El impacto del silencio por Cristina Morán

 Esta historia tuvo inicio en el comienzo de los años setenta, diría en 1972 cuando con un camarógrafo y una asistente comenzamos a recorrer el país, con la intención de acercar a través del programa de televisión que entonces llevábamos adelante domingo a domingo en horas de la tarde, gente, lugares, costumbres de nuestro interior entonces tan olvidado. Artigas fue el punto de partida. Artigas con sus minas de piedras semi preciosas; Artigas con sus plantaciones de tabaco; Artigas con su caña de azúcar; Artigas con sus cañeros, los “peludos” que un día recorrieron a pie los seiscientos kilómetros que los separaban de Montevideo  con su consigna “por la tierra y con Sendic”; Artigas  con Isla Cabellos (hoy Baltasar Brun) donde vio la luz una mujer de las que se hacen imposible de olvidar, Alba Roballo, senadora y primera mujer en ocupar un cargo ministerial; Artigas con la Piedra Rosada o Piedra Pintada entonces en el medio de la nada, a la cual  llegué un mediodía frío pero pleno de sol. Fue ahí que viví por primera vez el impacto del silencio, y descubrí que el silencio tiene sonidos. El segundo impacto del silencio lo experimenté en un acto multitudinario en la ciudad de Buenos Aires mientras en el Capitolio se llevaba a cabo el velatorio de los restos del general Juan Domingo Perón muerto el primero de julio de 1973, apenas un año después de haber regresado de su exilio de 18 años y estar ejerciendo (por tercera vez) la presidencia de la República Argentina.  El tercer impacto del silencio lo viví aquí, en mi amada Montevideo, el pasado 20 de mayo, cuando en una nueva marcha del silencio, que, al igual que en 2020 y debido a la pandemia provocada por el Covid-19, se llevó a cabo en forma virtual. Más tarde, luego de ver lo que la televisión nos mostró de distintos momentos de esa marcha virtual que se repitió en todo el país, encontramos el momento para el diálogo, el cambio de ideas, los recuerdos de cada uno, de lo que habían experimentado en las distintas marchas del silencio en la que cada uno había participado y todos coincidían en la de 2019, cuando el silencio era quebrado por la lluvia intensa, implacable, golpeando en los paraguas de los familiares de detenidos desaparecidos y de los orientales que los acompañan año a año. Este 20 de mayo el silencio fue más contundente, más dramático:  la ciudad se pobló de margaritas, dieciocho de julio de pisadas anónimas y de fotos de los ciento noventa y siete compatriotas buscados hace más de cuarenta años. En la Plaza Libertad se escuchaban nombres y una sola palabra como respuesta: presente. Esta columna de hoy, es, apenas, una historia de silencios que impactan. Hasta la próxima. Que seas feliz. A pesar de todo.

                    Desde este, nuestro lugar, damos el pésame a familiares,

                  correligionarios y amigos del Ministro del Interior, doctor

                  Jorge Larrañaga.