Palacio oculto

Quienes lo construyeron lo nombraron como la megalópolis cuyos famosos rascacielos pretendían imitar con aquel esbelto alfil enclavado en el origen de la principal avenida de la ciudad.
Tal vez alentaban la ilusión de que compitiera con “la jirafa de cemento armado con la piel manchada de ventanas” que domina el panorama desde la esquina próxima.
Mas, con el transcurso del tiempo, el desfiladero de “muros inacabables” en que se transformó 18 de Julio lo emparedó entre dos moles de hormigón, metal y vidrio. Así su grácil figura terminó invisibilizada, pese a estar ante los ojos de todo el mundo.
Empero, no desapareció del todo. Cual un mensaje para la posteridad, sobre el dintel de su puerta, un diseño hecho con trazos de metal permite imaginar algo de lo que debe haber sido su belleza primigenia.
(Ubicación: 18 de Julio 886)