Querer querer en La Incorrecta
Jose está sentada en el gimnasio, mira hacia el piso, piensa. Santi está en una lancha del Parque Rodó, tiene la mirada perdida, piensa. Ese tipo de planos intercalados, en distintos puntos y espacios montevideanos, se repiten en los spots de Querer querer, la obra que se estrenó el pasado 11 de abril en La Incorrecta. Y los spots nos dicen mucho de los personajes y de la situación que atraviesan. Jose y Santi son una pareja que se encuentra en crisis, pero desde el comienzo nos encontramos más que con las razones de esa crisis, con la enorme dificultad para ponerla en palabras. Los dos saben que no pueden “seguir así”, pero ninguno de los dos parece saber exactamente qué quiere decir “seguir así”. Buscando ese significado entre el entretejido de la convivencia cotidiana, los dos apelan a recuerdos que de alguna forma van construyendo, para ellos y para el espectador, ese “seguir así”. Lo interesante es que los recuerdos no toman el escenario a modo de flashbacks “objetivos”, sino que se escenifican alternadamente, mostrando los contrastes entre los recuerdos de Jose y Santi sobre el mismo suceso. De esta forma el espectáculo se nos aparece como una serie de diálogos incómodos, entre las que aparece la memoria de algunos hechos claves sobre la situación que viven en el presente como un terreno muchas veces también en disputa.
La Incorrecta, nos cuenta el director de Querer querer Diego Devincenzi, abrió el año pasado y es un espacio en el que trabaja junto a su compañera Romina Capezzuto, el diseñador Fernando Scorsela y la actriz Malena Urrutia, autora de Querer querer. Ocupados en que la sala se instalara y funcionara (el espacio está ubicado donde estaba la Casa de los Siete Vientos) no habían podido trabajar en producciones propias, más allá del reestreno de El asesino de Carrasco (donde Devincenzi actúa junto a Fernando Hernández) y del estreno de Luz (de Federico Puig, don dirección de Hernández) como egreso de Panóptico, la escuela de actuación que funciona en el mismo espacio y que dirigen Devincenzi con Hernández. Pensando en producir un espectáculo para el espacio, el director y la autora empezaron a intercambiar ideas, entre funciones de otras obras, y surgió la propuesta de trabajar “sobre una pareja y sobre cómo ven determinados momentos de su vida de maneras distintas”. A partir de esa idea, y en intercambio con el director, Urrutia empezó a escribir el texto. Luego conformaron un elenco con la propia Urrutia y Facundo Santo Remedio encarnando a Jose y Santi respectivamente. El proceso de ensayos comenzó en enero “fue corto en el tiempo pero muy intenso, con ensayos a veces de lunes a viernes o de lunes a sábados. Gran parte de los ensayos los pudimos hacer en el espacio donde estrenamos, lo que sin duda favoreció muchísimo a la obra, a la puesta, a la energía del trabajo de los actores en el espacio. Fue un privilegio maravilloso tener esa posibilidad”.
Finalmente estrenaron un espectáculo con una fuerte impronta generacional. Los personajes son dos profesionales treintañeros que viven en un apartamento montevideano. De forma sutil, sin discursos, iremos descubriendo su convivencia, cierto hastío rutinario, y una idea de pareja que muchas veces parece ser más “programática” que sentida. Los dos tienen un “discurso” sobre la relación, y hablan de tener un “vínculo sano”. Pero la claridad discursiva parece diluirse en la relación concreta. Y como decíamos antes hay algo profundamente generacional en esa tensión. Los personajes han incorporado el léxico de la deconstrucción afectiva, pero no logran salir de dinámicas que ese mismo léxico promete superar. Es como que saben qué deberían hacer, pero no logran hacerlo.
No deja de haber cierta crítica implícita a un discurso que se fue instalando cuando estos treintañeros tenían veinte. Deconstrucción, relación abierta, responsabilidad afectiva, y otra serie de “conceptos” y “categorías” empezaron a circular en un determinado sector social y generacional al que pertenecen Santi y Jose, pero nada de eso parece lograr encarnarse concretamente en esta pareja, que ya no sabe cómo seguir. Y todo esto lo captamos más que desde las palabras desde las actuaciones. La cercanía física de los cuerpos convive con una distancia emocional que Urrutia y Santo Remedio logran transmitir. Se abrazan, se buscan, pero el vínculo aparece desfasado. El conflicto no gira en torno a una traición o a un hecho concreto, sino a una acumulación de pequeñas fallas: tonos, silencios, olvidos, modos de decir. La obra trabaja con una intuición incómoda: las relaciones no se rompen por un evento, sino por una serie de pequeños desajustes que se van acumulando.
Querer querer no ofrece una salida, sino que plantea un problema. Tampoco vamos a encontrar “culpas” ni “culpables”, lo que muestra es un vínculo atrapado entre lo que se espera de él y lo que efectivamente es. En ese sentido hay una lectura posible más amplia: Querer querer no habla solo de una pareja, sino de un modo de vincularse atravesado por mandatos contemporáneos que prometen claridad, pero producen nuevas formas de incertidumbre.
Como decíamos arriba, estamos frente a un espectáculo que vive gracias a las actuaciones. Entre cierto escepticismo que parece encarnar la Jose de Urrutia y una ansiedad más pueril del Santi de Santo Remedio, se construye un vínculo escénico que con gran sutileza hace vivir el desgastado vínculo de los personajes. Que se quieren, pero no saben bien en qué forma, y no encuentran entre los manuales de las relaciones contemporáneas una categoría que ordene lo que sienten. Querer querer es un trabajo que, quizá a contracorriente de gran parte de la cartelera montevideana, no tiene grandes pretensiones, pero pone en foco la crisis de un modo de relacionarse que pretendiendo abandonar el de las anteriores generaciones ha elaborado más categorías que encontrado realmente una nueva forma de vincularse. Y nos ofrece esta reflexión merced a dos pequeñas grandes actuaciones, valga la contradicción.
Querer querer. Texto: Malena Urrutia. Dirección: Diego Devincenzi. Elenco: Facundo Santo Remedio y Malena Urrutia. Video: Ismael Krall. Producción ejecutiva: Romina Capezzuto. Diseño integral: Fernando Scorsela. Fotografías: Reinaldo Altamirano.
Funciones: Sábados a las 21:00. La Incorrecta (Gonzalo Ramírez 1595). Entradas en RedTickets.





