Entre otras peculiaridades edilicias, Montevideo cuenta con numerosas fachadas que se asemejan a un jardín. En ellas, además de plantas y frutos del mismo material, nacen unas curiosas flores de hormigón.
La teoría más difundida acerca del origen de esta cualidad se relaciona con la ornamentación a partir de elementos botánicos aplicada a la arquitectura, que tuvo auge hacia finales del siglo XIX y principios del XX.
Sin embargo, existe una explicación menos conocida pero, a gusto de este cronista, de mayor atractivo. Según la misma, la génesis del fenómeno está vinculada a quien algunos ignotos estudiosos llaman “el Duende Vegetal”. Parece que aquel fabuloso ser deambulaba por la ciudad yendo de casa en casa. Pero, además, tenía un don: si un frontispicio le gustaba, le daba un beso. Y en ese lugar, instantáneamente, crecía la particular flora que todavía pervive en muchas viviendas de la capital, aunque bajo amenaza de una horda de especuladores inmobiliarios ávidos por demoler su hábitat.
(Ubicación: Avenida 8 de Octubre 2757)





