Un manantial

El llamado progreso y la especulación inmobiliaria han traído consigo una especie de desertificación del paisaje urbano. En efecto, la monótona aridez visual de los edificios que se construyen de forma indiscriminada desde hace mucho, empobrece la estética citadina. Empero, de algunos antiguos inmuebles montevideanos emergen aún, cual milagrosas fuentes de belleza, unas escenas ornamentales que se derraman plásticamente sobre sus fachadas.

Al hombre le gusta salir en busca de esos oasis de hermosura. Hoy, por ejemplo, halló uno en la Ciudad Vieja. Allí, en bucólica reunión, dos lozanas ninfas y un rollizo niño exhibían sus candorosas desnudeces enmarcadas en un vertimiento de hojas, flores y frutos. Posó en aquel grupo sus ojos sedientos de experiencias armónicas y un jubiloso alivio le refrescó de inmediato la mirada.

(Ubicación: Ituzaingó 1474)

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