Es nadie y nada y sombra

Todas las mañanas, rumbo a la escuela, pasaban frente a aquel chalecito de la Avenida Sarmiento. Un día, se encontraron con el cartel de una empresa de demoliciones en su fachada. Durante una semana, asistieron a la transformación de la vivienda en un montón de escombros. Lo único que permaneció de ella fue su silueta contra un muro lindero. Observándola, el hombre imaginó ver los fantasmas del alma de la casa: una familia con sus alegrías y tristezas, las habitaciones donde transcurrió su vida, la chimenea en torno a la cual se reunía en invierno…
–¿Por qué la rompieron? –quiso saber el hijo.
Se quedó el padre en silencio durante un instante. Asoció ideas. Cuando la bomba atómica estalló sobre Hiroshima, por acción del infierno que desató, algunos seres humanos y objetos que se encontraban debajo se volatilizaron, transformándose en oscuras siluetas que quedaron grabadas en el piso o las paredes por un tiempo. A este fenómeno se lo llamó efecto sombra. Análogamente, muchas antiguas y bellas casas montevideanas, víctimas de la “explosión nuclear” que genera la especulación inmobiliaria, desaparecen sin dejar más rastros que evanescentes sombras.
–Para construir un edificio –respondió por fin, con un dejo de amargura enturbiándole la voz.