate y hacés calentar a medio mundo”. Pues yo creo que el programa que tenemos, como cualquier programa de debate, responde a la dialéctica de Hegel y a la tríada de tesis, antítesis y síntesis, y eso, en vez de paralizar y segmentar, dinamiza y enriquece.

Hasta a Hegel leés.  

Está lleno de falsas oposiciones. Jugar con ellas es un desafío interesante, pero siempre termina igual: ¿viste que no estaban tan separados? ¿Viste que la negación de la negación termina generando algo mejor o una nueva perspectiva? Ayudás a pensar. Pero, claro, por eso es importante, o por eso me angustia a veces, cuando siento que no está equilibrado. Porque para que realmente sea con honestidad intelectual, y un ejercicio dialéctico, tiene que ser un debate equilibrado. Y a veces me ha tocado ser insistente en procura de eso, cuando todos en este escenario tenemos roles muy distintos. Los que se preocupan por el rating se preocupan por el rating y no están para atender el pedido de una sobre que la objetividad es importante. Marcás bien, y se preocupan de eso. Son las internas de los oficios, y en este es así: hay uno que se preocupa más por el contenido y otro más por el rating, y es la combinación y el equilibrio de ambos lo que da un producto más o menos digno.

Aspirás a que todos los niños sean bilingües en una sociedad en que un montón importante no domina ni una sola lengua. 

Desde lo aspiracional todos podemos tener sueños y utopías, obviamente. ¿Sabés a qué remite esto? A estas discusiones que hemos tenido últimamente sobre las exoneraciones a las empresas que hacen donaciones. No se olvide nadie que es el Poder Ejecutivo el que decidió qué empresas son las que van a tener el beneficio de esas donaciones. Fue estudiado. No es que las empresas privadas determinan a quién enriquecen o que son los dueños de los presupuestos del Estado. La resignación de ingresos a rentas generales tiene su contraparte. ¿Y se rasgan las vestiduras porque va a una universidad privada, o porque va a la Teletón, y no se rasgan las vestiduras con dineros públicos que se pierden sin contraprestación alguna? Seamos coherentes. ¿Cuál es, al final, este debate? ¿Lo público y lo privado? ¿Universidad pública o universidad privada? ¿ASSE o Teletón? Escuchame, el día que ASSE realmente logre tener un centro con la calidad de atención que tiene Teletón, ahí trabajo honorariamente para ASSE, ¿entendés? Es muy fácil criticar la Teletón, apelar a que es un golpe bajo, apelar a que en realidad las empresas no están poniendo un peso y que lo pone todo el Estado y hacer el acto —bastante mediocre, te diré— de convocar para no colaborar, en plena Teletón.  Y citan a la ONU para condenar la Teletón. Mirá qué pillos. ¿Sabés cuántas observaciones le hizo el comité especial de la ONU al Estado uruguayo? Más de sesenta. Un solo punto remitió a la Teletón. Uno solo. “Pero la ONU condena la Teletón.” No, antes hay cincuenta y nueve artículos donde te condena a vos, Estado.

¿Qué condena la ONU de la Teleton?

La crítica concreta que hace es que fomenta el modelo caritativo en vez de apostar a la solidaridad y a la visualización de la persona con discapacidad como sujeto de derechos. Bien.  Aparece la “post verdad” (el invento del año según el diccionario Oxford), esta moda según la cual cuentan mucho más las creencias que se tienen sobre los hechos que los hechos en sí mismos.  Entonces la caridad pasó a ser mala palabra versus la noble solidaridad y en el fondo, ambas tienen el mismo común denominador y eso es la empatía. Empatía es lo único que nos permite ponernos en la piel del otro.  El problema no está en las palabras sino en la naturaleza humana que tiende a resistirse al dolor, por defensa propia en algunos casos, por indiferencia en otros.  Y por eso cuando los medios internacionales nos quieren hacer entender en estas latitudes lo que viven los que emigran de zonas bélicas, te ponen una foto de un niño de tres años ahogado en la orilla. Y no te olvidás más. Y reaccionás. Y mientras algunos se enfrascan en debates éticos sobre la publicación de la foto, la mayoría empieza a donar fondos y a construir verdadera conciencia del drama de los migrantes/refugiados. A la empatía hay que darle un empujoncito.  Ojalá no fuera así.  Y la post verdad permea en los partidos políticos (a veces hasta por disciplina partidaria) y en la opinión pública (a veces por pereza intelectual). No alcanza con declarar a alguien sujeto de derecho. Hay que garantizárselo.

¿Por qué empezaste a pintar?

Fue como un capricho de embarazo. Después entendí, cuando empecé a leer un poco a Laura Gutman. Ella hablaba mucho de la creatividad en el embarazo, como una cosa totalmente natural que va de la mano a crear vida, y que se potencia si ya tenés una naturaleza esencialmente creativa. Y así empezó, y se convirtió en una actividad maravillosa, en una manera de expresarme de forma mucho más elocuente y contundente que con la palabra.

¿No escribís?

No para el público, escribo para mí. Mi abuela era poeta. Yo bajo a tierra momentos y sentimientos. Estoy probando la posibilidad de escribir un unipersonal.

¿Otro stand up?

No, stand up no.

Vos hiciste teatro en serio, no las payasadas que hacen algunos. (Risas)

No digas payasadas, todos tratamos de hacer lo que podemos, no seas malo. Cada uno hace lo mejor que puede. ¿Viste la suerte que tuve en el teatro? Hasta un Florencio me dieron.

¿El casting sábana contigo no ha corrido, no?

Mucha gente cree que sí, que pasé por todas las gerencias. Increíblemente no es esa la peor de las críticas que recibo. No me cuestionan en esa área. Me han atribuido algún que otro romance con políticos, que no existieron. Pero nada muy contundente.

Es polifacético lo tuyo: pintura, teatro, comunicación.

Pero con un común denominador que es la expresión, me parece. Son distintas maneras de llevarlo adelante. Mi abuelo era poeta, y por el lado de mi padre mi abuela francesa era cantante de cámara y pianista.

¿Vos tocás algún instrumento?

Sí, piano y guitarra. Pero de living. Ah, pero mi hija no saben la voz que tiene.

¿Canta bien?

Tiene un don que emociona. Y mirá que separo que sea mi hija, y todas las cosas de madre gagá. Me deleita tanto escucharla. Es una chiquilina que siempre supo lo que quería, desde que nació. De mañana cuando los llevo al colegio —yo voy de pijama, porque igual no bajo del auto— es como que están inspiradísimos y ahí surgen las cuestiones existenciales: “Mamá”, me dijo a los siete años, “ya sé lo que voy a hacer cuando sea grande, voy a ser abogada de empresas, no sé si me voy a casar ni si voy a tener hijos, y lesbiana tampoco voy a ser”. Perfecto, yo no le voy a insistir. Siempre supo lo que quería ser. Y que su hobby iba a ser cantar, y que ella también iba a salir en las revistas. “¿Cómo mami?” “No como vos; por cosas importantes.”

Es inteligente.

Es brillante.

¿Y tu hijo?

Es puro corazón, es de esos cachorros de manual, sensible a más no poder. La niña cuestiona, con su lógica compleja y su lógica femenina, pero a él nada lo mueve demasiado. Ahora que tiene once lo fui a buscar a una clase el otro día, y como de costumbre lo voy a apretar todo. “No mamá, besos no, por favor.”

¿Cómo ves el futuro de la televisión?

Me siento en un momento de encrucijada. Estoy en una edad en que todavía no puedo tirar la chancleta, tengo cuarenta y cuatro.

La tiraste hace años.

La revoloteo, que es diferente, porque no la largo. Se supone que a los cuarenta y cuatro, por más que una puede estar cansada por circunstancias de la vida…

¿Cuarenta y cuatro años y cansada?

¿Querés que te cuente? ¿O pensás que efectivamente soy una oligarca que vive en Carrasco con servicio doméstico las veinticuatro horas?

Trabajás dos horas por día, ¿de qué me estás hablando?

No tenés idea de mi cotidiana. Las experiencias son personales, y no son proporcionales a cuanto te cansan. Hay personas que tienen vidas durísimas y están como fierros mientras que otras van deprimidas en la 4×4. No tengo 4×4.

De humilde que sos, nomás.

¿Podría, no? Con la fortuna que me pagan acá… (Risas)  Hay cosas en que no me gusta la ostentación, me parece una falta de sensibilidad. No soy muy apegada a las cosas materiales. Es algo más bohemio, de artista, el no echar mucha raíz con lo material. No tengo mucho conflicto con eso.

Estabas hablando de la televisión y te fuiste por las ramas.

Si voy a pensar en cómo sigue mi carrera de aquí en adelante. ¿Dónde va a ser? Definitivamente tengo que reciclarme y aggionarme, y estoy en pensando en esto, en plataformas digitales, en buscar otros caminos. Eso además supone un aprendizaje, porque para quienes estamos entrenados en esta forma de comunicación, internet es otro mundo. No soy de las que agarró de joven, no me llevo. Todo lo que es tecnología se me complica.

¿Qué otra cosa te gustaría hacer en televisión?

Por ahora estoy fascinada con el tema de los debates. Me encanta poder hacer debates con otra dinámica. Capaz no todos los días sino con temas específicos, para poder hincarles más el diente. Después, definitivamente me encantan las entrevistas. Pero acá volvemos a qué pasa en el Uruguay con el consumo de productos nacionales. Por ahí te vemos entrevistas hechas a cualquier extranjero, ¿pero tenés ganas de escuchar otra vez la vida de…? No quiero dar nombres para no ofender a nadie. Pero ya nos conocemos todos.

Es lo que hacemos nosotros en Voces. El noventa y pico por ciento son uruguayos. Actores importantes ya entrevistamos, ahora estamos en el requeche.

Soy el relleno, qué horrible, ¿no?  (Risas) ¿Quién es el próximo entrevistado? Para ver la tendencia. Yo leo las entrevistas que hacen ustedes. Son muchas páginas, se pueden dar ese lujo, y lo hacen de una manera que escapa a lo puntualmente político y cultural. Son lindas entrevistas. Pero hoy olvidate de una entrevista así en un formato digital. Más de cinco o diez minutos es pecado. ¿Y qué hacés con eso? Nada. Hay que pensar en otras fórmulas, otros productos, otros contenidos. Y yo tengo idea de hacer entrevistas con determinados parámetros, con un hilo conductor determinado. Hay días que me siento con todo el ánimo del mundo, para meterle toda la garra, y hay otros que me canso de pensar.

 ¿Sos madrugadora o noctámbula?

Soy terriblemente noctámbula, pero no tengo más remedio que madrugar para llevar a los nenes al colegio. Después tengo mucho trabajo de preproducción que lo hago desde mi casa, en internet, obviamente, con toda la información y la investigación. Trato de ir para atrás y estudiar. No te olvides que no hace mucho que incursiono en la vida política del país. Me falta historia.

¿Qué más hacés?

Trabajo de locutora, también. No solo comerciales, también por el idioma grabo mucho documental para el extranjero. En eso trato de ocupar la mañana. Cuando salgo del canal voy corriendo para casa, porque ahí sí, la mujer que trabaja en casa se va y quedo yo para todo lo demás. Tengo que aprovechar las mañanas.

¿Qué obra de teatro estás pensando hacer? Tuviste obras muy pesadas.

Claro, y el privilegio del poder hacer personajes del teatro universal. Claro, después no es fácil que te seduzca cualquier otra obra. Hablando de la suerte y los padrinos: Diego Fischer —escritor de la vida de Juana de Ibarbourou-, el día que la quiso llevar al teatro me dijo que yo la interpretara. Y cuando llega la propuesta de Diego Fischer de hacer de Juana, imaginate. Además me pareció mágico, por la cercanía con ella por historia familiar. Juana era muy amiga de mi abuela y de mi abuelo, el poeta. Eran de esa generación. Y esa abuela materna a mí me marcó muchísimo. Falleció de 102 años hace muy poquito. Lamentablemente no pudo ir a ver al estreno, porque ya estaba achacosa, pero si había alguien que estaba orgullosa de mí en ese paso hacia la actuación y el teatro, y sobre todo por poder interpretar a Juana, era ella. Había muchas cosas que me ligaban a ese personaje. Además, me puse cien por ciento en las manos del director, y con coprotagonistas de primera línea. Las chances de que saliera mal eran que realmente fuera mala. Yo un poco de fe me tenía, y más todo esto que te estoy diciendo, salió bien.

Después vino Un tranvía llamado deseo.

Sí, con Roberto Jones. Tuve clases magistrales con él. Fue un privilegio, un lujo lo que él hizo de mí para hacer ese personaje. Y Álvaro Armand Ugón, ni que hablar. No sabés lo bien que me recibió el teatro. Ahí los prejuicios y todas esas cosas podrían haber pesado, y muchísimo. Y sin embargo me sentí muy abrazada, aun siendo paracaidista. He tenido experiencias de trabajo maravillosas, de verdad.  Y además yo soy súper franca, no sé tener vínculos hipócritas. Soy de abrirme mucho con las personas.

La franqueza choca muchísimo.

Pero estoy hablando de la franqueza a nivel íntimo, en la charla humana. Vos estás asociando franqueza a esa estúpida historia de creer que hay que decir todo lo que una piensa. Eso no es cien por ciento positivo, es una estupidez. No confundamos las cosas. Yo te hablo de comunicarnos con la verdad, desde la verdad, con lo más honesto de uno, y que no necesariamente tiene que pasar por señalarte cosas que no me gustan de ti. Me parece que esa es la única forma que yo conozco para relacionarme con las personas, por eso mis amigos, mi universo afectivo más verdadero, aunque se fue ampliando un poco es el mismo que cuando yo era chica.

¿Notás que el éxito y la fama llevan a la gente a intentar acercarse?

Sí, pero no tienen suerte, porque yo soy un bodrio, y me vuelvo cada vez más ermitaña. No participo.

¿Nunca tuviste una charla con Emiliano Tuala, el que te escribió lo del Complejo América?

Me escribió un mensaje pidiéndome disculpas por todo lo que había generado, y que se había dado cuenta que eso no era lo que pretendía. Yo me tomé mi tiempito para saber si lo había perdonado o no, porque de verdad fue el primer baldazo de agua. ¿Sabés qué me hizo quedarme en el laburo? Mi hija. Me acuerdo que había venido el padre a casa, y yo llorando a mares le digo: “Me parece que voy a renunciar, quiero saber si cuento con vos para que me des una mano, porque me voy a quedar sin un peso.” No era una decisión tan fácil de tomar. Y entonces entra mi hija, que jamás me había visto llorar. “Mamá, ¿por qué llorás?” Traté de decirle que eran cosas de adultos, y el padre, con muy poca psicología, tira: “Nada, que a tu mamá la están criticando por algo del trabajo y quiere renunciar”. Tendría nueve años. Me mira y me dice: “¿Tú vas a renunciar porque te critican? ¿Esa es la madre que querés que yo vea?”

Qué brillante. La vamos a entrevistar a ella.

Te debe rendir como loca. Un día me llamaron de una editorial —viste que ahora está de moda que cualquiera escribe un libro— y dije que no lo descartaba pero que, en principio, no iba a escribir un libro y que mi vida personal no le interesaba a nadie, y que para hacerla interesante primero se tenían que morir muchos, y que no era el momento. “Muchas gracias, muchas gracias.” Corto y mi hija me dice: “Esperá un poquito, porque que vos no quieras escribir un libro no quiere decir que yo no quiera”.

¿Cómo viven ellos en el colegio la fama y la exposición de la madre?

Cuando eran chiquitos les molestaba que me saludara la gente. “¿Y tú por qué conocés a mi madre?”, preguntaban. Después fueron entendiendo. Y como de verdad una vez que salgo del canal y me meto en mi casa no tiene nada que ver la televisión en mi círculo afectivo ni en el ambiente de ellos en el colegio, soy una madre más.

Y en el colegio no les transmiten que sos una cheta.

Y no, si son todos chetos ahí. ¿Nos vamos a matar entre nosotros? (Risas)

¿Qué político te impactó en tu programa?

¿Por cómo rinde? El PIT-CNT rinde. Por “rendir” interpreto a aquella persona que conjuga varios talentos, primero el estar muy preparado en su tema, porque hay políticos emergentes que a veces no lo están. Tenés que preguntar poco porque los dejás demasiado en evidencia. Rinde el que vos sabés que sabe de lo que le preguntes, el que te va a dar vuelta con sus respuestas y que además lo hace con un ritmo y con una gracia que engancha al espectador. Y no es fácil conseguir figuras así. Pero en definitiva con la posibilidad de combinar al invitado con panelistas se logra hacerlo entretenido. Soy una eterna agradecida de todas las personas de peso que vienen, así como me caliento con los que no, como en el caso del Ministerio del Interior. Aunque puedo entender un montón de razones también puedo entender que no hay mejor demostración de querer comunicarse, de tender puentes y de querer que la gente pueda pensar en su casa con todas las cartas a la vista, que venir y hablar.

¿A qué panelistas de los que tuviste extrañás?

Extraño enormemente a Eleonora Navatta.

Era insoportable. (Risas)

Pero qué brillante. Insoportablemente brillante. Fui yo la que pedí para que estuviera. Ella lo sabe. De verdad yo quería a una persona que fuera de izquierda, capaz y guerrera. Y si será guerrera, que para mucha gente es hasta antipática. Para mí era una jugadora excelente. Y además nos hicimos amigas, lo cual demuestra que los seres humanos más allá de los preconceptos, si nos damos la chance de conocernos, tenemos muchas más cosas que común que cosas que nos separen, porque nuestras emociones son las mismas, y todos queremos lo mismo, que básicamente es amor. Aunque suene cursi, para mí todo se reduce a eso.

Eleonora pedía amor a gritos en la pantalla.

Es así, es negativa, es contra para todo. Es como que está en su ADN. Pero es una tierna, en el fondo. Pero bueno, todos construimos muchas defensas. Y tal vez un error mío, no intencional pero que sin duda debe colaborar con los prejuicios, es que yo debo haber también generado unas defensas que tienen por ahí más que ver con mis vulnerabilidades que a la discriminadora que la gente cree ver en mí.

Van a salir tus respuestas combatiendo todos esos estereotipos que te plantean.

Entonces dejame defenderme un poco. Tengo códigos y hay líneas que no paso. Si me dicen “está llorando, rinde”, me saco la cucaracha. O como cuando una mujer estaba contando su historia de vida y todo lo que contaba la estaba enterrando cien metros bajo tierra, fui en la tanda y le dije: “Por favor, no hables más. Si querés irte, decimos que te sentís mal.” La cubrí, ¿entendés? En eso sé que tengo códigos que jamás voy a ignorar por un punto de rating.

¿Por qué dijiste que siempre estuviste luchando contra la corriente?

Debe ser porque en todos los ambientes donde me he movido, he tenido que cargar con prejuicios, tele mediante. Estaba estudiando en la facultad pública y tenía un vínculo bárbaro, hasta que empecé a salir en Oxígeno en la tele. Ahí ya empezaron a mirar a ver si venía en taxi o en bondi. Y yo estudiaba de noche en la facultad, trabajaba ocho horas como secretaria en la Ciudad Vieja, y había una noche que no dormía, que era cuando se grababa Oxígeno. Pero ya empezaban a odiarme en la facultad, porque había empezado a trabajar en la tele. Después resulta que en el ambiente más conservador —que es un poco parte del círculo en que me he movido, por vínculos que van desde que soy chica— ahí también está el prejuicio de la tele, y de que soy demasiado hippie para ser conservadora. En el ambiente más artístico soy demasiado concheta. Siempre sapo de otro pozo. Para algún sector de la izquierda soy una facha imposible, y para algunos radicales de derecha me estoy volviendo zurda. Debo estar bárbaro, voy en el eje, ¿no? No hay un lugar que yo sienta que es mi lugar. Pero es maravilloso, porque, ¿sabés a lo que te lleva? A tener que trascender ese aspecto tan mezquino que tenemos los seres humanos de catalogar y encasillar, y poder concentrarme en buscar los puntos de unión con el resto del universo, y no esperar más nada, sino dar, y mirar lo que tenemos en común. Por eso me parece que perfectamente al programa vienen desde un presidente o secretario del PIT hasta un funcionario del INAU, o un ministro, senador o diputado, o un sindicalista de lo que fuere. Por lo menos en estos años he podido demostrar que podemos estar mucho más allá, con respeto.

¿Por qué despertás más resistencia en las mujeres que en los hombres?

¿En serio? No lo sabía. Me estoy enterando ahora. ¿Tendrá que ver con que la mayoría de la población es heterosexual, todavía? Mirá qué divinas. Arriba la causa femenina, ¿no? No sé por qué será. Bueno, también se me tilda de boluda. Qué horrible, ¿no? Debería angustiarme, pero…

Hay un tema de envidia, también, capaz.

Ah, yo escucho todo el tiempo que es este es un país lleno de envidiosos. Me resisto. Me parece muy simplista.

¿Qué estás leyendo ahora?

Acabo de terminar en uno de mis huequitos una novela nórdica, negra. ¿Viste que están de moda? Policial. No me acuerdo el título.

¿Qué opinás de la marihuana?

Que se ha hecho un circo increíble. Me parece que está perfecto que se pueda pensar en la estrategia para combatir el narcotráfico, pero en paralelo algo más faltó para que de alguna manera hoy no pasara lo que se visualiza, que es el culto al porro. Me parece que eso no ayuda en nada a la preservación de la salud de las personas. Como se quiere evitar el alcohol, el tabaco y otras sustancias, en la misma línea habría que trabajar la parte educacional y comunicacional de la marihuana. Se está haciendo tarde, entonces de alguna manera ya está habilitado, casi que fomentado y que poco menos que genere el orgullo de identidad. Ahí estamos en un problema. Y yo no soy de las que cree que la marihuana es la puerta de entrada hasta llegar a la pasta base, eso me parecen tonterías, porque nada es tan lineal. Pero de verdad me parece fantástico que nos metamos a legalizar la comercialización y producción de drogas para luchar contra el narcotráfico, pero en paralelo ampliame el Portal Amarillo, haceme de verdad una política en salud para ayudar a los adictos. Estamos recontra en el debe en ese aspecto. Bueno, para mí todo lo que es salud mental, tema que además me llega y me preocupa mucho, ahí tenemos un debe enorme.

Se está trabajando.

Pero el “mientras tanto” es pavoroso. Y como te dije, se está trabajando pero no tanto en la etapa de prevención, como se debería hacer. A la depresión se la menosprecia. La depresión puede ser el punto de partida de cosas mucho más graves, y no se la atiende.

La tasa de suicido uruguaya.

Por favor. Es tremendo.

¿Qué te ayudó a vos a salir de la depresión?

Mis hijos y el trabajo.

¿Probaste porro?

Probé, pero no puedo fumar porque no sé qué le pasa a mi cuerpo que cualquier sustancia extra me hace un efecto mil veces mayor que el que le hace a una persona común. No puedo tomar alcohol, por ejemplo.

¿No tomás alcohol?

No, me falta una enzima que asimila el alcohol en la sangre.

Medio rarita sos.

Y sí. En algo tienen razón, no seré facha pero soy rara. Y como tampoco necesito, nunca me hice estudios más profundos. Esa pitada de marihuana que probé de verdad me hizo perder control de mis pensamientos, me asustó mucho. No fue una experiencia agradable, para nada. Y después tengo el tema del tabaco, que es mi lucha, es mi cruz. No quiero hablar de eso.

¿Lo del Iris de Oro, te llegó?

Me terminó dando un poquito de vergüenza, porque fue demasiado, creo. A ver, todos sabemos cómo funcionan los premios en este país, nadie se puede convencer ni creer que porque te dieron el premio llegaste a algún lado. No. No deja de ser una valoración muy circunstancial de un grupo de personas en un momento determinado de tu carrera. Ayer y mañana, la podés embarrar. Un premio no es un lugar, es una foto de un momento. Sí me llegó el afecto de todos mis colegas, de gente que no me esperaba que…

¿Y es honesto?

¿Por qué me lo tienen que decir? Creo que lo que hay es una valoración de “está bien, bien dado, la chica está…” La chica… La señora. “Mirthita está hace como veinticuatro años al aire.” (Risas)  Me parece que estuvo eso, el reconocimiento de mi compromiso, de mi profesionalismo, y que después de tantos años conocés bastante a las personas de tu ambiente. Y se sabe quién es buena gente. Todo eso lo valoré mucho, que compartieran esa alegría conmigo. Todos sabemos que hoy le toca a uno y mañana al otro, y que eso no quiere decir nada, y todos lo sabemos, nadie se cree que porque recibís un premio sos la mejor en algo. Andás bien, eso sin duda. Pero con estar nominada ya andás bien, ¿entendés? Somos pocos, tenés que andar muy mal para ni siquiera entrar por allí. Lamentablemente el problema es que el allí es medio miope. Si de verdad los premios miraran bastante más todas las otras programaciones y los otros canales, y todo lo que hay en la vuelta, la premiación sería más rica. Es el último premio que me van a dar, así que ahora puedo hablar de lo que quiera.

¿Qué te divierte?

La fiesta inolvidable de Peter Sellers.

¡Pah!, estás vieja. ¿Cuándo la viste por última vez?

Ya sé, te morís de angustia. No la encontrás ahora, si querés verla. Pero la escena del zapato y del papel higiénico…

¿Te gusta el cine?

Sí, me encanta. Me divierte el humor pavo. No el ordinario. Me gusta mucho esa chispa inmediata que tienen algunos capocómicos, que no es nada elaborado, que es en el momento, que sorprende. También me encanta la agudeza del humor. Los análisis de Darwin Desbocatti, por ejemplo. Me cuesta mucho reírme a carcajadas con las últimas comedias que he visto en el cine, por ejemplo. Pero sigo aferrándome a las comedias inglesas como el último bastión del humor que me gusta.

¿Planes inmediatos? ¿Te vas a volver a casar?

Por ahora me parece que la mejor situación es la de la no convivencia. Yo viví todos estos años sola con mis hijos, hay toda una dinámica. Es bravo para todos, para él también. Y también hay una de sus hijas que vive con él. Son un amor, son divinas. Me parece que esta situación de cada uno en su casa pero siendo sumamente compañeros y presentes en la vida del otro, así, está muy bien.

¿Sos optimista con respecto al futuro del país?

Sí. Porque nosotros solemos tener una mirada muy cortoplacista, muy estrechita. Nos olvidamos. Yo ahora estoy estudiando historia de nuevo con mis hijos, y pienso que qué tanto nos estamos horrorizando, con todo lo que vivió este país. Y que, sin embargo, mirá, cuando creemos que ahora estamos en los peores momentos de violencia, de pérdida de valores, cuando creemos que todo es negro… Repasemos algunos capítulos de otros años, veamos cómo funcionaban las cosas. Me parece que hay cosas que son cíclicas. Le vamos a buscar la vuelta. A veces somos demasiado pocos como para poder despegar, pero por ser demasiado pocos tampoco nos vamos a enterrar todos. Me parece que en el fondo nos vamos a ayudar a quedar a flote. Mirá los valores que todavía sí tenemos. Mirá lo que es la crisis de institucionalidad que hay en los países vecinos. Acá eso no pasa. Todavía tenemos algo a qué aferrarnos, todavía podemos estar orgullosos de nosotros mismos. Desde ese lugar me parece que se pude ser optimista.

¿Algo más?

Salgo del Closet: Expongo en noviembre, en el Ministerio de Relaciones Exteriores. ¿Sabés por qué me encanta? Porque si hay algo que yo he cuidado todo este tiempo, y por lo cual nunca expuse sola, es porque respeto mucho el arte pero porque además no quiero abusar del lado mediático. No es que voy a hacer un vernissage y convoco a toda la prensa y a Caras con champagne. De verdad, ¿me entendés que se me hace un refugio? Y me parece que me ayuda a que se me legitime como artista plástica, porque el Ministerio de Relaciones Exteriores no pone a cualquiera.

¿Fuiste a algún taller?

No, soy autodidacta. Pasé por lo de Nelson Ramos, cuando era muy chiquita. Estoy en lo figurativo, deconstruyéndome. Todavía estoy en lo figurativo. Tengo una línea que es de arte sacro.  Y está el tema de la naturaleza humana, sobre todo del universo femenino. Esa va a ser la de noviembre. No sabés lo que me asusta.

¿Sos muy miedosa?

Me canso, muchas cosas me cuestan mucho esfuerzo. Vos lo que ves es el producto final, cuando ya estoy decidida, asumida y puse el acting en marcha. Pero mi gran desafío siempre es vencer el miedo que paraliza. ¿No soy normal?

Eso lo podemos discutir. ¿Vas a la iglesia?

Cuando no hay nadie porque no están dando misa.

¿Ha cambiado algo con Francisco?

Ah, yo creo que sí. Se está acercando a la gente, definitivamente.

Es un papa peronista.

Es zurdito, ¿viste? Pero bueno, Jesús era comunista. Nadie lo quiere ver, sólo Sabina.

¿Te gusta Sabina?

Ya me aburrió, pero tuve mi fascinación y sigo creyendo que es un poeta en las letras. Lo que me pasa con la Iglesia Católica es que no termino de entender o no me llega la forma en que se nos pretende bajar a tierra el Evangelio. No me llega al alma, no sé qué pasa.

Capaz no tenés alma.

Capaz. Tienen razón en odiarme. Dicen que apareció un libro fabuloso que es el evangelio secreto de la Virgen María. Hay que buscarlo, pero está en Buenos Aires, acá está agotado. Como con el arte abstracto, yo miro y salvo que de verdad haya una composición de color o algo que me genere alguna emoción, si tengo que escuchar a estos artistas contemporáneos que se paran al lado del lienzo y en un taller o clase magistral, como le llaman ahora, te explican todo, en esfuerzo descomunal por elaborar una teoría que intelectualice la mancha que hizo, me aburrí. Pero es muy atrevido de mi parte pensar que es un chanta, lo normal es pensar que yo no estoy educada para eso, que me falta el lenguaje para entenderlo. Ponele que me pasa lo mismo con la palabra de Dios transmitida desde los curas. Pero eso no significa que yo no tenga mi comunicación directa.

¿Mujica 2019?

Pareciera ser una posibilidad para el Frente Amplio. La interna está complicada. El problema del Frente Amplio es su propia interna. Tal vez lo que no ha podido lograr en todos aquellos desafíos de proyecto de país es por eso. No sé si tiene cuerda. No sé qué va a pasar con los desencantados del Frente, si Mujica ayuda o termina de desencantar. Ahora tenés al ministro Astori que está expiando culpas y poniendo las responsabilidades justamente en la administración de Mujica. No sé para dónde puede ir. No sé si hoy hay algún candidato que de alguna manera pueda alinear los planetas para poder avanzar en las cosas que se han empezado a hacer y que les falta por hacer, y tener la capacidad de cortar lo que hay que cortar. Tampoco sé si lo tiene la oposición.

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