Home Literatura Juan Manuel Besnes e Irigoyen,  el  primero por Nelson Di Maggio
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Juan Manuel Besnes e Irigoyen,  el  primero por Nelson Di Maggio

Juan Manuel Besnes e Irigoyen,  el  primero por Nelson Di Maggio
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240º años de posteridad

El próximo sábado 13 de  julio Juan Manuel Besnes e Irigoyen (San Sebastián 1789- Montevideo 1865) cumple 240 años del nacimiento. El aniversario pasará inadvertido para instituciones oficiales y particulares. No es de extrañar en un país que padece anomia, concepto acuñado por Ëmile Durkheim para señalar un tipo de  conducta social indiferente a los acontecimientos culturales.

De origen vasco, Besnes e Irigoyen vino a los 20 años a Uruguay, en 1809. En breve tiempo se incorporó a la sociedad montevideana para convertirse en uno de los más importantes protagonistas en sus 57 años de constante permanencia.  Auténtico instaurador, estableció las bases de una escuela pictórica y contribuyó a edificar una sociedad en construcción. De escribiente en oficinas públicas pasó a asesor del general Rivera,  primer presidente de la república. Dedicado a la enseñanza en la Sociedad Lancasteriana que promovió Dámaso Antonio Larrañaga, director de la Escuela Normal del Estado, vocal de Comisión Topográfica, militar durante la Guerra Grande, litógrafo del Estado. Recorrió  en repetidas ocasiones la campaña junto a Rivera. El viaje de Montevideo a Paysandú de Larrañaga, tuvo su réplica visual en las acuarelas de Viaje a la villa de Durazno, 1839, donde la pincelada transparente rescata con felicidad los atributos incipientes de los primeros pueblos, así como  en el álbum Prontuario de paisajes  (1852) aparecen El Tigre y Monte Caseros, la villa de San José y la  iglesia de los Santos Lugares, tímidos brotes urbanos que comienzan a devorar la naturaleza. Esos álbumes, pertenecientes a la Biblioteca Nacional, fueron incorporados al Registro Regional del Programa Memoria del Mundo de la Unesco, en 2012.

Se advierte su veta burlona y cristalina que lo emparentan con Bartolomé Hidalgo y por otro lado a la mordacidad de Acuña de Figueroa. Son algunos aspectos de una producción más extensa publicada en la monografía del autor de esta nota sobre Besnes. Convivió  en una ciudad dominada por la cultura francesa: “Montevideo valía más para Francia que todas las colonias juntas”,  afirmaban lo representantes del gobierno galo. En 1843 la población francesa constituía casi la mitad de los extranjeros y un cuarto de la población total. Esa influencia no se manifestó solo en el campo mercantil con 116 navíos franceses anclados en un mes mientras 21 partían cargados en el mismo día. El Montevideo sitiado se impregnaba con los ardores del romanticismo; vida y costumbres se sometieron a los impetuosos arrebatos del liberalismo invasor. Los salones literarios, los teatros, las tertulias privadas, las fiestas mundanas, en las que participó Besnes, abrieron nuevas perspectivas, nuevos modos de entender la realidad y de representarla. Papel principalísimo jugaron las numerosas personalidades de una programada  ofensiva cultural colonialista: educadores (Charles Laforgue y François Ducasse, padres de los poetas franco-uruguayos), periodistas (Jean Chrysostome  Thiebaut, Josepp Vial),  ingenieros (Jean Pierre Cardeillac), médicos (Pierre Capdehourat), artistas (Amedée  Grass, Durand Brayer, Darondeau,  Fisquert, Lauvergne), hombres singulares (John Le Long) y pintores que, actuando en Buenos Aires (Goulou, Monvoisin, Pallière, Debret, Pellegrini) influyeron notoriamente en el ambiente, así como lo hicieron los exiliados del rosismo porteño. Más perdurable fue  Adolphe D´Hastrel, comandante en la Isla Marín García, de estirpe aristocrática y viajera, ávida de aventuras, quien registró en acuarelas a materas y cantores, vistas de la ciudad, con joyas del grabado litográfico y del pasado colonial. Besnes alternó con otros visitantes, el pintor Cayetano Gallino, garibaldino y masón, retratista de la sociedad  y entre los uruguayos se cuentan el maragato Eduardo Dionisio Carbajal (1831-1895),  el minuano  Horacio Espondaburu  (1855-1902)y Juan Manuel Blanes ( 1830-1901), su discípulo cercano y devoto. Figari y Pallejá nacieron en 1861. Besnes se movió en ese excitante mundo  de la cultura y desempeñó un rol fundamental en la formación de la orientalidad.

Eso solo bastaría para celebrar la fecha. Pero, y en especial, fue un grabador, acuarelista, pintor de notable dimensión formal y expresiva, con obras maestras que nunca se exhibieron al público. Si la mayoría de sus admirables estampas pertenecientes al Museo Histórico Nacional, luego de ser cuidadosamente restauradas fueron exhibidas en la Casa de Lavalleja durante más de un año, la escasa difusión de la muestra  y la ausencia de un prometido catálogo dificultaron el adecuado acercamiento al primer pintor nacional. Una vez más, en víspera de un aniversario,  la ingratitud,  la indiferencia, la despreocupación oficial  o la simple ignorancia postergan el indispensable  reconocimiento  a Juan Manuel Besnes e Irigoyen. Ya llorará la historia cuando narre estas cosas.

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