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Unipersonales de festival

Unipersonales de festival
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Como anunciamos la semana pasada, entre el viernes 26 y el martes 30 de octubre se desarrolló la novena edición del Festival Internacional de Teatro Unipersonal del Uruguay. Espectáculos de España, Argentina y Uruguay llegaron a la Sala Balzo en cinco días intensos. Dentro de los espectáculos locales se presentó Ella sobre ella, de Marianella Morena, estrenado hace unos meses y al que aún no le habíamos dado espacio en estas páginas

El cuerpo de la actriz es la poesía

La verdad es que la gran mayoría de nosotros conocemos a Carlota Ferreira por el famoso retrato de Juan Manuel Blanes, realizado en el año 1883, cuando Carlota rondaba los cincuenta años de edad. Si bien el retrato es un ícono de la pintura local (La Gioconda uruguaya, se ha dicho) la retratada, sin dejar de generar cierto magnetismo, está lejos de aparecer como un símbolo de belleza que justifique la pasión que desató en su momento. Incluso Mané Pérez, la actriz que la “representa” en Ella sobre ella, dice en un momento algo así como “yo soy ella, la del cuadro, la fea, la gorda bigotuda”. Pero claro, el retrato de Carlota no es Carlota, es su representación, es la interpretación que Blanes hizo de una amante que lo abandonaría para casarse con su hijo Nicanor. Y Marianella Morena va a partir de una hipotética Carlota para hacer su propia interpretación, una que retoma a la polémica mujer de fines del siglo XIX pero para discutir con algunas ideas y prejuicios de principios de este siglo XXI. Como era de suponer, no hay nada más lejano a las intenciones de las dos creadoras que intentar “recrear” arqueológicamente ni la época ni la Carlota del retrato.

¿Y quién fue Carlota Ferreira? Una viuda de, amante de, esposa de… Al igual que pasaba con la Blanca Luz Brum que intentaba recuperar Verónica Mato en Nosotras en Brum, es poco lo que se sabe de Carlota realmente que no se refiera a alguna relación con un hombre, o a las pasiones que desataba. Y teniendo eso presente lo que parecen buscar Morena y Pérez es un arquetipo de mujer libre, al que llaman Carlota, que solo por ser libre desata pasiones y genera escándalos. Pero más que el escándalo, lo que parece enfocarse, repetimos, es la libertad de esa mujer-arquetipo.

Y la actitud provocadora que se genera a partir de esa libertad que se pone en foco no es “recreada” sino que se construye en el escenario, no remitiendo a más nada que al cuerpo de la actriz en el espacio, un cuerpo que con ayuda de algunos elementos que se integran orgánicamente a la composición que hace Mané Pérez se erige en el componente poético-subversivo central. Por supuesto que no existe la “cuarta pared”, Mané seduce al público desde que se acomoda en la platea, conversa con algunos espectadores y señala algún otro al que definitivamente “integrará” a la historia que está contando. Se abre un espacio en que la actriz realiza casi un discurso estético filosófico sobre la imposibilidad del arte para representar trascendiendo la subjetividad del propio artista. Y con esa postura estética como guía, veremos una actuación que por momentos parece una performance provocadora, sensual, y poderosa.

Si bien el eje de la “historia” que se narra es el vínculo de Carlota con los Blanes, primero con el padre y después con el hijo, todo lo que gira alrededor es lo que constituye sustancialmente al espectáculo. La pulsión sexual, el deseo reprimido, los vínculos de poder al interior familiar, el lugar subordinado de la mujer. Todos los esquemas son estrujados por Carlota, no sin pagar el costo del estigma. Y sin embargo Marianella Morena juega con ese estigma. Entre poses que rozan lo pornográfico, los atracos gastronómicos y la ruptura del cuerpo femenino seductor se cruzan alusiones constantes a una forma casi esquizofrénica de plantear la sexualidad contemporánea.

Las aptitudes musicales de Mané Pérez son explotadas al máximo en este espectáculo, pero integradas cuidadosamente al discurso estético general, ya sea tarareando la Habanera de la ópera Carmen de Bizet (otra mujer que desataba pasiones); ejecutando una guitarra eléctrica (casi un símbolo fálico en la cultura rock); o sampleando percusión y voz para generar un loop en el propio escenario en que la libertad sexual es anatemizada. La referencia a las redes sociales tampoco es menor, la construcción virtual de una imagen no está lejos de algunas propuestas estéticas con las que se discute en Ella sobre ella.

Yendo a los momentos más “convencionales” en la interpretación, Mané también maneja el sarcasmo y la ironía con gran eficacia, logrando reducir a los personajes masculinos a la inseguridad más ridícula. Y es que en realidad los dos hombres del trío que completa Carlota también parecen sufrir el rol que les asigna la sociedad patriarcal. Aunque claro, en el pasaje más dramático del espectáculo, esa Carlota que construyen Mané y Marianella nos habla de un dolor de mujer que ningún amante obtura, del dolor que queda marcado en las mujeres violadas, que deben prostituirse, que no son dueñas de su cuerpo.

Los colores básicos se mezclarán en el cuerpo de la intérprete al final, como sugiriendo infinitas posibilidades de combinaciones y tonalidades para reconstruir ese retrato que nunca más volveremos a ver igual después de ver Ella sobre ella.

Ella sobre ella. Dramaturgia y dirección: Marianella Morena. Intérprete: Mané Pérez.

Leonardo Flamia Periodista, ejerce la crítica teatral en el semanario Voces y la docencia en educación media. Cursa Economía y Filosofía en la UDELAR y Matemáticas en el IPA. Ha realizado cursos y talleres de crítica cinematográfica y teatral con Manuel Martínez Carril, Miguel Lagorio, Guillermo Zapiola, Javier Porta Fouz y Jorge Dubatti. También ha participado en seminarios y conferencias sobre teatro, música y artes visuales coordinados por gente como Hans-Thies Lehmann, Coriún Aharonián, Gabriel Peluffo, Luis Ferreira y Lucía Pittaluga. Entre 1998 y 2005 forma parte del colectivo que gestiona la radio comunitaria Alternativa FM y es colaborador del suplemento Puro Rock del diario La República y de la revista Bonus Track. Entre 2006 y 2010 se desempeña como editor de la revista Guía del Ocio. Desde el 2010 hasta la actualidad es colaborador del semanario Voces. En 2016 y 2017 ha dado participado dando charlas sobre crítica teatral y dramaturgia uruguaya contemporánea en la Especialización en Historia del Arte y Patrimonio realizado en el Instituto Universitario CLAEH.