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Quemá esas encuestas  

Quemá esas encuestas   
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Las últimas encuestas que han dado a conocer las empresas de estudios de opinión pública dan cuenta de una inmensa caída de la intención de votos respecto a las pasadas elecciones por parte del Frente amplio, y un descenso menor en los partidos tradicionales. Ese desencanto de los votantes frenteamplistas no se convierte en un voto automático hacia las otras opciones y pasa a engrosar el espacio de los llamados indecisos. Y aunque es probable que al acercarse más el tiempo de las decisiones, muchos de quienes hoy se muestran desencantados terminen optando por una u otra expresión electoral, lo harán en función de algo que puede llegar a ser nefato para el sistema; votar por el “mal menor”. Qué ha pasado con el gobierno frentista para desencantar a su reciente electorado? ¿No ha cumplido con su programa o con sus promesas? ¿Por qué los otros partidos no logran atraer con sus propuestas a estos últimos? ¿Hay un hastío con la “clase política” en general? ¿Hay un vacío para que estos hoy indecisos conformen una nueva expresión?

 

Mirá esas encuestas: falta una Clase Política por Carlos Luppi

Aprendí a respetar las encuestas cuando aparecieron las de noviembre de 1984 en Búsqueda, que dijeron que el Partido Colorado ganaría por más de 150.000 votos al Partido Nacional. Yo había recorrido todo el país, que estaba inundado de gente pidiendo la libertad de Wilson y anunciando que derrotaríamos al “caballo del comisario” que era Julio María Sanguinetti. No fue así, y el país sigue viviendo las consecuencias de aquello, pero las encuestas tuvieron razón.

El Frente Amplio, el Partido Nacional y el Partido Colorado, y el resto del espectro político, con las excepciones de siempre, adolecen lo que creo que constituye el gran problema de nuestro país, que es la carencia de una gran clase política, como la que tuvimos antes de la dictadura. Vivimos un tiempo en el cual es notorio (y acaso merecido) el rechazo de gran parte de la población y particularmente los jóvenes por la actividad política, que supo ser la más noble de las faenas, donde llegaban sólo los mejores, hasta hace apenas algo más de 30 años.

Esto es una situación trágica, porque la clase política es el timón de la República en un sistema democrático como el nuestro. Quienes abominan de los políticos deberían recordar que cuando estos no están aparecen las formas antidemocráticas, o personalidades como Donald Trump, que está logrando el milagro de desprestigiar la Presidencia de la primera superpotencia política, económica, militar y cultural del mundo. Uruguay tuvo apenas hace unas décadas una de las mejores clases políticas del mundo. El período que se cierra con el golpe de Estado del 27 de junio de 1973 es un tiempo –incomprensible para las personas que tienen hoy menos de 45 años- en que la Política era acaso la más noble actividad a la que podía aspirar un ciudadano. En aquel tiempo significaba afrontar una vida dedicada al servicio público y la formación para servir a la Patria. La honradez era un prerrequisito que ni siquiera se mencionaba. Los mejores hombres sacrificaban sus fortunas, sus felicidades y hasta sus vidas en aras del bien común. Los políticos subían ricos al poder y bajaban pobres de él. La gente común los admiraba y los seguía con devoción. Por ellos, esa gente común enfrentó masivamente el Golpe de Estado de 1973, protagonizando una Huelga General que asombró al mundo, enfrentó a las Fuerzas Armadas en la calle, y continuó la lucha hasta que el país se reinstitucionalizó.

Quienes hoy no puedan creerlo, pregunten a sus mayores. Muchos jóvenes de entonces (hablo de fines de los ´60 y principios de los ´70), faltábamos a las clases en Secundaria o la Universidad para ir al Parlamento a escuchar a nuestros políticos, aprender de ellos, luchar por ellos y muchas veces establecer vínculos de admiración y afecto por encima de Partidos.

Había figuras admirables en los tres partidos de la época: en el Partido Colorado, por ejemplo, se destacaban Luis Hierro Gambardella, Manuel Flores Mora, Amílcar Vasconcellos, Eduardo Lalo Paz Aguirre y Carlos W. Cigliutti; en el Nacional estaban Wilson Ferreira Aldunate, Washington y Enrique Beltrán, Dardo Ortiz, Mario Heber, Héctor Toba Gutiérrez Ruiz y Walter Santoro; y en el Frente Amplio, el General Líber Seregni, Zelmar Michelini, Juan Pablo Terra, Rodney Arismendi, Enrique Rodríguez, Enrique Erro, Alba Roballo y otros. Estaba el magisterio de Carlos Quijano.

Estos hombres y mujeres –sin distinción de banderas- eran respetados todos, en tiempos de dura y permanente confrontación ideológica.

Por ese Parlamento, cuando cayó, derribando por una “marea negra” continental el 27 de junio de 1973, hombres y mujeres de todas las generaciones hicieron una huelga general que asombró al mundo, y llenamos la calles en manifestaciones heroicas como la del 9 de julio de 1973. Hace años que me pregunto con amargura si la gente arriesgaría su vida ahora. La cuestión es de tremenda importancia, porque el timón de un país es su clase dirigente, y no se puede avanzar en el mundo económicamente globalizado sin una gran clase dirigente. Hay que difundir el ejemplo de nuestros grandes hombres –que los tuvimos en abundancia- porque es esencial para la construcción del futuro. Tenemos que lograr que nuestros jóvenes vuelvan a la actividad política, y que sean como aquellos Políticos. El camino que veo es enseñarles la verdadera Historia Reciente, la de ese Parlamento en defensa del cual asombramos al mundo entero. Y que se aplique Justicia sobre todos aquellos -todos, en todos los partidos- que probadamente lo merezcan.

 

El desencanto de la muchedumbre por  Garabed Arakelian

Que el entusiasmo frentista se viene angostando no es mérito de la oposición, sino resultado directo de las fallas del partido de gobierno en el cumplimiento del programa propuesto. Por ello, los primeros y más desencantados, los que han retirado su confianza y su apoyo y los que critican de manera más acerba son los propios frenteamplistas.

Más allá de que en toda gestión siempre quedan objetivos que no se alcanzan, el gobierno del FA dispone de auténticos logros que le permiten, con razón, presentar una larga lista de concreciones, fundamentalmente en el área social. Pero, para los suyos no alcanza pues también tiene incumplidos numerosos e importantes temas que integran la columna vertebral de la prédica frenteamplista.

Ante la posibilidad de un cuarto gobierno consecutivo la mirada de los frenteamplistas se focaliza en los aspectos fundamentales, en aquellos que provocan cambios estructurales decisivos para la historia, y comprueban que lo que se ha hecho ha sido poner el orden imprescindible para avanzar. Se ha mejorado el sistema, pero ni siquiera se le ha forzado hasta el límite de sus posibilidades ni se ha intentado sustituir alguno de esos rasgos definitorios.

Sin mediar capacitación y educación para proponer cambios estructurales lo que se ha hecho es posibilitar con dinero y créditos las ansias de consumo que el sistema propone a la población en general.

Los portadores de sueños frustrados, los esperanzados y ahora decepcionados, los que se sienten engañados y están indignados, todos ellos, viven el asedio de la realidad y entienden que han sido defraudados. se plantean ¿y para esto es que peleamos y militamos?, en tanto que la mirada se vuelve hacia la dirigencia.

¿Y qué hace esa dirigencia? No baja de su pedestal a escuchar y dialogar con ánimo de entender las amarguras, incorporar las demandas y demostrar que tiene en consideración la actitud de la militancia frenteamplista, sino que se encarama en la soberbia de ignorar a aquellos a quienes les ha venido pidiendo y suplicando que salgan a “enamorar a la gente”. Hacen la parodia de que escuchan y que si, que van a atender esos planteos, pero incumplen sus asentimientos en tanto tratan, por otras vías de dar el esquinazo a las auténticas aspiraciones populares.

Por más que se hayan aumentado los sueldos y las jubilaciones mínimas la diferencia entre ellas y muchos sueldos otorgados a nivel público y particularmente el militar, muestran una desigualdad provocadora. Justificadamente, cuando ese mínimo no alcanza a cubrir los requisitos para disponer de una vida apenas digna. Para ellos, que son muchos, la vida está muy cara.

En cuanto se hace este planteo avanzan en alud otros reclamos no menos importantes: la tierra en manos de terratenientes que esquilman a sus inquilinos y además explotan y destratan a sus propios empleados; las empresas extranjeras  propietarias de enormes extensiones y que además controlan la industria frigorífica; el monto enorme de la deuda externa; los persistentes intentos para atar al país –pese a los reiterados rechazos- a los lazos opresivos de los tratados de libre comercio; la educación, que sigue sin conformar pese a todos los esfuerzos y la sensación inéquivoca de que la tecnoburocracia es el factor de poder real en el país y que  ella suplanta a quienes son electos para tomar las decisiones políticas.

De modo que, en una mano tenemos, a manera casi de limosna, unos pequeños logros en cantidad y trascendencia, y a la otra, ignorada, extendida en el vacío, se le deja la escasa posibilidad de cerrarse como un puño para reclamar por sus derechos y los sueños prometidos.

Está bien, es oportuno  preguntarse qué ha pasado, qué está pasando y buscar una respuesta al desencanto de la muchedumbre.

Resulta evidente que gobernar desgasta por  Marcelo Estefanell

En mi opinión el tema central radica en que los medios le dan demasiada importancia a la política y, consecuentemente, a las dichosas encuestas. A las pruebas me remito: no pasa un año de gobierno asumido y ya comienzan a preguntar a quién votaríamos si las elecciones fuesen el próximo domingo. Y con el transcurrir del tiempo, un mes y otro también, insisten en encuestas de esa naturaleza y en divulgar datos que no tienen sentido más allá de alguna tendencia. Y, menos aún, significan algo cuando los indecisos son el segundo o el tercer porcentaje mayor.

De todas maneras, independientemente de las consultas de opinión, resulta evidente que gobernar desgasta y que, pese a ello, la oposición no encuentra, por ahora, una propuesta contundente para oponer al Frente Amplio. Y los partidos más pequeños parecen condenados a ser referenciales con su 2, 4 o 5 % del electorado; ni siquiera Edgardo Novick y su Partido de la Gente ha logrado captar los votos “desencantados”.

Falta mucho aún para las próximas elecciones y, a mi juicio, recién tendrá sentido conocer las consultas de opinión luego de las elecciones internas de los partidos políticos. Mientras tanto, sin olvidar los errores garrafales cometidos por las encuestadoras en los anuncios de resultados que luego no se dieron —tanto a nivel internacional como local—, tendremos que acudir a ellas como una herramienta válida para interpretar la realidad.

 

 

Sin sorpresas por Gustavo Melazzi

 

1) Desencantados. Sin afinar el lápiz, podemos agruparlos en dos grupos. a) Uno correspondería a quienes se identifican con una cierta izquierda tradicional; con diversas formaciones ideológicas y, muy probablemente, militantes. Se sienten incómodos si se los califica de “progresistas”, en virtud de su vacío conceptual.

  1. b) El otro grupo reuniría personas no politizadas; oscilantes al votar pero que en últimas elecciones, desconformes con blancos y colorados y deseando un “cambio”, votó el FA. La experiencia no los conformó, sea por hastío, por adscribirse a la idea de que “son todos iguales”, o algún otro criterio. Es usual que quien pague los platos rotos de tal desencanto sea el gobierno de turno. A futuro, es de esperar una actitud aleatoria y decisiones muy de último momento.

2) Lo importante. Es analizar el primer grupo, pues nos remite a la experiencia del FA-Gobierno y el planteo hacia las próximas elecciones.

La izquierda implica impulsar cambios profundos hacia una sociedad en beneficio del pueblo, en armonía con la naturaleza y sin explotados ni oprimidos. Pero luego de más de diez años de gobierno nacional (y de 25 en Mvd.), esto no está sucediendo. Hay ya muchas evaluaciones sistemáticas que lo fundamentan, y se actualizarán para las elecciones.

Pero rompe los ojos la falta de entusiasmo y convocatoria del FA-Gobierno, y los “desencantos” actuales. Es aquí donde es posible “abrir” este grupo. Son muchos (y seguramente la mayoría) quienes reconociendo problemas, igualmente votarán al FA. La idea del “mal menor” (aunque signifique desencanto, ausencia de ideas, proyecto, líderes) se beneficia de una oposición con enormes carencias (y a la cual, convenientemente, se le exagerarán sus impactos más conservadores). Una vez más se insistirá con el Programa y se prometerá una reestructuras del FA.

Otros, los menos, anotan que ese voto es reafirmar, legitimar lo que se hizo y a un equipo de gobierno (no es válido señalar “todos somos culpables”); y señalan que poco tiene que ver con la izquierda una experiencia que sólo transita una senda que consolida, refuerza un Uruguay dependiente, sin soberanía y para el enriquecimiento de una ínfima minoría, mientras el grueso de la población no sólo mantiene sus carencias sino que no tiene perspectivas positivas. No construye nada nuevo. Muy lejos de las promesas y las ilusiones de la larga y profunda movilización popular que los llevó al gobierno.

Además, desde hace años, el movimiento popular, única garantía de cambios de fondo, es relegado ante la importancia otorgada al “votante” (hay propuestas incluso de que en el FA decida sólo el número de votos). ¿Es “desideologización”? De ninguna manera; es el triunfo de la derecha (individualismo; consumismo; no te metas; delegación de decisiones; el éxito por el dinero, etc.). Lo del título: que nadie se sorprenda entonces; es lo que ahora se “cosecha”.

3) Conclusión. Lo primero, más allá de discursos y venta de humo, es reconocer que tenemos (y el FA administra) un capitalismo bien “en serio”; muy lógico; sin sorpresas. Y no se vislumbran salidas positivas. Recuperar, reconstruir conciencia, organización y compromiso popular (ya bastardearon “refundar”) será tarea de largo plazo. A sembrar, pues.

El desencanto por Jose Manuel Quijano

Hay cierto desencanto en el electorado frenteamplista. En la última elección presidencial las encuestas previas indicaban que la fuerza electoral del FA menguaba. Sin embargo,   a último momento  recuperó   parte de su electorado indeciso. Volvió a ganar  y raspando, con mayoría absoluta parlamentaria, quizá  en parte por rechazo a las opciones  que ofrecía la oposición.  Ese desencanto ha continuada alimentándose en el segundo gobierno de  Vázquez.  Y la pregunta es ¿por qué?

1.-.El FA fue una construcción  inteligente e imaginativa que permitió, en  pocos años, desplazar al partido colorado de su papel de eje político nacional (hay que decir, en honor a la verdad, que  algunos dirigentes colorados contribuyeron  en tanto miraban la herencia social batllista con la aprensión  que suscita el leproso).Pero ahora el FA vive los efectos  del enfriamiento que acompaña al paso del tiempo, al desgaste y a  las  propias transformaciones que ha sufrido en las décadas pasadas. La coalición ha conocido cambios  significativos

Una de esas transformaciones  tiene que ver con los equilibrios internos. El FA de Seregni, los senadores colorados, los  demócratas cristianos, los socialistas y los comunistas dio paso  a una organización cuya posición de centro izquierda fue  debilitándose a medida que el MPP crecía electoralmente y juntaba fuerza con los  comunistas. A su vez las “bases”, paradójicamente, por alquimia estatutaria, se reducían en número pero aumentaban en gravitación  electoral en los órganos de la coalición.

Simultáneamente, las posiciones más moderadas (o de centro izquierda) fueron perdiendo protagonismo  y gravitación en el espacio político, en buena medida por la debilidad política de su liderazgo.  No obstante, afianzaron el control del área económica y  se fue extendiendo la idea – apoyada en los descalabros económicos regionales –  que si perdían ese control solo la hecatombe estaba por delante. Porque, si bien se mira, algunos ensayos  recientes de la izquierda regional, con variantes según los casos, llevan a pensar que es más lo que se pierde que lo que se gana con esas prueban. Por venalidad, ignorancia y desatino.-

2.-  Casi veinte años después de la creación del FA  el  socialismo “real” colapsaba en la URSS y en Europa Central  y, en América, Cuba  se convertía de faro orientador en la década de los sesenta a luz cada vez más opaca hasta  flotar en la agonía y sobrevivir gracias a la sustitución del subsidio soviético por el  venezolano. La efímera influencia venezolana  en la región aportó  dinero fresco del erario bolivariano (Chaves tenia bolsillo fácil con el dinero público),  el respeto inicial  por las elecciones hasta que comenzó a perderlas y  la mutación  cada vez más evidente hacia una  corrupta y desaprensiva narco tiranía.

Las fuerzas que componen  el FA han guardado silencio (o han hablado  en voz tan baja) acerca de esa  transfiguración de Mr Jekyll  en Mr Hyde. De ahí la dificultad  para tener una posición frenteamplista sobre  la dictadura venezolana. Unos, efectivamente, como el canciller Nin, no tienen duda de que en la patria de Bolivar hay una  espantosa dictadura pero otros, que han ido acumulando fuerza dentro del FA,  envían  a Maduro mensajes de solidaridad  y reclaman contra el bloqueo  que, según esta versión, sería responsable de la debacle económica y social. Los tres lustros largos de dislates, despilfarros y robos (todos endógenos, es decir resultado de la corrupción y la ignorancia de encumbrados bolivarianos) no habrían tenido nada que ver.

Estas son,  sin duda,  diferencias  desconcertantes,  al menos para quienes quieren  apostar a  una izquierda democrática.   Si el FA inicial era, sin ninguna duda,  fuerza activa  de la democracia representativa el segundo frente, el de ahora, a contrapelo  de los acontecimientos globales, parece guardar en su corazoncito un amor tímidamente confeso  por el socialismo real. Que es lo mismo que decir  que no tiene rumbo viable alguno.

  1. Lo anterior no es para nada un hecho menor. Esta división de pareceres se refleja en temas centrales que hacen  a  transformaciones que  Uruguay necesita y  no puede llevar a cabo. La reforma de la educación – alcanza con ella para entender la gravedad de lo que acontece –  es un caso paradigmático. En la modesta opinión de quien esto escribe la única  propuesta seria,  que provenía del mejor equipo que Uruguay podía reunir, y que venía precedida de un lustro de estudios con el apoyo de CEPAL, fue la que impulso, en el gobierno colorado de Julio Sanguinetti, el profesor German Rama. Varias figuras de izquierda, con inserción desde antiguo en la educación, colaboraron con ese proyecto.

Pero fue ferozmente boicoteada por buena parte de la dirección sindical y de los partidos más ideologizados de izquierda.  Y el colofón lo proporciono el siguiente gobierno colorado del liberal Jorge Batlle  que con cierto disimulo la enterró. Desde entonces- y ya vamos por el tercer gobierno del FA – el tema de la reforma de la educación primaria y secundaria  anda a los tumbos ¿Cuál es, entonces en realidad, la capacidad del FA para impulsar una transformación de la sociedad y de la economía en Uruguay?

4.- Hay que prestar atención, además, a los hechos que se pueden catalogar  de episodios  delictivos  y/o  éticamente  reprochables y que, de manera  acumulativa, han ocurrido y se han ido divulgando desde el primer gobierno  frenteamplista. Por cierto, estos hechos no tienen la dimensión ni la gravedad de los que hemos visto en la región (especialmente en Argentina Brasil y Venezuela) pero sería equivocado no tomarlos en cuenta porque han generado malestar en frenteamplistas y en no frenteamplistas.

Se incluye ahí, sin ánimo de ser exhaustivo,  el caso de  Bengoa y los casinos defendido, incluso después de procesado, por su jefe político; la contratación de Ficus Capital (sin licitación) para que asesorara   en cuanto a nuevos inversores en  PLUNA  y en el Banco Comercial,  y los honorarios de aproximadamente un millón de dólares  por cada  penoso consejo, contratos que no provocaron  reclamo   o explicación alguna cuando PLUNA capotó y el Comercial entró en problemas;  los negocios con Venezuela del Pato Celeste y de Aires Frescos que se justificaron con el simpático ” de algo tenían que vivir”.   También los 10 millones que el empresario deportivo Paco Casal debía a la DGI y cuya resolución estaba en juicio  y que Mujica condonó porque en una de esas teníamos que pagar más de 10 millones  si el juicio seguía. Y  además  los médicos empresarios prendidos económicamente de la salud pública  (ASSE);  las prometidas viviendas sindicales  y los adelantos de dinero que se evaporaron mientras proliferaban las caras de “yo no fui”; y más recientemente  el caso ANCAP y las tarjetas corporativas.

 

No hubo en verdad demasiado invento. Algunas de estas cosas habían ocurrido, con características quizá similares, en gobiernos anteriores y de signo no frenteamplistas. . Pero  ocurre  que una parte del electorado del FA  alimentaba el convencimiento de que eso no podía suceder en un gobierno de la izquierda. Y cuando esa parte del electorado militaba por el FA y defendía su programa actuaba con el convencimiento de que el poder podía corromper a otros pero no a ellos.  El breve repaso de los hechos mencionados  en el párrafo anterior  sugiere  lo que todos deberíamos haber sabido: que  el poder, cuando no está sujeto a rienda corta, se presta para manejos indebidos y que  la filiación política no es un antídoto.  Comprobarlo no es precisamente alentador.

Entonces, la pregunta en realidad es: ¿Cómo quedamos inmersos en este desorden de valores? ¿No estará  justificado  cierto  desencanto en el FA? Han pasado cosas que no son menores.  Una izquierda de impronta democrática  debe  comenzar por  revisar su pasado, rescatar  sus  rasgos esenciales, desprenderse de  los lastres ideológicos y ser severa con las conductas desviadas de sus militantes.. Solo entonces estará en condiciones de tomar vuelo para construir una opción social y económica viable.

 

¡Basta de sueños, queremos realidades! por Mercedes Vigil

El Frente Amplio acaparó por años la mayor maquinaria de proclamar sueños, en un Uruguay que necesitaba rescatar utopías. Todo era posible de la mano de estos gurúes que entusiasmaron multitudes con alocuciones cargadas de todo aquello que el ciudadano quería escuchar. ¡Basta de realidades, es hora de soñar!

Estábamos lejos la utopía batllista, estatista y liberal, que, junto a la saravista por la representación de las minorías, parida en las cuchillas, se hicieron realidad sin lucha de clases, con democracia y republicas reales.

Pero la nueva utopía fue un fracaso y hoy inauguramos enormes cárceles a contramano de la efectividad que pasa por cárceles pequeñas. Mas de una década al frente del M. del Interior aburguesaron jerarcas y engordaron malhechores. El P. Judicial colapsó con magistrados que ocupan el 70% de su tiempo en asuntos originados en el mal desempeño de políticas gubernamentales. El sistema de salud ha degradado la atención en las mutualistas, dejado caer hospitales y convertido al Fondo Nacional de Recursos en un barril roto que niega medicamentos vitales. La educación va en caída libre con egresados iletrados, deserciones a muy temprana edad y docentes mal pagos.

Es evidente que la alternancia de los partidos políticos en el gobierno reduciría el enquistamiento patológico que padecemos, hoy muchos funcionarios actúan como mandantes y no como mandatarios. Se ha naturalizado el peculado, el nepotismo y la conjunción de interés público con el privado. Se aplaude el derroche de los fondos públicos con una inconciencia criminal.

Pero quien crea que bastará solo con sacar al FA del gobierno, está viendo la punta del iceberg. Debemos cambiar la forma de hacer política y para ello es imprescindible una sociedad civil que controle a los gobernantes como es debido. El Estado ha crecido hasta guarismos absurdos y hoy está más dispuesto a financiar aventuras que a cumplir con las obligaciones naturales para la que fue creado. Aquella que Tabaré Vázquez bautizó como la “madre de todas las reformas” quedó en la nada.  Quizás ese sea uno de los motivos que está derrumbando la popularidad del más demagógico de los partidos uruguayos que, ni con sus dádivas populistas, ni con los millones invertidos en publicidad para auto posicionarse, hoy logra disimular

Frente a esta crisis que está sepultando a nuestra clase media, con un ingreso per cápita que ronda los $ 20.000 crece una nueva clase acomodada integrada por “funcionarios”, muy diferente a la tradicional clase política uruguaya. Son personas privilegiadas que no viajan en colectivo, educan a sus hijos en institutos privados, tienen custodios personales y no tratan su salud en el Hospital de Clínicas sino en el Sirio Libanes de San Pablo.

Ya no bastan las expresiones de deseos en un país que se derrumba y hoy se repite desde el poder que el asunto es “saber comunicar”. Parece un argumento obtuso en un siglo en el cual  las nuevas tecnologías permiten al ciudadano conocer en segundos lo que desde el gobierno se quiere esconder: “funcionarios” apoyando dictadores, gremialistas viajando como reyes, la escalada de suicidios, la naturalización de la corrupción, la violencia intrafamiliar, los delitos violentos, las muertes por inasistencia, el embarazo adolescente, las pandillas de narcotraficantes y todo aquello que está convirtiendo a Uruguay en un país tremendamente incierto para quien viva sin privilegios.

 

Enamoramiento y desencanto por Gerardo Tagliaferro

No comparto que sea “nefasto” para el sistema que la gente tenga que optar por el mal menor. Creo que es una afirmación demasiado apocalíptica. A veces el mal menor no es otra cosa, sencillamente, que lo que la realidad permite. Y la realidad no es inmutable. Lo que hoy es, quizás mañana no lo sea.

Los psicólogos -o algunos de ellos, o alguno, no sé bien- dicen que las relaciones de pareja comienzan por un enamoramiento, que es poco racional, muy apegado a las características positivas del otro/a, que por otra parte hará el máximo esfuerzo por destacar éstas y esconder las negativas. Con el avance de la relación, inevitablemente eso que intentó ocultarse hará irrupción y la relación entrará entonces en una etapa de desencanto, que no es con el otro, sino con lo que de ese otro quisimos ver. Si la relación supera esa etapa -no siempre la supera, obviamente- podrá venir el amor verdadero o el amor maduro, que incorporará el ser real de cada uno y no ese que idealizamos. Y seremos felices y comeremos perdices aun con nuestros enojos y discusiones, enfrentaremos juntos las dificultades, miraremos la serie de moda en Netflix y, si somos clase media de estos tiempos y la economía no se descalabra, viajaremos en las vacaciones y publicaremos las fotos en Facebook.

Si los procesos sociales reproducen de alguna forma lo que sucede en las relaciones individuales, se me ocurre que el vínculo del Frente Amplio con sus votantes puede asemejarse a esa historia de amor. Claro que los procesos sociales discurren en períodos más largos. A veces demasiado largos para los plazos de los seres humanos.

El Frente fue durante algún tiempo ese nuevo amor que encandiló nuestros ojos, del que solo percibimos su sonrisa, su mirada chispeante, su inteligencia, su capacidad de seducción, sus propósitos nobles, sus promesas -dichas o sugeridas- de un futuro promisorio juntos. Eso fue mientras no convivimos con él. Pero el Frente llegó al gobierno. La pareja se consumó, a las noches de pasión sucedieron las mañanas de mal aliento; a las palabras hermosas los hechos confusos; a la promesa de atención exclusiva o al menos preferencial, la realidad de otras prioridades.

El problema con la política -a diferencia de las parejas- es que como los tiempos son más extensos los individuos no soportamos el período de desencanto y es más probable que la relación no llegue a su etapa de madurez.

Convencerse de que aquello que nos deslumbró del otro era solo parte de la realidad y que ésta es mucho más compleja y menos encantadora debería formar parte también del análisis político. Pero, como en muchísimas historias de “amor” -así, entre comillas- no se llega a esa etapa. Y además, en política, siempre habrá otros ojos de mirada chispeante, otras palabras seductoras, otros gestos prometedores que nos vuelvan a encantar.

 

Alerta indecisos por Federico Irazábal

Tal vez la mejor analogía para definir una encuesta es la de una fotografía de un momento particular. En sí, su carácter es mayormente descriptivo, y solamente utilizando series de datos y prestando especial atención a las variables contextuales y a los márgenes de error, podemos utilizarlas para hacer alguna predicción. Uno de los roles más injustos que se les atribuyen no es ya el de predecir, sino también el de forjar o empujar situaciones. De esta manera, se comete el exceso –por no decir la burrada- de acusarlas de favorecer a tal o cual candidato con el propósito de mejorar su situación electoral.

En un reciente sondeo, CIFRA alertó sobre un excesivo porcentaje de indecisos con respecto a igual período de tiempo en relación con la realización de las pasadas elecciones. Así, mientras que faltando unos 18 meses para las elecciones de 2014, el porcentaje de indecisos se ubicada en torno a 16%, en la actualidad, ese guarismo totaliza 40%. Siguiendo con la mirada comparativa, los dos cambios también significativos son la abrupta caída, tanto del Partido Colorado (de 16 a 3%), como del Frente Amplio (42 a 24%).

No es la primera vez que el Frente experimentaría un revés en su desempeño electoral, aunque si lo sería a nivel nacional. Durante la elección municipal de 2010, un número importante de frenteamplistas manifestó su descontento con la elección de Ana Olivera como candidata, aunque sin castigar directamente al partido ni poner en riesgo su continuidad al frente de la administración. La manera más efectiva de manifestar su desacuerdo fue votando en blanco o anulando su voto. Si bien el Frente retuvo la administración de la capital, el porcentaje respecto de la elección anterior fue de casi 7 puntos porcentuales menos.

Ahora bien, el electorado frenteamplista, que según parecen mostrar las recientes encuestas es el que se muestras más indeciso puede optar por un camino similar al de los montevideanos en 2010, o bien podría realmente castigar al gobierno actual votando por cualquiera de las opciones opositoras. Este último aspecto parece aún no haber cuajado, ya que el estancamiento o declive de la intención de votos de los partidos de oposición los muestra incapaces aún de capitalizar esa insatisfacción.

Desde el Frente se aduce cierta dificultad para comunicarle a la ciudadanía los logros de este período –algo así como el “gobierno bien, pero comunico mal”-, mientras que la oposición muestra un comportamiento errático, y un escenario fragmentado, incapaz de proponer una alternativa conjunta para impedir el cuarto período frenteamplista. Pareciera también que aquí la comunicación con el votante –sobre todo aquellos frenteamplistas desencantados- tampoco está pasando por un buen momento.  Durante el receso de verano, los autoconvocados han mostrado una mayor capacidad de agenda que los partidos, permitiendo vislumbrar un rasgo a mi entender nada positivo, que es el de la acción política por fuera de los partidario. Tanto los partidos de oposición, como el partido de gobierno deben tomar nota del malestar ciudadano, y brindar respuestas que generen empatía con los ciudadanos. De lo contrario, nos acercamos cada vez más al movimentismo, y quien sabe si no, a en un futuro no muy lejano, tener nuestro propio Donald Trump.

 

El desencanto político por Perla Lucarelli

El desencanto con la política y los políticos, la evaporación de la creencia en que vale la pena participar en los asuntos públicos y procurar un mundo más digno, ciudadanos distanciados de las organizaciones y partidos políticos, el descrédito, el debilitamiento de los sentimientos políticos que deviene en una falta de adhesión de los ciudadanos a sus líderes y a las causas defendidas por éstos, es un fantasma que recorre el mundo y al que Uruguay, por supuesto no es ajeno.

Falta de Ética, promesas incumplidas, corrupción, mal manejo de fondos públicos, estafas, innumerables fracasos, descubren a un ciudadano harto de la política y una “contraideología” que penetra en la sociedad y se instala para quedarse largo tiempo entre nosotros.

A un año y meses de las Elecciones, el desencanto político domina la  conciencia social y destruye los ideales de justicia, que suenan pasados de moda o defendidos por alguien francamente ingenuo.

El ciudadano solidario y participativo se desvanece. Eso propicia un círculo vicioso:  la política se vuelve, todavía más, monopolio de aquéllos que son los principales responsables de su desprestigio, sobre todo los que suelen ejercer su actividad motivados por el autoenriquecimiento.

Lo anterior, sumado a que hoy, la que fuera la coalición que había logrado condensar gran parte de la potencia impugnatoria, no es nada más que un deteriorado pacto electoral, una masa carente de núcleo dirigente unificador, sin lineamientos estratégicos, lejos de mostrar una coherencia a los presentes problemas del país. El Frente Amplio está en claro proceso de descomposición.

Una generación conductora del FA formada únicamente en el marco de luchas sociales, negadora y desconectada política e intelectualmente del problema real del ciudadano. Un FA desconcertado por su falta de elaboración para enfrentar el escenario; completamente ineficaz, y que en vez de avanzar en la construcción de la unidad social, prefirió gastar sus energías en dividir la sociedad, aumentando la confrontación y el resentimiento de un gran sector de la población. El resultado de todo esto: Una verdadera tragedia.

En el presente ciclo político, ¿Cómo rectificamos el curso? ¿Es posible refundar una conciencia política activa? ¿Cómo evitamos que el ciudadano prefiera pagar multa antes de acercarse a las urnas? Es momento de actuar y no continuar con este desencanto hacia la política. Como afirma Aristóteles en sus Escritos:  “el hombre es, por naturaleza, un animal político”.  No podemos separarnos de ella. Hacemos política desde que nacemos, desde que tenemos un nombre, una familia y vivimos en comunidad. Debemos retomar el control de nuestro país, participar activamente en los espacios para lograr un verdadero cambio para bien, EXIGIENDO a los candidatos verdaderas propuestas, un programa viable y sostenible, libre de poesía. Debemos ser curiosos, investigar, leer, no dejarnos engañar porque, como decía Platón: “El precio de desentenderse de la política es ser gobernado por los peores hombres”.

 

Descontentos: ¿votos de castigo? por Ian Ruiz

Los partidos políticos ya se encuentran en el debate sobre su estrategia de cara a las próximas elecciones. Desde la oposición se ha mostrado un poco de ese “iceberg”, mientras que en el lado del Frente Amplio se opta que los adversarios políticos, terminen chocando con sus propia táctica. Si bien la estrategia del Frente Amplio puede parecer una situación de debilidad, sería un error salir a arremeter contra el Partido Nacional, por eso se limita en responder los golpes.

Quizá esto último ha sido una de las tantas razones de que hayan votantes desencantados con la maniobra y proceder en los últimos meses del gobierno frentista, resaltando también, la falta de autocritica de algunos referentes.

Las estrategias políticas de la oposición y del oficialismo, y el papel que ha jugado cada partido, han contribuido al crecimiento de votantes desencantados. Se fortalece el número de ciudadanos que optan por votar estratégicamente y no hacerlo solo por el hecho de apoyar a su primera opción política, aunque sea con la que ideológicamente más se identifiquen.

Los cambios, se proponen pueden jugar a favor o en contra en la formación de opinión y en la elección de los ciudadanos. Muchos esperamos que estos mismos, sean conservando lo que ya se ha logrado y que no se basen en el inmovilismo político.

Tanto el Frente Amplio, como el Partido Nacional –sector opositor más fuerte en votos- tienen un creciente antagonismo. Aun así, ambos partidos no logran últimamente capitalizar las debilidades del otro. Puede deberse a que los votantes son distintos en términos sociodemográficos, y por ese motivo decidan no recalar en ninguno, y prefieran la abstención.

El Frente Amplio se ha creado una imagen no muy amable dentro  de una parte del electorado frentista, algunas confrontaciones por errores en gestiones en organismos, ha hecho perder el atractivo de votantes en el partido.

Los políticos deberán marcar el camino seguro a los descontentos o arrepentidos y aprovechar éste periodo sin elecciones, donde las preferencias de los votantes están estabilizadas.

Tanto el FA como los Partidos Tradicionales deben resolver su problema de imagen para que sea posible una real captación o transvase de votantes. Los niveles de rechazo que aparecen con frecuencia en las últimas encuestas, deben ser el punto de partida para el gobierno, porque alerta o revela que el techo donde se encuentra parado no es tan sólido, como parece.

En el caso del Partido Nacional, es un partido que tiene problemas estructurales, a esta altura un importante obstáculo que va en aumento en el corto y mediano plazo.

La presión de descredito al Frente Amplio es mayor al que el resto de los partidos y eso requiere de una fuerte apuesta comunicacional. Eso le hará conseguir ganar las elecciones aunque tenga un elevado nivel de rechazo, pero seguramente sin mayorías.

Indecisos al poder por Raúl Viñas

Se acerca nuevamente el tiempo electoral, aunque muchos puedan decir, seguramente con razón, que en Uruguay ese tiempo es siempre, y que la campaña para la próxima elección comienza cuando  se cierran  las urnas de la anterior.

Eso es especialmente notable cuando se ve el impacto mediático que en todo momento tienen las encuestas electorales  y su análisis. Más allá de que esas encuestas son, en el mejor de los casos, solo una fotografía del momento, su revisión en el tiempo permite identificar tendencias, que pueden ser significativas cuando la metodología de la encuesta se ha mantenido.

Dejando de lado las posiciones relativas de las intenciones de voto hacia los diferentes partidos, algunos de los cuales tienen porcentajes de participación dentro  del margen de error establecido en la ficha técnica de las encuestas; su revisión en el tiempo muestra en todas un notable el incremento del porcentaje de personas que no expresan una preferencia electoral o partidaria.

En algunas encuestas los ”indecisos” se han multiplicado por 2.5 en los últimos 5 años convirtiéndose en la opción mayoritaria del electorado, por encima de cualquier partido político y alcanzando al 40% de los encuestados.

La historia nos muestra que llegada la elección,  en un país con larga tradición de partidos políticos fuertes y con voto obligatorio, los que finalmente anulan su voto o votan en blanco son un porcentaje menor que los que declaran eso en las encuestas, pero nunca se han registrado tan altos porcentajes de indefinición.

Dejando de lado que el descreimiento o la falta de confianza en las encuestas motiven a ocultar la preferencia, o que se dé el caso de un voto “vergonzante”  en que el votante siente vergüenza de su opción y no la expresa;  lo cierto es que en todos los estratos sociales y en todas las categorizaciones territoriales el porcentaje de “indecisos” se ha incrementado marcando una menor identificación partidaria.

Asumiendo que la metodología revisada de las encuestadoras, que ahora incluyen la telefonía celular, sea correcta y sus resultados representativos de la población, parte de este cambio puede  ser por la irrupción en el padrón electoral de más de 150.000 “post milennials”, la denominada generación “Z”,  que no tiene referentes propios en un sistema político todavía dominado por  “Baby Boomers” con 60 años o más.

Otra razón que seguramente influye en el alto índice de indecisión y de no identificación político partidaria está en que más allá de lo anecdótico, el sistema político no tiene agenda de desarrollo. Ello aleja del sistema a los individuos que lo ven como algo ajeno, fuera del mundo real, en especial porque la inercia tiende a mantener una economía primarizada dominada por intereses empresariales, muchas veces multinacionales, que es incapaz de generar trabajo genuino para todos, siendo además “crédito dependiente”.

Eso termina alejando gente de la política y limitando la posibilidad de generación de opciones renovadoras en el sistema, el que las limita al auto reglamentar incluso la propaganda electoral de manera que favorece a las corrientes existentes sobre las que pudieran integrarse, especialmente por fuera de las actuales estructuras partidarias.

Esa situación potencia e incrementa otros ámbitos de participación ciudadana que se visualizan como más cercanos, porque impulsan intereses sectoriales, sin encuadrarlos  una estrategia de país. Un poco como que a falta de dirección, sin un timonel que marque el curso, se genera la situación de sálvese quien pueda.

La obligatoriedad del voto hace que la reacción final al momento de votar impulse a  la elección del que se visualiza como el mal menor entre la limitada opción del menú electoral, en un último acto de fe hacia un sistema que aparece encerrado en sí mismo y que cada vez da menos respuestas. Ese “menú electoral” que se definirá  en las próximas elecciones internas donde el voto no es obligatorio y podría darse una baja participación.   Ante esto, más allá de estirar esta agonía en base a una “legalidad” e “institucionalidad” que para mantenerse en el tiempo debieran ser más que el sostén de una estructura que se ve como lejana, es imprescindible involucrar realmente a los ciudadanos, no ya como meros “votantes” o “militantes”, peones de los caudillos de turno, sino como participantes reales, ciudadanos en todo el significado de la palabra, orgullosos de este país y que entiendan que sus opiniones y acciones valen. Ese es el desafío para el sistema político.

 

A llorar al cuartito por Melissa Freiria

Es cierto que en las últimas encuestas ha caído la intención de voto para el partido de gobierno y los partidos tradicionales, aumentando la masa de indecisos mientras que el único en crecer es el Partido Independiente. El panorama no pinta para nada alentador para quienes creemos en la política trascendiendo nuestras afiliaciones partidarias. Y es justamente eso lo que creo que lleva a crecer de forma significativa a los indecisos, el descreimiento en la actividad política y la incapacidad de los partidos no tradicionales de mostrarse como una opción real de gobierno. Sin dudas los problemas de ética y transparencia que han tenido tanto el Frente Amplio como los partidos tradicionales, hacen poner a todos los políticos en una misma bolsa, y caer en una desacreditación generalizada de los mismos. Por eso creo es tan importante cómo y con qué rapidez se reaccione en cada caso, es decir, si se sancionan o no a quienes deban sancionarse, si se escucha o no a la JUTEP; de no ser así, es cuando creo que la ciudadanía debe ejercer su control social pero sin caer en la injusticia de generalizar.

Todo esto me hace pensar el rol que jugamos los jóvenes en la política. ¿Acaso no somos quienes más creemos en un modelo país? ¿Quienes más apostamos a cambiar las cosas? ¿No somos quienes debemos recordarles a nuestros actuales y próximos gobernantes la razón original del compromiso? Quizás debamos redoblar esfuerzos para que no solo los políticos nos escuchen, sino que cada ciudadano sepa que vale la pena involucrarse, informarse, y el valor de su decisión y de su voto. Porque debemos hacernos cargo.

¿Metástasis institucional? por Rodrigo Da Oliveira

Aunque seguimos creyendo que somos especiales y que estamos por encima de muchos en materia cívica, es posible que no sea la realidad más exacta. Una especie de chauvinismo sub alimentado por una visión que nos pensaba más cercanos a Europa que al resto de América hicieron de nosotros uno de esos hermanitos menores, algo molestos. Así nos ven desde afuera, cuando llegan a registrarnos. La materia política no es una excepción y eso provoca que algunas visiones de los votantes acerca de sus gobiernos nos asimilen a similares lecturas que hacen otros de sus propios gobernantes. En los países en vías de desarrollo, en los que el carácter de algunos populismos lo vuelve propenso a ser generosos con los dineros públicos, sucede que la gente acepta y ve con buenos ojos ese primer movimiento. Hasta que llega el momento de pagar la cuenta, por supuesto. Un viejo dirigente colorado decía que cada puesto público otorgado generaba dos para las siguientes elecciones, al partido de turno pero que para la tercera elección en esa casa votaban todos en contra. No tenía formación política, sí mucha calle y militancia. Un proceso similar es el que está atravesando el FA hoy en el gobierno, con índices de aprobación en baja o en aparente disminución. El hecho de tener en su formación íntima algunos partidos de mucho peso político y poco apego a algunas tradiciones de nuestro republicanismo, tales el Comunista y el MPP, han hecho que aquella visión tercermundista haya empeorado, dado el lastre que generan y la escasa movilidad que le han imprimido a algunas limpiezas internas que bien le hubieran venido al FA y a la institucionalidad toda. El caso Sendic y Asse son las notas descollantes pero distan mucho de ser los únicos. Se aduce que también los partidos Nacional y Colorado han tenido episodios mal resueltos, en ese sentido. Cierto es, pero el peso frente a la opinión pública es menor, al no estar en el gobierno. Algunas veces hemos sostenido el error no asumido una y otra vez de sostener cada acción de gobierno y a cada uno de los integrantes del mismo a como diera lugar, sin darse la posibilidad de mostrar que era una fuerza aún creíble, aprendiendo de sus fallos y con una protección a futuro. Hoy lo paga el FA, una dosis menor de soberbia y una mayor autocrítica le hubieran hecho más liviana la carga del retaceo actual en materia de presupuestos generosos y prebendas a acólitos. Aprendieron bien las malas lecciones de los gobiernos anteriores en cuanto a mala administración y las aplicaron todas juntas. Otro elemento viene a sumarse a esto: el corte transversal del equipo de gobierno. Involucra al Estado, al Gobierno, al Partido y a los Sindicatos, situación que ha hecho que muchas veces sea confuso saber dónde comienza y termina cada uno de ellos. No quiere ello decir que no hayan habido escaramuzas y algunos tironeos menores sino que a la hora de definir están uno al lado del otro, sin posibilidad alguna de discrepancia firme y enriquecedora, tal ha sucedido con Darío Pérez y Juan Pedro Mir, por citar dos casos en los cuales el apartarse del rebaño los ha hecho víctimas de epítetos surtidos, ninguno de ellos merecedor de figurar en los manuales de Educación Cívica o Ciudadana, dados la forma y el fondo. La crisis atraviesa también transversalmente lo institucional, fomentado por situaciones tales como ese acuerdo alcanzado con el fin de no remover financiamientos poco claros de campañas políticas anteriores, que alcanzarían a Sanguinetti y Mujica. Desde la izquierda también se sostuvo la misma teoría referida al caso Sendic. ¡Cuidado! ¡Preservemos las instituciones! Mal hecho y peor resuelto, no se habilitó siquiera debates o exposiciones de motivos tendientes a dejar en claro la discrepancia con lo actuado por una persona a la que debería haberle pedido la renuncia en cuánto surgió el culebrón del título. Antes bien, se salió en bloque a defenderlo. ¿La metástasis institucional está declarada? Vuelve a depender de todos, de todos, el que no sea así. De lo contrario, ya sabemos lo que sigue.

Ya no hay vírgenes por Bea kon

La gente se está despertando o simplemente se hastió de la política.

Quizá sea una combinación de ambas. Todos sabemos que hubo casos de corrupción cuando gobernaron los PPTT. Y el FA ganó con la promesa (entre otras) de que se iban a terminar los casos de corrupción. Venían ellos, los buenos, los impolutos, los incorruptibles.

Pero finalmente esa promesa quedó en tan sólo eso, en una promesa que no solo no fue cumplida, sino que la corrupción siguió campeando. Y muchas veces con el “aval” y la justificación de sus votantes y gobernantes.

Quedó demostrado que no hay partidos o políticos “buenos” y partidos o políticos “malos”, sino que hay de todo en botica. Y si hoy sacamos una foto de la sociedad, lo que se percibe es que son “todos iguales”. Parafraseando a un estadista que nos dejó hace poco, “son una manga de chorros, del primero al último”. Y si bien se refería a los argentinos, también podría aplicarse a los uruguayos.

Estoy convencida que en todos los partidos políticos hay gente seria y con vocación, y por lo tanto que no todos son corruptos o corruptibles. Y tampoco comparto de que el poder corrompa per se. Pero hoy nos vemos “atacados” por casos de corrupción, y cómo un juego de niños, cuando aparece de un lado, los otros se encargan de sacar a luz casos de sus “contrincantes”. Un juego inmoral y hasta con trampas, hemos visto que hasta se han guardado información para sacarla a relucir cuando las papas queman.

Ante este panorama no es de extrañar que la gente esté harta, que no sepa en quién confiar, lo que finalmente se traduce en la cantidad de indecisos y votos en blanco que hoy por hoy anuncian las encuestas.

Es de esperar que cuando sea el momento de votar baje ese porcentaje, pero el daño ya está hecho. Se daña el sistema político, se daña al país, y se daña la democracia.

Como venía diciendo, esos indecisos o indignados se reducirán el último domingo de octubre. Sólo espero que en ese momento no nos podamos olvidar del exorbitante monto de impuestos que pagamos, la inseguridad del día a día, el déficit fiscal, de ANCAP… y de los otros regalitos que nos han dejado, o mejor dicho, que hemos solventado.

 

Ser o no ser por Leo Pintos

Es difícil abordar este tema sin caer en la demagogia y el panfleto, pero también sin caer en la injusticia de desconocer los logros y conquistas de estos años de gobierno frenteamplista: crecimiento de la economía, conquista de derechos, institucionalización de la negociación colectiva, reducción de la mortalidad infantil, universalización de la educación, etc.

Pero lo cierto es que distintas investigaciones de opinión pública dejan ver la apatía -cuando no enojo- en gran parte del electorado frenteamplista con la gestión del gobierno.

Dice Serrat que nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio. Y la verdad,  llegados a esta altura, el frente Amplio debe elegir entre el que cree que es, el

que no quiere saber qué es y el que no quiere ser. Porque cree que es la fuerza constructora de la patria del futuro y no se enteró que el futuro ya es hoy desde

hace rato. Porque han pasado trece años, tiempo suficiente para construir, consolidar y seguir proyectando otro país, distinto al que es.

Es descorazonador comprobar cómo el progresismo muta en conservadurismo y el impulso hacedor deja lugar a la estrategia paralizante en pos de mantener el poder. Y eso

es lo que el Frente Amplio no quiere saber que es, una entidad paralizada por el conservadurismo. Pues bien, una forma efectiva de no parecer una fuerza conservadora es

no ser una fuerza conservadora, y para ello la renovación debe ser permanente para dar paso a nuevas generaciones con fechas de nacimiento más cercanas al siglo XXI que al siglo XIX.

Si algo caracteriza al votante de izquierda es el inconformismo y la crítica permanente, es así que una buena parte de esos que hoy no estamos conformes con lo que pasa en el

país es por esa natural resistencia a ser lo que nunca quisimos ser. Y seguramente ese no querer ser es lo que explica esa baja intención de voto de la fuerza política y también ese no

crecimiento de la oposición. Hay una buena parte del Frente Amplio que no quiere ser como la derecha, no quiere pensar como la derecha. Que se resiste a conformarse con

ciertos indicadores que no significan nada. Hay una gran parte de frenteamplistas que seguimos pensando que el político que vive en el lujo es inmoral, reprobable e inaceptable. Que la corrupción es el principio del fin de cualquier sociedad y se debe ser implacable con ella. No debemos permitir que las luchas sociales se conviertan en oportunidades de negocio para algunos,y en este sentido alcanza con mencionar lo que pasó en asse, ancap y en otros ámbitos.

No deja de ser esclarecedor ver cómo algunos políticos de izquierda van cayendo en todas y cada una de las conductas que antes criticaban. Eso generalmente ocurre por

un único motivo: aferrarse al cargo. Dar oportunidades a la gente, independientemente si te votó o no, es lo que le da el verdadero sentido a una democracia. Cualquier otra cosa es caudillismo, nepotismo y negociados.

El partido de gobierno está a tiempo de corregir sus defectos y, en ese sentido, la derecha le da oportunidades para ello un día sí y el otro también.

Hay una masa frenteamplista crítica que reniega de lo patético de alegar que si ellos lo hicieron, nosotros también. El Frente Amplio puede pagar en las urnas las

consecuencias por no tener crédito en parte de su electorado que, lógicamente, no se irá a la derecha, pero se abstendrá  de votarle llegado el caso.

Hubo un tiempo en que ser de izquierda significaba defender la libertad, la vigencia de los derechos humanos y la solidaridad. Hoy cuesta entender cómo un

partido que sufrió como nadie en este país la persecución, la tortura, la muerte y la desaparición se abraza a la dictadura de Nicolás Maduro. Es vergonzosa esa persistencia en apoyar a Lula Da Silva, quien pasará a la historia de su país como un corrupto más y habrá mandado al traste todo lo bueno que su gobierno pudo haber hecho.

En definitiva, seguimos esperando más: planes estratégicos basados en lineamientos técnicos alejados de dogmas y prejuicios, políticas de empleo y formación profesional para enfrentar el impacto de la tecnología a nivel de los puestos de trabajo, la apuesta a la innovación y a la investigación, la revisión del impacto de las políticas sociales, la profundización de políticas redistributivas, el fin de la impunidad. Es por lo dicho y mucho más que no nos sumaremos a sacar del gobierno a un partido en favor de otro. Preferimos apostar a cambiar una forma de gobernar que hace a ese partido igual a los otros.

Semanario Voces Simplemente Voces. Nos interesa el debate de ideas. Ser capaces de generar nuevas líneas de pensamiento para perfeccionar la democracia uruguaya. Somos intransigentes defensores de la libertad de expresión y opinión. No tememos la lucha ideológica, por el contrario nos motiva a aprender más, a estudiar más y a no considerarnos dueños de la verdad.