“Los perros no se tocan” (Y el supergás, tampoco) por Cristina Morán

Fuentes de inspiración para titular esta columna: grupos animalistas haciendo oír sus voces en Torre Ejecutiva y el ministro de Industria también haciendo oír su voz confirmando el aumento del combustible y refiriéndose al aumento postergado (por favor no confundir con “anulado”) del supergás. Para completar este bastante oscuro panorama también vimos y escuchamos al senador Sebastián Da Silva defendiendo su proyecto de ley “cazadora de perros en condición de jauría” y autorizando para ello a la policía a matarlos siendo que, según el nuevo ministro de Ganadería” las jaurías pueden ser eliminadas por el propio productor según el artículo 125 del Código Rural”. “No se trata de hacer una cacería de perros, sino buscar una solución de fondo a la superpoblación canina”. “Va a llevar un tiempo ver los resultados”. Sin embargo el senador “cazador de perros” fue a defender y a tratar de justificar ese llamado “proyecto de ley” a un programa de televisión que es “para toda la familia” incluyendo niños, claro, que son los que aparecen en los videos saludando al programa y que deben tener sus perros a los que aman y esos niños escuchando de un senador de la República promover la cacería (matanza de perros en jauría) y autorizando a la policía para que lo haga. Vaya nuestra solidaridad y apoyo en la búsqueda de soluciones para los productores que ven morir cruelmente a sus ovejas, pero lejos de la “cacería” pergeñada por el senador Da Silva. Confieso que en materia de información el fin de semana no fue nada amable: el domingo con la cacería y el sábado con la presencia del ministro de Industria eludiendo rápidamente al periodista cuando este hizo referencia a una de las promesas en campaña del hoy presidente de la República, aquella donde afirmaba que “si gana el Partido Nacional se terminó la suba de impuestos, tarifas y combustibles. Se terminó”. Fue en ese momento que el ministro rápidamente dijo “no subimos los impuestos” y el periodista recordó el aumento de tarifas y de combustibles aunque nosotros también tenemos en nuestra mente aquello de “no son aumentos, sino adecuaciones” (aquí tendrían que abrirse grandes signos de interrogación; piensen que sí, que están, pues serían tantos que ocuparían, inútilmente, mi espacio: entonces solo hay que imaginarlos. Hay gente que tiene la sonrisa natural, me gusta llamarla sonrisa fácil. El ministro no. Al ministro de Industria le cuesta y cuando lo logra, le sale mal. Así fue cuando refiriéndose al sistema de aumentos de los combustibles y dando explicaciones (más para técnicos y/o especialistas), apenas mirando la cámara y con una pretendida sonrisa “simpática” dijo, “la gente se va a acostumbrar”. Acostumbrar ¿a qué, ministro? ¿A sobrevivir a como sea? ¿A pagar “sin chistar?” ¿A bajar los brazos y tener “inmunidad de rebaño?” que  permita que sigan vaciándose nuestros bolsillos y desaparezcan los ahorros que pudimos lograr? Le cuento que no fue nada simpático su intento de serlo cuando nos dijo “que la gente no se ponga nerviosa, que no habrá un “aumentazo” del supergás”. Claro que pretendió darnos tranquilidad anunciando que para el “aumentazo” (usted acertó con la expresión) pasará un tiempo. Nos quedó clarísimo que se producirá cuando decidan a quienes le aumentan y por quienes tendrán consideración. ¿Seguir aumentando la antipática grieta, tal vez?  Difícil y compleja tarea la de ser justos. Los dados están echados. Veremos los resultados. Mientras tanto las jubilaciones y pensiones sumergidas tienen un aumento de ¡$250! que deberán ser reembolsados cuando se decrete el aumento general de enero de 2022. Estuve muy lúcida cuando en el 2013 decidí terminar con mi larga carrera de conductora de un automóvil: me salvo de los setenta pesos el litro, hoy, mes de agosto, porque los aumentos continuarán mes a mes, como ya está anunciado. Es todo. Me voy. Estoy con mucha bronca. Hasta la próxima. Que seas feliz. ¡Y no dejes entrar al viejo!