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Escribiendo (y creando) la memoria

Escribiendo (y creando) la memoria
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Cecilia Caballero dirigió hace unos años Square, de la dramaturga noruega Lene Therese Teigen. En aquella oportunidad la dramaturga llegó a Montevideo, y entre ensayos y funciones Caballero le comentó al pasar que el Shopping de Punta Carretas, cercano al hotel donde se alojaba Teigen, había sido una cárcel y que su padre había estado preso allí. Esa confesión generó un diálogo en que directora y dramaturga empezaron a intercambiar sobre la fragmentación de las familias que sufren el exilio, sobre el desarraigo, y surge así la idea de El tiempo sin libros. La dramaturgia, que toma elementos biográficos de la directora uruguaya, está en realidad a cargo de la dramaturga noruega, y esto permite cierta distancia de quien escribe acerca las emociones con las que trabaja.

La obra está lejos de las declaraciones autocomplacientes de muchos protagonistas de la época. Los personajes, que se presentan con características biográficas de los propios actores y actrices, recorren la doble platea en que el público es ubicado para confesar situaciones familiares, recuerdos de salidas, cumpleaños, fiestas. Pero hay algo que, a medida que esas confesiones se suceden, se pierde. Algunos recuerdos desaparecen. Sin saber ni como ni por qué, hay cosas que se quieren contar que desaparecen de la memoria, y esto no es enunciado por los personajes, simplemente es expuesto. Y el tema de la memoria se vuelve central desde uno de los ángulos menos obvios que hemos visto en la escena local. ¿Qué queda si los recuerdos desaparecen? ¿Cómo hacer para que la vida y la experiencia acumulada no se diluyan? Si “él existe si yo lo recuerdo” como se dice en el programa de la obra ¿Cómo hacer para que él no desaparezca ante la fragilidad de mi memoria?

El espectáculo transcurre asido a recuerdos de los personajes, personajes de generaciones distintas que intentan ensamblar un puzzle en que las piezas no encajan. Las historias de familias desarmadas, de desarraigos de ida y de vuelta, de ausencias y de visitas a cárceles se van entrecruzando sin dibujar historias lineales que tengan un desenlace “ordenado” sino a partir de la caprichosa lógica de la memoria. El articulador de esos fragmentos es el lápiz y el papel, los únicos elementos con que contaban los presos para no perder su memoria cuando llegó el “tiempo sin libros” en las cárceles. Y es interesante presenciar como el lápiz y el papel no solo habilitan el registro, el preservar la memoria, sino la propia reflexión de los personajes. La escritura, quizá sin que sea una propuesta central de la obra, aparece como un ámbito en que la reflexión y la creación se articulan poderosamente. Eso parece claro, por ejemplo, cuando vemos  Iván Solarich con lápiz y papel en mano y la mirada perdida, con su mente ordenando ideas que serán volcadas al papel. En tiempos de tweets, likes y whastapp, la reflexión creativa que implica la escritura parece estar quedando en el olvido, solo ejercida por unos pocos. Ver la potencia de esa práctica no es un aspecto menor de El tiempo sin libros.

Caballero logra que el elenco no muestre fisuras en la idea que se transmite en escena, pero uno no puede evitar detenerse en la potencia escénica que tiene María Elena Pérez, una actriz que sería bueno ver actuar más regularmente. La obra se pudo ver en pocas funciones en la Sala Zavala Muniz del Teatro Solís, y agotó entradas función tras función. Esperemos que el público que no pudo verla tenga otras oportunidades para compartir estos retazos de memoria que se entrecruzan en este espectáculo.

 

El tiempo sin libros. Dramaturgia: Lene Therese Teigen. Dirección: Cecilia Caballero. Elenco: María Elena Pérez, Iván Solarich, María José Lage, Cecilia Martínez Carlevaro.

Leonardo Flamia Periodista, ejerce la crítica teatral en el semanario Voces y la docencia en educación media. Cursa Economía y Filosofía en la UDELAR y Matemáticas en el IPA. Ha realizado cursos y talleres de crítica cinematográfica y teatral con Manuel Martínez Carril, Miguel Lagorio, Guillermo Zapiola, Javier Porta Fouz y Jorge Dubatti. También ha participado en seminarios y conferencias sobre teatro, música y artes visuales coordinados por gente como Hans-Thies Lehmann, Coriún Aharonián, Gabriel Peluffo, Luis Ferreira y Lucía Pittaluga. Entre 1998 y 2005 forma parte del colectivo que gestiona la radio comunitaria Alternativa FM y es colaborador del suplemento Puro Rock del diario La República y de la revista Bonus Track. Entre 2006 y 2010 se desempeña como editor de la revista Guía del Ocio. Desde el 2010 hasta la actualidad es colaborador del semanario Voces. En 2016 y 2017 ha dado participado dando charlas sobre crítica teatral y dramaturgia uruguaya contemporánea en la Especialización en Historia del Arte y Patrimonio realizado en el Instituto Universitario CLAEH.