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Si no es mía no es de nadie por Luis Nieto

Si no es mía no es de nadie por Luis Nieto
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Cuesta creer que el Frente Amplio haya  votado en contra de la propuesta del senador Pablo Mieres para aumentar el período de vigencia de los derechos de autor, de 50 a 70 años, como se aplica en la Unión Europea y en la mayoría de los países de América Latina. El FA ha presumido de ser el paladín de la cultura, especie de mecenazgo que de pronto, al negar la iniciativa se alinea con la más descarnada posición de las multinacionales del arte y el espectáculo.

El argumento de la bancada frenteamplista suena a vacío al decir que al aumentar 20 años más los derechos de autor le genera un perjuicio al Estado, que debe pagar esos derechos a AGADU por el uso de obras de autores e intérpretes uruguayos, cuando al pasar al dominio público, el Estado genera ingresos que utiliza en fondos culturales… Una forma extraña de pensar, cuando se trata de defender a quienes pretende representar. Por lo pronto, autores como Ruben Rada, Hugo Fattoruso, Samantha Navarro, Mauricio Ubal, Jorge Nasser, entre otros han reclamado que el Frente vote a favor de la iniciativa. Es, por lo menos, poco generoso buscar recursos a costa de los muchísimos creadores que ya están viejos, sin haber podido tener entradas estables a lo largo de sus vidas y las de sus familias. El Frente sostuvo, en defensa de su voto negativo, que era partidario de buscar otras soluciones, como asegurarles atención médica y algunos otros beneficios sociales. Otra vez, el reflejo del mecenas, del que da y quita y no la solución objetiva, unida a los aportes que ese autor pudo haber dejado al acerbo cultural del país, muchas veces hecho con sacrificio personal y familiar, abrazado a su convicción artística.

El senador Mieres había presentado la modificación de la ley en febrero de este año, ingresando a la comisión de Educación del Senado. Pero nunca fue considerada en comisión, y de no ser tratada en alguna sesión extraordinaria, la iniciativa queda varada, a la espera de que pueda ser tratada en la siguiente legislatura. Pero la presente legislatura ya cerró el 15 de este mes, por lo tanto sólo podía haber sido tratada la semana anterior, en la última sesión del plenario. Y a partir de este momento, sólo es posible imaginar a todo el personal partidario luchando por ganar las próximas elecciones, y renovar el mandato para el próximo Parlamento. En la próxima legislatura quién sabe cómo quedan las Cámaras.

Salvo los derechos de autor recaudados por sociedades profesionales, como AGADU, que liquidan periódicamente a sus asociados, la complejidad que ha tomado la producción cultural, empuja a la mayoría de los autores a ceder sus derechos a cambio de un pago o regalías. Hacia ese destino incierto se deben dirigir los autores después que la bancada oficialista se negara a votar la iniciativa del senador Mieres, sobre todo a los que no tienen el suficiente reconocimiento popular y recursos para dedicarse exclusivamente a la tarea creativa.

Las multinacionales conocen perfectamente esa complejidad, y actúan en consecuencia. Cuando los sobrevivientes de los Andes fueron a la compañía Disney con su proyecto de película sobre el accidente bajo el brazo, estaban convencidos que esa historia tenía un precio muy alto. Era un hecho excepcional, y así lo entendió la Disney. Cuando empezaron a hablar de números, por los derechos que generaba la historia, no se pusieron de acuerdo. La compañía les explicó que el éxito no estaba garantizado en ese momento, por lo que la contraoferta fue muy baja, algo así como un millón de dólares. Entonces, uno de los interlocutores les señaló un edificio: “Ven ese edificio, está lleno de abogados, ellos manejan todos nuestros asuntos, son muy buenos pleiteando.” La película se hizo, fue un éxito comercial pero la fundación que habían creado los sobrevivientes no recibió más que lo que acordaron con la multinacional.

Acompañaron la iniciativa del senador Pablo Mieres los senadores blancos y colorados, pero el Frente se cerró en una negativa de confusa explicación. El martes 10, la bancada de senadores del FA se reunió para oponerse al voto positivo del proyecto. Constanza Moreira oficializó el rechazo a aumentar de 50 a 70 años el periodo de derecho. El Frente sólo podía perder en caso de negarse, y lo consiguió. Sacrificó su relación con muchos de sus adherentes de la cultura por alguna razón poco clara. ¿Qué pretendía el Frente, cambiar las reglas del juego, y por loable que fuese la decisión, ya de paso, perjudicar a un buen puñado de artistas, que verían cómo se esfumaba esa pequeña caja de ahorros con la que cada mortal sueña, y con más ansiedad conforme llega la vejez? Seguramente la intención no fue perjudicar a nadie en particular, pero ese fue el resultado.

¿Fue, testarudez? ¿Tenía la bancada del FA un plan B, o es que le pasó como a esos tipos traumados, que prefieren matar a su mujer antes que “sea” de otro? ¿Qué alternativa le queda ahora al FA, hacer la Gran Ley? No hay tiempo, la oportunidad ya se fue en medio de la charanga electoral. ¿Había algo excepcional para ofrecerle al artista? Era esto, es lo que la casi totalidad de países latinoamericanos y europeos les ofrecieron a sus respectivos creadores.

Este es el país de las gauchadas, está bueno que sea así. Ayudar a alguien que está pasando por una necesidad que no puede cubrir muestra lo bueno de los uruguayos. Pero también están esas otras gauchadas, las que se le pide a los artistas compañeros para adornar un acto político. Cada cual es libre de aceptar o rechazar. Pero cuando hay que restituir una injusticia, porque como dice el lema de AGADU: “El derecho de autor es el salario del creador”, hay que levantar la mano, con más entusiasmo, si cabe, que cuando está en juego una complicada inversión extranjera, que no entendemos muy bien si, al final, resultará un beneficio, como nos lo presenta el poderoso lobby que la acompaña, o el día de mañana la celulosa deja de ser rentable y nos pasa como con el Anglo.

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