“A veces siento tanto miedo a morir que quiero matarme”
Federico Guerra siempre quiso tener una banda de rock, pero sus limitaciones vocales y su indisciplina para aprender a dominar un instrumento musical impidieron, al menos hasta ahora, que su deseo cristalizara. Por suerte para la escena teatral montevideana, las potenciales canciones de Guerra pudieron traducirse en viñetas teatrales protagonizadas por personajes neuróticos, inquietos, inconformes, fracasados. Y por suerte, para quienes disfrutamos de su trabajo, las obras de Guerra se nutren de música que puede ser un descubrimiento para el público, y que conecta directamente con las situaciones que atraviesan los personajes. Las cosas que mueren, el último espectáculo escrito y dirigido por Guerra, abre con un monólogo que tiene como “cortina” la canción de Daniel Johnston “Despair Came Knocking”. Johnston es un artista muy particular que podría habitar las obras de Guerra -y al revés, las historias de Guerra podrían ser canciones de Johnston- y en Despair Came Knocking, sobre algunas pocas notas distorsionadas, canta: “La desesperación llamó a mi puerta/ y la dejé entrar un rato/ se sentó en el sillón y empezó a fumar/ no dijo nada y de repente me sentí cansado/y de repente/ la habitación parecía sucia y lúgubre”
La desesperación podría habitar la casa de Álvaro, personaje de Las cosas que mueren que en la segunda escena se presenta diciendo: “Todas las mañanas igual. me levanto, me lavo los dientes y me hago el mate. Tomo dos o tres, mis intestinos se aflojan y voy rápidamente al baño a mandarme una inmensa cagada”. La rutina de Álvaro, quien detesta a su esposa Julia pero que se ve obligado a vivir con ella porque tienen un hijo y ninguno puede pagar un alquiler por separado, solo parece ser soportable gracias al porro que se fuma para escapar “de esa realidad de mierda”.
Algunas de las obsesiones de los personajes de este espectáculo pueden reconocerse en obras anteriores de Guerra. El sonido desagradable que generan otras personas cuando mastican su comida le daba título a Odio oírlos comer, mientras que la rutina diaria, incluyendo el viaje en ómnibus al lugar de trabajo, era uno de los ejes estructurantes de las historias que se contaban en La euforia de los derrotados, aquella suerte de anticipación del ascenso fascista contemporáneo que Guerra y Tabaré Rivero firmaron juntos en 2021. Pero los personajes de Las cosas que mueren no padecen euforia fascista. Más bien padecen esa desesperación ahogada que los captura en ese momento en que la basura se acumula en una habitación sucia y lúgubre.
Claro, si bien Las cosas que mueren es, como el propio Guerra ha dicho, su obra más oscura, la desgracia de los personajes no deja de ponerlos ante momentos que hacen reír a la platea. Esa risa incómoda que provocan el fracaso de personajes como Álvaro, que solo gracias a la marihuana puede soportar su rutina diaria. Más desesperante parece la situación de Carla, quien confiesa a su psicóloga que ni siquiera pensar en su hija le impide anestesiarse con drogas para escapar de la desesperación, que parece mirarla directo a los ojos cada vez que se mira en un espejo. Y quizá por eso es que a veces quiere morir.
La muerte es otro de los temas recurrentes de Guerra, ese tabú para la sociedad uruguaya del que se habla en voz baja. Pero, quizá para exorcizarla, en las obras de Guerra la muerte y las enfermedades terminales que la recuerdan son protagonistas. “A veces siento tanto miedo a morir que quiero matarme -dice Víctor, el primer personaje que conocimos de Las cosas que mueren- Dejé de disfrutar la vida… (…) Voy a desaparecer y no lo puedo tolerar, por eso me quiero matar, porque no quiero estar acá cuando la muerte llegue. y tener que enfrentarla bajo sus reglas, que un desconocido con túnica me diga que tengo un tumor”.
Las obsesiones de Guerra vuelven en Las cosas que mueren, aunque el escepticismo existencial queda menos oculto tras el humor que en otros espectáculos. El personaje de Víctor en particular, interpretado por Hugo Piccinini, es quien mejor traduce esa sensación de desesperación instalada en la vida cotidiana de la que hablaba Johnston en Despair Came Knocking. Piccinini hace un gran trabajo para componer el desarreglo existencial de su personaje ya desde el absoluto descuido corporal. Víctor es desagradable, pero parece esconder un vacío que grita, por contradictorio que parezca, que vengan por él. Claro, es incapaz de expresarlo, y su suerte parece estar echada. Carla, interpretada por Estefanía Acosta, parece ser el otro personaje totalmente quebrado.
Lo siempre interesante de los espectáculos de Guerra es que más allá de cierto subrayado de las neurosis y las crisis de sus personajes, aparecen en situaciones que reconocemos en nuestra propia cotidianidad. Quizá sean las ficciones que nos armamos, los relatos que construimos, los que encauzan nuestras experiencias en un orden que les dan sentido. Cuando ese relato no existe, la desesperación entra en la habitación y nos mira directo a los ojos, parece decirnos Guerra.
Si hay algo para cuestionar a Las cosas que mueren es que, un poco a contrapelo de otros espectáculos, no hay vértigo en las transiciones de las escenas, y el rimo decae. También puede ser que sea una sensación buscada, y que cierta incomodidad se instale en la platea y no que salga disparada por otro momento de la historia. Un hallazgo, por otra parte, son los parlamentos rapeados, que quizá nos muestren el potencial de las historias de Guerra para transformarse en canciones. Para muestra, Víctor describe así parte de su jornada: “Yo laburo en un empleo que jamás entendería/ aquel niño de 10 años que soñaba todavía/ Hola buenas tardes, ¿en qué le puedo ayudar? ¿Conoce nuestro servicio, ya eligió algún plan? (…) Camino hacia la parada al encuentro de infelices/ gente derrotada, con mil matices de grises/ llega el bondi y subimos, todos juntos y apretados/ como una misma mierda, digeridos y evacuados”
Las cosas que mueren va los jueves en La Cretina y quedan pocas funciones, no se la pierdan.
Las cosas que mueren. Texto y dirección: Federico Guerra. Elenco: Estefanía Acosta, Leonor Chavarría, Andrés Domínguez, Federico Guerra, Virginia Méndez y Hugo Piccinini.
Funciones: jueves 20:30 en La Cretina







