La presencia militar norteamericana en el Caribe, frente a Venezuela y en las costas del Pacífico, en Colombia, no tienen nada que ver con el narcotráfico. Las razones son las de habilitar las condiciones para derrotar al gobierno de Gustavo Petro y de Nicolás Maduro.
¿Alguien sabe cuántas fuerzas militares tiene EEUU en sus costas para evitar el ingreso de la droga en su territorio? ¿Hay controles frente a Sarasota o Tampa o Fort Pierce en Florida? ¿Hay vigilancia frente a Corpus Christi o Galveston en Texas? Y del lado del Pacífico ¿hay vigilancia en San Diego o en Los Ángeles? Son ciudades convertidas en corredores directos desde el mar hasta Arizona, el Estado de mayor consumo de cocaína, especialmente en Phoenix.
Es ahí donde se debe detener el ingreso de la droga. Es en el país más consumidor de droga del mundo que se deben desplegar mecanismos de control y represión para que la droga no ingrese… ¡o no se fabrique! Un ejemplo de esto es el fentanilo que hoy mata por encima de cualquier otra droga a los estadounidenses que lo consumen. Fue preparado y desarrollado por primera vez por el Dr. Paul Janssen en 1959, empresa de origen belga, bajo una patente de su misma empresa, Janssen Pharmaceutica, que hoy es parte de la multinacional Johnson & Johnson cuya sede central está en Nuevo Brunswick, Nueva Jersey, Estados Unidos. Esta empresa fabrica hoy fentanilo con usos médicos, anestésicos, para calmar el dolor en pacientes con cáncer. También ha sido acusada de tener un papel relevante en el mal uso de opioides que pueden dar ganancias exorbitantes, pero también causan adicción y muerte como está ocurriendo ahora en los consumidores. ¿Qué ha hecho Trump con este capítulo dentro mismo de EEUU? Las drogas sintéticas son creadas en laboratorios, no se fabrican en selvas ni en montañas, ni andan en barquitos por los mares. Tienen detrás poderosísimos grupos de la industria del medicamento. ¿Quién controla la fabricación y distribución de la oxicodona o el mismo fentanilo? Nadie o los mismos interesados en consumirlos o ganar fortunas con ellos.
No es complicado deducir que las intenciones de Trump, destruyendo barquitos en El Caribe, son muy otras. En ningún ataque demostró que esas embarcaciones llevaran drogas. Pudiendo interceptarlas para reunir pruebas, sólo hace galas de su poder y las destruye. Yo puedo concluir que las hunde precisamente por no poder demostrar nada.
Desde nuestros lugares, los sudamericanos debemos defender nuestros territorios. Desde la prensa, los servicios diplomáticos y toda posible incidencia para oponernos a las políticas del guerrerista Trump, las debemos manifestar. Hay que exigir explicaciones y pruebas. Debemos acusar sin actitudes dubitativas, que lo que hace el gobierno estadounidense no detiene en nada ni la fabricación ni el tráfico de drogas. Mata ciudadanos y destruye barcazas preparando el ambiente para acciones bélicas más grandes.
Lo que sí deben hacer las personas de bien en EEUU es defender su propio territorio del ingreso y de la fabricación de drogas. La defensa de su seguridad nacional es debilitar y hacer desaparecer a su principal y peligroso enemigo, el señor Trump y su gobierno belicista.







