Dedicadas por Jorge Alastra

Eduardo Mateo (1940-1990) fue un músico popular uruguayo singular. Se volvió leyenda más por su biografía que por su obra; obra que para la mayoría del público resulta –todavía hoy– extraña y lejana. Su arte fue complejo, dispar, pero coherente si vemos el desarrollo que tuvo hasta la muerte del artista. Podría llegar a decirse que no existe “un” Mateo y que existen varios, pero todos en simultáneo, y las historias recogidas por muchos testigos –músicos o no– así lo atestiguan. Hay algunos autores-compositores que le han dedicado canciones. Gesto que resulta uno de los más amorosos si consideramos al ámbito musical como un campo difícil y competitivo. Es que Mateo logró desde siempre entre sus pares unanimidad –cosa extraordinaria– en cuanto a su calidad como creador, más allá del costado complejo y polémico de su vida personal. Vamos a comentar algunas canciones que nos parecen resaltables y otra donde aparece la estética de Mateo, aunque no esté dedicada explícitamente a él. 

El enorme cantor uruguayo Manuel Capella (1946-2013), grabó para su álbum Canciones dedicadas 2 (1995), la canción de su autoría “Mateo azul de Montevideo”. Es una especie de candombe pesado y cadencioso que empieza como milonga en el arreglo de guitarra de Fernando Cabrera (quien hizo la producción de la canción). Y poco a poco se va transformando en el candombe hasta el final. Tiene un texto magnífico y emotivo. Capella juega con el color “azul”; el histórico de “Príncipe azul” y el de la legendaria carpeta. Logra una intensidad en la coda que resulta electrizante, en un juego vocal con el propio Cabrera: “Mateo azul vuelve a azular/ la luna azul de su solar/ Mateo azul siempre será/ música azul del Uruguay”. Y más adelante: “Mateo azul vuelve a azular/ la esquina azul donde aún está/ pidiendo azul, pidiendo más/ memoria azul por celestial”. Es notable el trabajo con el sonido de las múltiples zetas, en una especie de homenaje a las famosas aliteraciones de Mateo. Capella termina creando una percusión con consonantes a lo Mateo. 

Para el disco Haace calor (1992) de Mariana Ingold y Osvaldo Fattoruso, Mariana escribió su canción-homenaje titulada “Saludenló” (el título es una cita de “Nombre de bienes”, canción del disco “Cuerpo y Alma”). Es literalmente un candombe que tiene claves y guiños, y donde aparecen los títulos de varias de sus históricas canciones. Puede decirse que es un homenaje no festivo y más melancólico. Mariana lo confirma desde el estribillo: “esa tristeza que tengo/ ay, esa pena de sal/ oyendo lo dedo negro/ cantando el chi-li-ban-dán/ amigo lindo del alma/ uh, qué macana el adiós/ te me fuiste de mi pueblo/ con espíritu burlón”. 

En Lugares comunes (1991), disco en vivo de Rubén Olivera, está “Mateo Va”. Olivera eligió para su composición una rítmica afro indefinida para simbolizar lo que hacía Mateo en realidad, que en lo musical fue una especie de recogedor intuitivo del pasado africano oriental, traspasado por el lenguaje pop, si se puede decir. Acá no hay texto (un texto de canción estándar), sino que está estructurado con onomatopeyas y vocablos que resuenan en nuestra cabeza a través de obras con una tradición africana traspasada por ancestros esclavos. “A tu manera, ketungue/ a tu manera se ve muy bien”, termina diciendo Olivera, aludiendo al universo negro de Mateo. 

En 2007, el notable cantautor sueco José González publicó su segundo álbum como solista In Our Nature. En el primer track nos topamos con una sorpresa. Es una canción que bien pudo haber pertenecido a Mateo solo bien se lame. Es una fantástica coincidencia, o es el resultado de que sus padres sean argentinos y que hayan escuchado alguna vez a Mateo (y demás música uruguaya), y que esa influencia haya aparecido de manera natural en las canciones del músico sueco. Es increíble o no, pero el disco de Mateo ha traspasado las generaciones y se sabe que en los mismísimos EE. UU. es casi un disco de culto entre músicos y público “enterado”. Mateo aparece en todas sus dimensiones: pasado, presente y futuro. Más allá de Mateo, la canción de González “How Low” es premonitoria del momento bélico actual. En una estrofa dice: “Absorbed in your ill hustling/ feeding a monster, just feeding a monster/ invasion after invasion/ this means war” (“Absorto en tu malvada actividad/ alimentando a un monstruo, simplemente alimentando a un monstruo/ invasión tras invasión/ esto significa guerra”). Saludenló.

Ilustración: Oscar Larroca 

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