Sonríe con aire pícaro. Con poco menos de un siglo de existencia a cuestas, podría decirse que lo ha visto casi todo con respecto a la gente de esta ciudad. De lo sublime a lo ridículo, ha sido testigo de las historias más variopintas. Por eso no juzga con dureza a los montevideanos, ni de hoy ni de antaño. Empero, prefiere a los amantes de la noche y el vino, a los parranderos, a los que gustan de los excesos, a los que el resto considera inadaptados… Al fin y al cabo, él se siente uno de ellos.
(Ubicación: Colonia 831)




