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Cristina Cabrera: Entre el humor y el trabajo social

Cristina Cabrera: Entre el humor y el trabajo social
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Cristina Cabrera, actriz que actualmente se encuentra protagonizando Si el pampero Lakaricia, se encontró con el teatro hace más de dos décadas en un taller en la Casa de la mujer de la Unión. Desde ese momento su relación con lo escénico tuvo una fuerte impronta de trabajo social. “Con las mujeres de la casa de la mujer hacíamos un taller que después derivó en un grupo de teatro. Trabajábamos sobre violencia doméstica y de género a partir del teatro. Preparábamos una obra, la llevábamos al interior y después que hacíamos la obra abandonábamos el personaje y hablábamos desde nostras, mujeres comunes y corrientes que hacían teatro y que habían transitado situaciones de violencia, cercanas o en su propia vida. Y entonces ahí hablábamos de cómo se podía salir de estas situaciones informándose, juntándose con otros, Y la gente hablaba desde su propia experiencia”.

Además de actriz Cabrera es psicóloga, y mientras estudiaba en la Facultad la invitaron a trabajar en un geriátrico para dar clases de teatro. “Era una población que no conocía, había trabajado con niños, con mujeres, con adultos había dado clases de educación popular, pero no específicamente con personas mayores institucionalizadas. Me invitaron y empezó a correr en paralelo la formación en psicología apuntado hacia la vejez. Cuando me recibí seguía trabajando en la residencial, y a la que fue mi tutora del trabajo final, que trabaja investigando en la vejez hace muchísimos años, le encantó la idea de mezclar con el teatro. Entonces nos juntamos y preparamos un curso para estudiantes de posgrado de la facultad que tenía que ver con las herramientas escénicas utilizadas en el trabajo grupal con personas mayores. A partir de ahí surgieron seis foros que hicimos el año pasado en la Facultad. Invitamos a actores que estuvieran haciendo obras vinculadas a la vejez o a la jubilación. Y así vinieron Susana Castro y Hugo Bardallo, Pepe Vázquez y Álvaro Lamas, Teresa González, y Hugo Blandamuro con Ana Magnabosco. Y por último estuvo la obra que habían preparado los internados del geriátrico, que tienen sus cualidades específicas: gente en silla de ruedas, gente que casi no ve, que tiene muy baja audición, inicio de demencia, es la población que está ahí pero aun con esas cualidades presentaron su obra de teatro y eso fue como visibilizar también una parte de la vejez ¿Porque cómo participa un viejo? Puede estar en la Caja de jubilaciones, ir a un sindicato o a una institución que los congregue, pero para los que están institucionalizados en geriátricos es mucho más difícil, y por ahí va mi trabajo en ese sentido”.

La actriz se ha hecho un camino teatral muy vinculado al humor, convirtiéndose en una de las comediantes más destacadas del medio. Esa faceta de su trabajo también se fue desarrollando naturalmente. “Después de La casa de la mujer empecé a hacer cursos, me formé en clown, en teatro danza, y fui a un pre vocacional en el Instituto de Actuación de Montevideo (IAM). Estando allí Vicky Rodríguez Cartagena me dijo: “vos tenés que hacer teatro”. Yo ya había hecho teatro, pero me asustaba trabajar con ellos, que para mi son tremendos actores. Y empecé en una obra que se llamaba Servicio de habitación (2005) de Fernando Schmidt dirigida por Álvaro Ahunchain. Actuaban Álvaro Armand Ugón, Gustavo Antúnez y Vicky Rodríguez. Para mi fue impresionante, y fue gracias a Vicky. Después participé de Carambola, una revista de carnaval en la que ella me impulsó como cómica. Estaba con el Tito Prieto y Fernando Larrosa y nos dirigía Vicky. Después hice cosas que no tenían que ver con el humor, como Gente Normal (2014, de Micaela Larriera), que a la gente le causaba gracia pero no estaba trabajada para el humor”.

Si el Pampero Lakaricia tiene su eje en la figura de la maestra de primaria. El autor es argentino, pero la actriz reconoce que no fue necesario hacer mayores adaptaciones: “El tronco común es igual, son muy parecidas, lo que cambiamos fueron los nombres y palabras como chicos, o las fechas patrias, pero lo básico no lo cambiamos. Y la maestra es un ecosistema en sí mismo, dicho con todo respeto y con todo amor, pero son reconocibles en cualquier lugar, más allá del teatro. Es una figura que forma parte de los primeros recuerdos que tenemos, que tienen que ver con nuestra formación, con la salida de nuestra casa, con el famoso proceso de socialización, que cada vez empieza más temprano. Y lo que sucede, por lo menos como lo veo yo haciendo la maestra del principio, una maestra muy pero muy vareliana (ese personaje arranca carcajadas de los espectadores cuando aún están en la cola para entrar a la sala), es que la gente entra en el juego de ser alumno. Y aparecen todos los personajes, el niño rebelde, el niño sumiso, el niño chistoso, entonces el público es de alguna manera invitado a jugar al teatro y muchos se vuelven alumnos, incluso los que son maestros. Y una cosa que me encanta es que las maestras tienen muy buen sentido del humor, porque se matan de risa de alguna manera de muchas de sus situaciones, tienen esa capacidad de reírse de lo que pueden llegar a hacer. Es genial”

 

 

Si el Pampero Lakaricia… Autor: Fabrizio Origlio. Dirección: Hugo Giachino. Elenco: Carmen Morán, Cristina Cabrera y Daiana Abracinskas.

 

Funciones: domingos 19:30. Teatro de La Candela

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Leonardo Flamia Periodista, ejerce la crítica teatral en el semanario Voces y la docencia en educación media. Cursa Economía y Filosofía en la UDELAR y Matemáticas en el IPA. Ha realizado cursos y talleres de crítica cinematográfica y teatral con Manuel Martínez Carril, Miguel Lagorio, Guillermo Zapiola, Javier Porta Fouz y Jorge Dubatti. También ha participado en seminarios y conferencias sobre teatro, música y artes visuales coordinados por gente como Hans-Thies Lehmann, Coriún Aharonián, Gabriel Peluffo, Luis Ferreira y Lucía Pittaluga. Entre 1998 y 2005 forma parte del colectivo que gestiona la radio comunitaria Alternativa FM y es colaborador del suplemento Puro Rock del diario La República y de la revista Bonus Track. Entre 2006 y 2010 se desempeña como editor de la revista Guía del Ocio. Desde el 2010 hasta la actualidad es colaborador del semanario Voces. En 2016 y 2017 ha dado participado dando charlas sobre crítica teatral y dramaturgia uruguaya contemporánea en la Especialización en Historia del Arte y Patrimonio realizado en el Instituto Universitario CLAEH.