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La uruguayez al palo

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Gustavo Sala acaba de publicar el libro “Casi uruguayo. La cultura charrúa vista por el ojo de un dibujante argentino”. El humorista pasó por Montevideo y contó a Voces cómo es su vínculo con Uruguay y cómo lo plasmó en este trabajo.

En 128 páginas “desarma, desde el humor absurdo, personajes y situaciones típicamente de nuestro país. Un libro con referencias a la música, deporte y cultura en general del Uruguay y el ser uruguayo”.

Gustavo Sala (1973, Mar del Plata) es argentino pero le gustaría ser uruguayo. Dibujante, guionista, humorista en radio. Colaboró con el diario Página/12 y las revistas Barcelona, Rolling Stone, Los Inrockuptibles y Orsai (en Argentina), Lento y Túnel (en Uruguay), El Jueves y Mongolia (en España). Lleva editados más de 15 libros (Bife angosto, Tumor gráfico, El amor enferma, Viva la caca y Desgracias totales, entre otros). Trabajó en las radios Rock & Pop Beach (Mar del Plata), Nacional Rock y Futurok y presentó el espectáculo Levadura bailable, donde actuó, dibujó, bailó y dijo tres chistes graciosos. Todavía no es uruguayo.

 ¿Dónde es el punto cero de esta uruguayez?

Probablemente un punto de comienzo sea el disco “Repertorio”, de Jaime Roos, ése compilado por el que muchos en Argentina nos enteramos de más cosas de Jaime. Porque me parece que Jaime a principios de los noventa era lo que se dice un artista de culto, evidentemente no masivo. En esa época, los ochentas y principio de los noventa, me gustaba Soda Stereo, Virus, Don Cornelio, lo que era el pop y el rock argentino…

De música uruguaya casi nada hasta ahí…

Casi nada … Bueno, me gustaba (Leo) Maslíah, pero tampoco conocía tanto. Un poco de referencia, las canciones “Agua podrida”, “El Unicornio”, etc. Algo evidentemente raro, que no tenía nada que ver con el pop o la música radial que se escuchaba en Argentina. Y “Repertorio” tiene un montón de niveles, de matices, tiene oscuridad, cosas bailables, murga, Beatles, Piazzolla. Era una puerta de entrada a algo que no tenía nada o poco que ver con lo que yo venía escuchando. Y ahí Uruguay aparece permanentemente. De hecho, me encantan las canciones que tienen referencias a calles, por ejemplo. Un montón de referencias a cosas que, si no los conocés, la canción funciona igual, pero que si te interesa tenés que ir a verlo… “Brindis por Pierrot” está llena, se puede hace un libro, un diccionario de “Brindis por Pierrot”. Es una canción radial, para todo público, pero que tiene un montón de secretos y de referencias. Así que creo que ahí entré a interesarme más en investigar …

A partir de ese punto cero, ¿qué fue lo que fue pasando contigo y lo uruguayo?

A partir de ese disco apareció como en el árbol genealógico la figura de Mateo, con el tiempo. Porque cada nota que leía de Jaime Roos aparecía la figura de Mateo como una especie de inspirador espiritual, el artista, el clásico músico de músicos. Un poco salvando la distancia como en su momento fue con Luca Prodan. Ese tipo de vida errática medio de artista de culto que no tenía dónde vivir en un lugar fijo, etcétera. Y también casi con la figura de Levrero, tipos que después de muertos se agiganta el mito y un montón de gente se acerca quizá por gusto legítimo, por morbo o por lo que sea. Ahí hago un salto, desde el 93 hasta el 2011 cuando (me) invitan por primera vez a Montevideo Comics, ya como dibujante. Fue la primera vez que vine a Uruguay, pero también la primera vez que salí de Argentina,  a los 38 años por primera vez crucé el charco. No me había subido ni a un avión ni a nada. Y venía predispuesto a que pasaran cosas, conocer gente. Y fue lo que pasó, casi el día que llegué ya empecé a hacer amigos. Después vino la gente de la revista Lento, mi amigo Alcuri, empezaron a pasar cosas. Se empezó a mezclar amigos, laburo, proyectos viajes, música …

¿Has tenido alguna devolución de alguno de estos trabajos “uruguayos” que has hecho?

No todavía. Hay gente que aparece en el libro y que conozco y que tengo muy buena onda. Por ejemplo, Masliah, que alguna vez hemos compartido una charla presentando un libro que saqué aquí en Uruguay hace algunos años. Fue increíble haber compartido la charla con él en una Feria del Libro, de hecho Masliah prologó mi primer libro y eso fue impresionante. Y después con Ricky Musso a quien también tuve la suerte de conocer. Yo hago música también y abrí un show que dieron el año pasado en Buenos Aires, pudimos charlar y realmente son tipos que ya sabés que entienden el código. Que como ellos también tienen una mirada filosa de las cosas, no hay que explicar que los chistes.

¿En el humor vale todo?

Yo creo que evidentemente en el humor vale todo, como en la comida vale todo, en la música vale todo y en la moda vale todo. Ahora, hay gente que le puede gustar el chorizo con dulce de leche y gente que no. Quiero pensar (risas). Ahora, hacer se puede hacer, o sea vos podés mezclar un reguetón con candombe, con electrónica con música country. Capaz que te sale mejor, capaz que te sale peor. Pero hay un montón de referencias que uno puede usar o mezclar con mejores resultados. Y en el humor creo que es eso, después hay un montón de decisiones del humorista y decisiones del público, que tiene derecho a ofenderse, a tomarlo, a rechazarlo. Y yo creo que tienen que convivir ambas situaciones

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